Argentum Fabulae: El Priorato Lunar

Argentum Fabulae 

El Priorato Lunar

  Volar le recordaba la juventud que una vez tuvo. Ciro, antaño profesor de geografía, era considerado por sus contemporáneos como un piloto hábil e incauto. Volaba tan alto como su Cessna 206 se lo permitía y bajaba lo suficiente como para rozar las olas del mar que tanto amaba. La tragedia de haber perdido a su esposa y su hija en un terrible accidente, lo habían convertido en un vago recuerdo del hombre exitoso que había sido. Ahora sólo tenía la experiencia acumulada por sus años y con ellos la esperanza de encontrarse de nuevo en la muerte con aquellos que había perdido.

    El último viaje de Ciro rompería todo pronóstico. Giró para sortear la tormenta que se acercaba pero el cielo ya había decidido su suerte. Rápidamente fue presa de lo impensable. Lo único que le rodeaba era el gigantesco espacio centelleante y atronador del interior de aquel titánico monstruo que lo había tragado.

   Entre el fuego y la humareda, fue arrojado a lo profundo del bosque. La sangre y la lluvia le recorría el rostro bajo las sombras de los altos árboles. A pensar del intenso dolor se arrastró varios metros, buscando el mejor lugar para morir, pues no quería hacerlo sin mirar una vez más la fotografía de los dos amores de su vida. A su alrededor el fuego comenzaba a esparcirse y Ciro sintió la pena de no poderlas ver una vez más. Las ramas crujían y el calor del fuego sofocaba el aire.

-Sin importar lo que suceda… la muerte aún no quiere reclarmarme- musitó. No había logrado llegar al cielo y por castigo había sido arrojado al infierno. Pero no estaba solo en aquel caos que le rodeaba.

 -¿Por qué tienes tantos deseos de morir?-  Intervino aquel hombre encadenado a unas piedras.

    El estado demacrado de aquel hombre, que se hacia llamar Sadón, reflejaban la miseria y el dolor de un largo cautiverio. Los cabellos de aquel hombre eran tan largos que se extendían por el suelo y tan sucios que parecían ser la misma tierra. Aquel hombre le ofrecía consuelo a cambio de su ayuda para liberarse. Ciro se desangraba y el frío sólo aumentaba el dolor y el sentimiento de una profunda soledad. En su desesperación, Ciro aceptó la oferta de aquel hombre de poner fin a su sufrimiento.

  Con las pocas fuerzas que tenía, Ciro rompió las cadenas que ataban aquel hombre las piedras. Entre los árboles otra figura se levantó acompañada de un luz tan clara como el día que se esparcía por los rincones de aquel tormentoso lugar. Las fuerzas le abandonaban y sentía que la muerte lo reclamaba.

   Pero su verdadero viaje no hacía más que empezar. Despertó sin tener idea de donde estaba, preguntándose si todo aquello había sido un sueño <<¿Cumplió su promesa?>> Estaba claro que había tenido un accidente y que todo lo demás era una ilusión producto de la caída. Ciro contó lo sucedido pero no habló de su encuentro con aquel hombre en lo profundo del bosque.

    Cuando sus heridas sanaron lo suficiente para ponerse en pie, fué llevado hasta el río para lavarse. Conocía cada lugar del país que tanto adoraba y recorrido cada camino que no estaba en ningún mapa. Conocía cada rincón excepto ese.

    Aquel valle llamado Lunavilla era flanqueado por cuatro montañas y atravesado por dos ríos, El Arco y El Ancara, provenientes del norte. A mitad del valle éstos dos ríos se unían en forma de “Y” donde se comenzaba a llamar Marenna para continuar hacia el sureste cruzando el bosque. No existían palabras para describir lo que veían sus ojos porque aquel lugar parecía ser donde nacen lo más hermosos cuentos.

  Pero en la noche, aquel secreto lugar se transformaba en un macabro escenario. Algunas veces, eran despertados por terribles aullidos que rasgaban el silencio nocturno. Extrañas cosas pasaban en aquel enigmático pueblo. Las gallinas amanecían muertas y en descomposición, el viento era cada vez más gélido y muchos niños comenzaban a enfermarse. Ciro era culpado por aquella desgracia que se había desatado en Lunavilla y fue llevado ante el Prior para que el jurado determinara su destino.

   En el juicio, Ciro fue declarado culpable por haber profanado el bosque de Odoshinai y liberado la sombra que ahora amenazaba al pueblo. Su cabeza debía ser clavada en la entrada del bosque como castigo y advertencia para todo aquel que quisiera entrar. Hilda, quien había sido advertida en sueños sobre Ciro, pidió que éste fuera llevado a su casa como su invitado. En el sueño la Diosa Anjana le había dicho:

“Del bosque llegará con la bandera de la muerte pero refugio y alimento le debes dar. Portará una espada de fuego pero de él no temerás. Anciano y joven deben convivir para que las sombras huyan de la vasta tierra.”

    Los extranjeros no eran bienvenidos pero aquella hermosa mujer cuya influencia era comparada con la del Prior, se negaba a seguir las recomendaciones y las sentencias su correligionario. Hilda era reconocida por poseer el don de la clarividencia y El Priorato falló a su favor. Ese día Hilda había se había ganado la enemistad del Prior. Ciro no entendía la mistificación de aquel lugar y se limitaba a contestar las preguntas. Vestido con los andrajos que le habían quedado, fue llevado a la casa de Hilda donde ella le lavó los pies y le dio ropas nuevas.

