La Doncella Plateada:Supresión

Muchísimas gracias a lo que han seguido está historia con especial entusiasmo y a los que, con sus comentarios y correcciones han tenido gran efecto en mi.  Espero que puedan disfrutar éste capítulo, tanto como lo disfruté yo.
Un agradecimiento especial al diario Últimas Noticias y al equipo de TuVoz por publicar el primer capítulo de ésta maravillosa historia en su web http://tuvoz.ultimasnoticias.com.ve/tuscuentos/la-doncella-plateada.aspx

@YJRivas

 Capítulo I: Babe XL17

Capítulo II- Supresión

http://pelicanh.deviantart.com/

Imagen diseñada por http://pelicanh.deviantart.com/

Gregory Strokovich observaba atentamente desde la mirada telescópica de su rifle. Observaba las siluetas de sus objetivos moviéndose por la habitación. Escuchaba la conversación a distancia entre ellos y calculaba la dirección y presión del viento. Tendido en el suelo, con el dedo muy cerca del gatillo, buscaba el momento indicado para disparar.

 En la habitación del quinto piso del edificio, dos figuras se movían en la oscuridad. El hombre estaba recostado, de espalda a los ventanales, y la mujer se le acercaba de frente.

-¿Qué es lo que deseas?- me preguntó, acariciaba mi cuerpo  y me miraba a los ojos. Su inefable belleza me conmovía, sentía unos deseos irrefrenables de amarla, pero aunque fuese hermosa, no dejaba de ser una máquina y aunque tuviera una inteligencia artificial, era es resumidas cuentas, “irreal”.

-Te ordeno que te alejes de mí-  Espeté lacónico.

Sus ojos me observaron de una manera que no pude entender, me observó confundida, como si se sintiese ofendida. << ¿Sentir?>> Los robot no sienten, no importaba cual parecido fueran a los humanos, eran virtualmente una copia de nosotros. Pretender que una maquina sentía era completamente irracional y yo conocía bien los algoritmos de la I. A. presente en los androides actuales.

-Pero… pensé que…-

-¿Pensaste?- Interrumpí incrédulo.

Sentí como si la pena la consumiera, como si mis palabras la hicieran sentir rechazada. No me sentía enojado, al contrario, estaba totalmente pasmado por la forma en que se expresaba. Habíamos hablado por horas pero no tenía idea de que, además de contener una vasta cantidad de conocimientos e información y que pudiera aplicarlas de tal forma como para mantener una conversación, tuviese en sí, una personalidad. Me sentí apenado, la vi encogerse y mostrarse tan frágil que sentí deseos irrefrenables de abrazarla. La tomé en mis brazos, su cuerpo no era frío y duro; al contrario, era muy cálido y suave. Nuestras sombras se proyectaban en la habitación como si fuésemos uno solo. <<No puedo creerlo, estoy sintiendo algo como una máquina>>

-Tengo al objetivo a setecientos metros. Está en el Laurel Mecánico-  Gregory habló por su transpondedor. –Y está en compañía de alguien- agregó

-Sigue con el plan. Que sea rápido – le respondió una voz masculina con acento ruso.

-Iniciando plan de contención Alpha- Enunció Gregory. Volvió a calcular la dirección y presión del viento, sonrió y accionó el gatillo.

-Tú corazón late fuertemente- susurró.

Yo la abrazaba, sentía su piel rozar mi cuerpo. Sus manos acariciaban mi espalda con ternura y afecto. La tomé por los hombros, quería disculparme por tener que rechazarla. Estaba asombrado y confundido por la situación en la que me encontraba. Intenté pronunciar unas palabras de aliento y percibí un repentino destello en sus ojos que se abrieron alarmados. No me dio tiempo reaccionar y de pronto, sentí una sacudida muy fuerte; que me empujó hacia un rincón. Escuche el crujir del vidrio. Me había golpeado la cabeza con la pared y estaba aturdido. << ¿Qué demonios?>> Luego de tambalearme unos segundos, logré reincorporarme. Además de aturdido me sentí irritado, <>

-¡¿Qué demonios pasa contigo?!- inquirí con vehemencia. -¡No tenías por qué tratarme así!- espeté.

-¡Abajo!- me ordenó. Su voz era diferente, unos decibeles más bajos. La voz de una verdadera mujer.

De un compartimiento en su muslo izquierdo sacó un pistola de plasma y con una precisión característica de una máquina, comenzó a disparar hacía los edificios. Desnuda y con el arma en manos se acercó a la orilla. Su cuerpo perfecto se iluminaba con el efecto estroboscópico de las luces exteriores. No podía creerlo, me sentí alarmado y confundido. No sabía lo que sucedía y no tenía idea de que ella, una ginoide destinada a causar placer a los hombres, estuviera equipada con un arma de alta tecnología.

