Las tres niñas

En uno de mis paseos por la capital vi a una hermosas niñas practicando la Radiestesia. Era un tarde como cualquier otra y había salido temprano de mi trabajo. Me gustaba caminar una hora, ver las tiendas y observar el comportamiento casi mecánico de las personas que viven en las grandes ciudades.

Me encontraba caminando por la avenida Los Palos Grandes en Caracas, allí donde abundan las enormes y hermosas quintas que parecen sacadas de las revistas. Nunca en mi vida he visto a alguien, entrar o salir de alguna de esas casas pero ese día vi algo que realmente no esperaba.

En una de las casas que, por su aspecto podría decir que es una de las más antiguas, tres hermosas niñas de largos cabellos castaños, jugaban en el jardín, cerca de la puerta principal de su casa. Sentadas en el suelo en forma de triangulo, parecían muy concentradas en una gran pliego de papel en en centro. Yo lograba verlas desde lejos a través de la verja, a medida que subía en dirección a la montaña Wararaira Repano. 

A medida que me acercaba, distinguía sus hermosos vestidos y sus cabellos hermosamente peinados, con listones y unos zapatos muy hermosos. Las niñas reían y se pasaba una especie de listón plateado, más parecido a una fina cadena. Me detuve por un momento frente al abasto para comprar una botella de agua, un jugo y unos bocadillos que pretendía comerme una vez llegara a la montaña. Me senté a descansar sobre un pequeño muro pero dirigí mi miraba hacia las niñas que parecían divertirse mucho.

Entonces algo llamó mi atención, un pequeño destello hizo que me fijara en algo que colgaba entre las tres niñas. Al final de aquella pequeña cadena que sostenían, colgaba una figura triangular. La luz del sol se reflejaba en él cada vez que oscilaba de un lado al otro. Me pues en pie tan pronto supe lo que era. Aquella figura triangular era un péndulo, de esos que se usan en la práctica de la Radiestesia.

Pendulum de Cuarzo

Pendulum de Cuarzo

-Esto es sorprendente- musité. Aquella niñas no parecían tener más de 13 años pero sabían exactamente como manejar aquel artilugio. Una buscaba, haciendo movimientos circulares con el péndulo sobre el pliego de papel y las otras dos observaban tomadas de la mano, detenidamente.

No puede evitar sorprenderme pero también sonreí, me terminé de beber el agua y seguí caminando. Caminaba cada vez más lento a medida que me acercaba a la casa, no por temor sino por curiosidad pero no podía detenerme, por miedo a que se dieran cuenta que las observaba, aunque dado el lugar donde se encontraban, no parecían temer a que alguien las observara.

Cuando estuve frente a la verja, observe el hermoso jardín. Habían plantado orquídeas y azucenas. A un lado de ella, una hermosa fuente ornamental de estilo griego, le daba un toque soberbio y místico al lugar. Fingí que me ataba los zapatos para poder ver en detalle el papel que tenía una extrañas figuras.

-¿Qué estarán buscando?- Dije. No me había fijado cuán cerca estaba de ellas hasta que un destello de luz me segó por unos segundos. Al recobrar la vista, observé que el péndulo se había detenido, en dirección hacia donde yo estaba. Cuando subí mi mirada para ver a la niñas, me quedé helado.

Aquella niñas tenían sus ojos puestos en mi. Yo les dediqué una sonrisa y sentí toda la sangre en mi cara. Ellas me miraban fijamente sin inmutarse. El péndulo me señalaba a mi y aunque no tenía idea de porqué, todo parecía indicar que yo estaba interfiriendo con algo, fuese lo que fuese.

Me puse en pie levante mi mano para disculparme. Se me ocurrió meterme mi mano por el cuello de la camina y me quité la cadena que llevaba. Quería decirles <<si, sé lo que están haciendo>> entonces levanté mi cadena que llevaba un pentáculo metálico, y se los mostré. Aquellas niñas sonrieron enérgicamente y comenzaron a susurrar entre ellas.

La niña que llevaba el péndulo se levantó y me saludó como si yo fuera alguien conocido. Esto no hizo más asustarme. Voltee en ambas direcciones para buscar a quien estuviera observándome, o cerciorarme de que no estaba saludando a alguien más. Como no había nadie más, supe que era conmigo y le devolví el saludo. oculté de nuevo mi pentáculo y me despedí de aquella niña para seguir mi camino hasta la montaña. Recuerdo sus hermosos ojos café y su sonrisa y aunque jamás la he vuelto a ver, imagino que sigue practicando para algún día convertirse en una gran maestra. No se tu nombre pero si llegas a leer esto, quiero que sepas que también he seguido el camino.

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