    En Lunavilla, Ciro era un huésped inesperado y marginado. Hilda apenas le dirigía la palabra y evitaba en lo posible que sus hijos, Hanna, Helena y Hugo se acercaran a él.  Entendía que pasaría mucho tiempo antes que lo aceptaran pero Ciro no sabía cómo regresar a su hogar. Estaba prisionero en el paraíso.

    Cuando tuvo la libertad de caminar por el pueblo sin escolta, encontró a un joven llamado Mael que no temía acercarsele, pues no lo consideraba peligroso. Se hicieron amigos en poco tiempo pero al hacerlo habían incumplido el mandato del Prior y éste castigó a Mael. Los métodos de castigo del Prior, era injustificados para Ciro y aunque él sabía que no tenía autoridad allí, no dejaría que la leyes de unos hombres irracionales atentaran contra los principios de la civilización moderna. Cómo castigo a su insubordinación, Ciro fue confinado a las catacumbas hasta que Hilda intercedió por él nuevamente. El Prior sabía que si ésto continuaba, perdería su autoridad, estaba decidido que el extranjero llamado Ciro debía morir.

   Aquella noche de luna llena, los ojos de Ciro fueron testigos de los fantástico. Desde la pequeña ventana de su habitación observaba como a lo largo y ancho del valle, tenues lámparas se encendían en una procesión que descendía desde lo alto del valle  acompañada por un hermoso cántico que sólo se podía atribuir a los ángeles del cielo. Cada niña y joven llevaba un cándil, vestidas con largas túnicas plateadas, los varones en cambio, llevaban ofrendas de miel e incienso. Hanna, quien era la mayor y la más hermosa de todas las jóvenes del pueblo, llevaba un candil dorado y sólo llevaba una túnica azul y plateada para cubrir su cuerpo.

   Cuando llegaron a orillas del río, Hilda precedió la ceremonia. Los cánticos se hicieron más rítmicos y los jóvenes presentaron las ofrendas. Hanna fué llevada hasta lo alto de la piedra donde habían sido tallados símbolos arcanos.  La hermosura de aquella joven era comparable con las doncellas de los mitos antiguos. En el ceremonial, compañado de tambores y bailes,  se le pidió a la Diosa que entrara en el cuerpo de Hanna  para determinar el destino de Ciro, quien había traído la desgracia al pueblo liberando la oscuridad sellada en lo profundo de El Bosque de Odoshinai.

    Cuando la Diosa Anjana se disponía a poseer el cuerpo de Hanna, el Priorato y sus soldados intervinieron en la ceremonia. Los Hierofantes advirtieron al priorato sobre aquella intromisión, pues habían hecho un circulo de poder que de ser roto, permitiría a las sombras alcanzar el pueblo, pero el Prior alegó que las sombras ya lo habían alcanzado desde Ciro había quemado parte del bosque prohibido y puesto un pie en Lunavilla.

-Éste agitador debe ser detenido- sentenció y ordeno su inmediata aprehensión, denunciando a Hilda por usurpadora de las palabras de la Diosa con la intención de tomar a Ciro como su amante. Ciro aceptó ser recluido pero la verdadera intención de El Prior era clavarle su larga espada en el corazón. Nadie pudo advertir lo que estaba a punto de pasar. Los ojos del Prior se abrieron como platos y exhaló un grito de angustia y terror.

    Detrás de la joven Hanna un demonio alado amenazaba con cortarle el cuello. El pueblo entero comenzó a correr despavorido pero Hilda y sus hierofantes se quedaron para pelear por su hija. Las alas de aquel demonio eran tan negras como la noche y sus ojos eran de fuego. Asesinó a los hierofantes y clavó sus garras en el estómago de Hilda.

-¡Debes morir extrajero!- exclamó una vez más El Prior, pues culpaba a Ciro por aquella masacre.

     Una vez más alzó su espada pero rápidamente fué atravesado por Sadón. El Prior cayó muerto a los pies de Ciro, quien observaba estupecto aquella escena sobrenatural. Sadón tomó su espada para liberarlo. Una vez liberado, Ciro corrió hacia Hilda quien agonizaba. Pero la sorpresa sólo podía ser superada por el terror. Sadón levantó el cadáver del Prior con una fuerza sobrehumana y bebió de su sangre transformándose un demonio tan alto como el mismo bosque.

-Yo soy Odo’Sha, el espíritu oscuro del bosque- Declaró. -Reclamo para mi éste pueblo y Anjana será mi prisionera en lo profundo del abismo para que no vuelva a ver la luna nunca más-

    El caos se apoderó del esplendoroso valle y los ríos se mancharon con la sangre de niños y ancianos, justos e injustos por igual en aquella masacre desenfrenada. El sufrimiento y la culpa abrieron camino en la mente del cansado Ciro y no hubo nada que impidiera que aquel demonio rompiera  la poca armonía que antes reinaba.

-Tenían razón, yo soy el culpable-

    En su lecho de muerte, Hilda le pidió a Ciro que cuidara sus niños y que rescatara a Hanna de las garras del oscuro espíritu que la había robado y le entregó un colgante plateado. Sin comprender la ola de sucesos que se habían desatado, Ciro aceptó hacerse cargo de su hijos y le prometió entre lágrimas que regresaría con su hija desde el mismo infierno.

(Continua)

Anuncios

Dime que piensas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s