-¿Qué sucede?- ¿Qué haces?- ¿Por qué tienes un arma?- Le interrogué atónito.

-Me han encontrado- Musitó.

-¿Qué?- ¡No eres una ginoide ordinaria!- ¿Quién….qué cosa eres?-

Me acerqué. Olvidé que estaba en ropa interior en unas de las habitaciones de un burdel e ignoré por completo que ella estaba desnuda, aun cuando fuese una máquina, su cuerpo era de una joven. Pero el pudor estaba sobrevalorado en ese momento.

De pronto escuchamos el forcejeo en la puerta. Tocaban la puerta con ahínco y se escuchaban gritos del otro lado de la puerta; hasta que se abrió de un golpe.

-Ha fallado el plan de contención- Dijo Gregory sin inmutarse. La ginoide está armada y está respondiendo. Hay más objetivos en la habitación.

-Has lo que tengas que hacer, no importa si reduces todo el lugar a cenizas, quiero acabar con esto de una vez- le declaró su interlocutor.

-Cambiando al plan B. Tipo de fuego: Dominación-

-¿Qué mierdas pasa aquí?- Inquirió el dueño del local. El voluminoso hombre estaba acompañado por dos empleados de seguridad, altos y fornidos. – Quedó tan estupefacto al ver la escena como lo estuve yo. Allí estábamos los dos, ella desnuda y yo únicamente con mi calzoncillo, al borde de los ventanales panorámicos y sus vidrios hechos trizas en el suelo. Pero lo que más le impactó fue ver a su “muñeca de plata” empuñando un arma. Se miraron fijamente el uno al otro.

-¿Qué diablos…- el viejo proxeneta dio unos pasos hacia adelante observándola de pies a cabeza; pero algo hizo que desviara su mirada. Sus ojos se abrieron como platos y señaló en dirección a los edificios.

-Cui… ¡Cuidado!- gritó. Él, al igual que sus empleados de seguridad, huyeron despavoridos.

Ella y yo volteamos inmediatamente, pero mis reflejos no eran tan buenos como los de ella. Me lanzó de nuevo; ésta vez hacía la puerta, entonces pude advertirlo, la adrenalina corría por sistema y como si el mundo se ralentizara observé el misil que se acercaba a nosotros. Hubo una gran explosión en la habitación y ambos fuimos expulsados. Atravesé la pared de la habitación de al frente, por suerte caí sobre la cama. Daniel y su acompañante se encontraban confinados en el rincón. Me observaban perplejos, desnudos y enrollados en las sabanas.

Sentí un gran dolor en todo el cuerpo, me levanté de la cama desorientado y noté que tenía una costilla y el brazo derecho fracturado, el cual, no paraba de sangrar. La nube de polvo y humo cubría todo el piso. El fuego consumía nuestra habitación, las personas huían del lugar. Caminé abatido hasta el pasillo. Daniel se levantó e intentó ayudarme pero otra explosión lo asustó y huyó del lugar, dejándome a mí y su acompañante en el lugar.

El dolor era insoportable pero aún podía caminar. Le extendí mi mano a la chica que aún seguía en el rincón. Al principio dudó, asustada y recluida en el rincón, negaba con la cabeza mi ayuda.

-¡Vamos, no puedes quedarte allí o morirás!- Insistí – entonces ella asistió con la cabeza, se puso una bata y me tomó del brazo. Intentamos bajar del edificio pero el fuego era muy intenso. La explosión dejó el edificio a oscuras y entre la nube buscamos las escaleras para llegar a la azotea.

-¿Cuántos pisos son para llegar a la azotea?- Le pregunté

-Son 30 pisos- Me contestó. Sus lágrimas salían a borbotones. Y su voz era trémula y agitada. Intenté tranquilizarla pero apenas podía permanecer en mis cabales.

-No pasará nada- le dije -¿Hay otra manera de salir de aquí?-

-Tenemos un ascensor para emergencias, con su propia planta de energía pero están del otro lado del fuego-

-<<No llegaremos jamás allá arriba>>

-¿Cómo te llamas?- le pregunté abrumado por el dolor.

-Katherine, ¿Tu eres Rocco verdad?-

-Así me dicen- aseveré -Muy bien Katherine, tenemos que subir hasta lo alto de éste edificio e intentar llegar hasta el edificio de al lado, ¿Ok?-

Ella asintió de nuevo. Subimos 5 pisos más. Se sujetaba fuertemente del brazo que aún tenía ileso. <<Aunque no por mucho si seguía aferrándose así>>

La ginoide respondía al fuego con ímpetu. Ya había localizado al atacante y mientras nosotros subíamos las escaleras, ella escalaba por la fachada del edificio. Era un enfrentamiento violento e implacable, que convirtió la pequeña avenida en un campo de batalla que se podía ver a distancia bajo el cielo que anunciaba una tormenta. Los transeúntes corrían en todas direcciones y los aeromóviles tomaban vías alternas. Gregory atacaba incesantemente desde su ubicación con sus misiles. Uno tras otro golpeaban el edifico y éste se estremecía con cada impacto. Sabía que no iba a resistir demasiado un ataque tan severo y francamente me sorprendía que aún estuviésemos en pie.

Cuando por fin llegamos a la azotea, jadeando y cubiertos de polvo y sangre observamos a la ginoide salir de entre el fuego. Su piel parecía quemada pero a medida que se acerba se iba regenerando. Podía observar sus órganos internos. Su corazón sintético latía vertiginosamente y observaba su sistema de positrones alimentando todo su cuerpo.

Cuando estuvo a unos escasos diez metros de mí, sabía que algo era diferente. Sus ojos, que anteriormente demostraban una misteriosa fragilidad, manifestaban una frialdad sin escrúpulos. Me costaba reconocerla, sus cabellos plateados se batían y el fuego la rodeaba como si se tratase de un demonio surgido del infierno.

-¡Desígnate!- le exigí. Tuve que buscar mi valor y recoger las fuerzas que aún me quedaban.

-ID: K1269800B-

-Dame tu análisis de programación-

-Soy una ginoide de sexta generación. Fabricada por la Corporación Génesis en la serie Babe XL 17, para hacer las tareas del hogar, cuidar a los niños, pasear a tu mascota. Hablo 20 idiomas. Puedo servirte como secretaria y estoy apta para ser una compañera sexual. Poseo una unidad cuántica de procesamiento conectada a una célula de positrones con una durabilidad de trescientos años. –

-¡No puedes ser un androide ordinario!, ¿Quién ha modificado tu protocolo? Conozco tu programación, yo mismo he participado en ella, no puedes infligir la ley y no estás autorizada para portar armas- aseveré. –Me dijiste que pensaste, los androides no piensan y no usarían tal palabra. Te vi a los ojos y sé que eres capaz de sentir, no hay ninguna máquina que sea capaz de sentir.-

-Están hechas para complacer a los humanos Rocco, es muy fácil confundir su programación con una personalidad o emoción.- Intervino Katherine, yo le dediqué una mirada de asombro.

-¿Qué?- me miró irritada- ¿Crees que soy una ignorante?- Que sea una acompañante no quiere decir que no sepa lo que son. Además, trabajo con ella ¿lo olvidas?-

Levanté mi mano en señal de rendición y me volví hacia la ginoide.

-¡Estás mintiendo!- grité.

-No miento. Yo soy…-

Otra explosión nos arrojó del edificio. Quedé colgando de una viga, tenía el brazo derecho destrozado pero mi instinto de supervivencia estaba al máximo. No me había dado cuenta de cuánto adoraba mi vida hasta que supe que la perdería. Observaba la calle y los altos edificios recubiertos de la ciudad. El cielo giraba sobre nosotros y la nube de humo ascendía. En mi lucha por la vida, noté la belleza de la ciudad; con sus edificios tan altos como titanes mecánicos, que rozaban las nubes. Sus luces eras hermosas. Una magnifica ciudad mecanizada y automatizada como ninguna otra. El viento soplaba fuerte y gélido, entonces comenzó a llover.

La lluvia caía vertiginosa sobre la ciudad. A lo lejos escuchaba las sirenas acercándose. Katherine yacía tendida en el suelo con quemaduras de tercer grado en gran parte de su cuerpo. Se torcía y convulsionaba del dolor.  En ningún lugar veía a la muñeca plateada, escruté entre la nube de polvo mientras mis pulmones se llenaban cada vez más de humo. Mis fuerzas me abandonaban, no podría sostenerme por mucho tiempo.

Y Caí, mi brazo perdió su fuerza y me dejo caer. No podía creer que iba a morir. Mi corazón se agitaba y en mi mente la única imagen era la de sus ojos, entonces me di cuenta que no sabía su nombre. A cada androide se le asignaba un nombre una vez ensamblados y programados. Yo no sabía el de ella y nunca tuve la sensatez se preguntárselo. Ya era muy tarde, ya no los vería más y ella recordaría únicamente mi rechazo. Todo lo que me quedaba era la irreversible e ineludible muerte.

(Continua)

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4 comentarios en “La Doncella Plateada:Supresión

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