Un lugar perfecto para escribir (1º parte)

Me despierto aturdido envuelto en un delicada niebla. Mi ventana es golpeada constantemente y en ese ruido particular saludo a una joven blanquecina que lo cubre todo. Me pregunto donde está mi whisky e intento alcanzarlo en la mesa junto a la cama pero solo logro derramarlo.

Me quedó sentado a orilla de la cama, observando como la alfombra absorbe mi último trago. Siento el gélido aire que me abraza y observo la ventana entornada con pequeñas gotas de lluvia deslizándose en los vidrios. Me tomo mi tiempo para decidir si vale la pena levantarme. <<Quizá deba seguir observando la lluvia desde mi cama>>.

rain-687210_1280

Lo que realmente importa es me levanté con un deseo incontenible de buscar el lugar perfecto para escribir, bien sea continuar con mi libro o descubrir una historia nueva para contar. Tengo una vívida imaginación pero, de vez en cuando, tengo que buscar el lugar correcto para que mis ideas fluyan. Quedarme en una cama solo podría extender mi letargo.

Las vigorosas montañas me saludan enaltecidas entre casas de techos escarlatas. Un hermoso caserío, herencia de un pueblo alemán que, tras la declaración de independencia y como producto de la nueva ley de inmigración venezolana de 1840, llegaron a nuestro país después de 112 días de viaje. Luego, por un brote de viruela, tuvieron que desembarcar en la costa de Choroní.

Estoy enamorado del aire colonial, de su tradición y sobre todo de su buena cerveza. Pero sólo es una estancia para mi, pues no soy de los que se asientan en un solo lugar por mucho tiempo. Aunque al final siempre regreso, dispuesto a encontrarme de nuevo con aquellos sinuosos caminos y un aroma a melocotones y fresas con crema.

IMG_1609

Restaurante Biergarten. Colonia Tovar, Venezuela.

Al terminar de llover, me dirijo al restaurante “Biergarten” y me siento cerca de la ventana para poder observar aquel paisaje. Al observar el ambiente, siento que es momento de sacar mi laptop y comenzar a teclear una historia.

IMG_1574

Cultivos de Fresa. Municipio Tovar, Aragua.

  Luego de una buena comida, es momento de irme de aquel lugar. Quiero regresar a la ciudad, ya no necesito la tranquilidad que aquí encuentro porque mi historia está mas allá de un lugar apacible. La necesidad de establecer el conflicto es imperativo.

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar por YJRIvas

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar

El camino… ¡Oh, adoro el camino! Adoro observar las montañas y sentir la brisa verde del campo, los cultivos y los chalet a lo largo de aquella serpiente de asfalto, que me hacen sentir como un viajero de una tierra lejana. Aquí no puedo sacar mi laptop, pero puedo hacer uso de mi libreta. A veces no tengo nada que escribir, pero me dedico a observar los personajes, con sus propias historias a través de la ventana del autobús, esperando que me indique la mejor forma de iniciar un nuevo párrafo.

IMG-20130120-00280

Al llegar a Caracas, el ruido me da la bienvenida. Aquella ciudad, que curiosamente se le conoce también como “la ciudad de los techos rojos” por su antigua similitud con los pueblos andinos y cuyas casas también acostumbraban a tener techos rojos. Por un momento me la imaginé así; con una delicada niebla cubriéndola desde lo alto del valle. Pero todo han sido sustituido por edificios ennegrecidos, altos rascacielos, un exasperarte tráfico  y centros comerciales. Una urbe cosmopolita a la que le urge amor pero que le sobra  energía.

Ya entrada la tarde, me dirijo al centro de la ciudad. Observo a nuestras queridas <> de Parque Central, aquellas altas centinelas que se levantan sobre la ciudad como trofeos platinos por nuestra lucha. Es momento de quebrantar los límites.

Conocía a un buen amigo que vivía allí, así que recuerdo como entrar. Al hacerlo, me escabullo por las áreas de mantenimiento hasta llegar a la cima. Para mi sorpresa, ese día hay unos técnicos reparando uno de los ascensores. Las puertas hacia al cielo están abiertas.

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

En la azotea tenía una vista de 360º de toda la ciudad. Podía observar el angosto valle de Caracas como si fuera el antiguo dios del lugar. Me invadió la nostalgia. Luego sentí temor. Jamás había estado en la cabeza de una edificio tan alto. Tenia miedo de ser descubierto, tenia miedo incluso de ser abandonado allí por los de mantenimiento. Pero sabia que estaba en el lugar adecuado.

Me senté en la orilla y puse mis pies sobre la ciudad. Nunca en mi vida me había sentido tan aterrorizado y fascinado al mismo tiempo. Sabia que en un mal movimiento podía precipitarme cincuenta y nueve pisos contra el suelo. Ese era el lugar que necesitaba. Necesitaba ese sentimiento porque tenia que saber que se sentiría saltar desde alli, y aunque no iba a saltar – creáme, no estoy tan loco como parece- debía simular el acto de la manera mas precisa.

Casi no podía respirar, me daba terror desmayarme allí y caer. Así que cerré mis ojos y me concentré en el lejano sonido de la ciudad. Sentía que mi corazón estallaría y lo podía sentir en mis oídos. Entonces un sonido particular me hizo sentir aun mas terror.

Mi celular repicada. Había dejado el tema “How Soon Is Now” en la versión del dueto t.A.T.u.  como tono en mi teléfono. Sentí un frío en el espinazo y que una mano invisible me jalaba por los pies hacia abajo. Cierro mis ojos y dejo que caiga la contestadora. Es un mal momento para contestar llamadas.

Mantengo mis ojos cerrados, pues la ciudad parece girar en torno a la torre y siento vértigo. Al alejarme de la orilla, me aseguro en un pequeño rincón. Aun mi corazón late acelerado. ¡Es ahora! es hora de sacar la libreta y comenzar a escribir. Yo sentía el miedo y poco a poco comencé a sentir una cálida admiración por la urbe avileña.

Fotografía del Este de Caracas y la Universidad Central vistos desde la Torre Este de Parque Central por Carlos Itriago.

Llega el atardecer y los tonos rosas y naranjas transforman aquel escenario en un espectáculo memorable. Me siento inspirado y me siento feliz por estar allí, observando allende las montañas, las autopistas y las luces en movimiento de los autos. ¡Qué hermosa metrópolis! ¡Que desdicha que esté pasmada en la desidia!

Entro de nuevo al edificio. Los de mantenimiento ni se enteraron que salí o quizá no le dieron importancia. ¿Cómo podrían culparme por intentar sentirme el dueño del mundo? aunque fuese solamente para fines literarios. Hay muchas cosas que no encuentras en un best seller y la única forma de conocerlas es a través de la experimentación. El lugar perfecto es aquel que te hace sentir algo en particular.

Vista aérea del oeste de Caracas por la noche. Via CAV

Entrada la noche, cuando ya mis energías están agotadas seleccioné un nuevo tema en mi teléfono para escuchar mientras observaba como la ciudad brillaba en la oscuridad. Me pareció el más adecuado escuchar el tema “Neon City Nights” de la banda holandesa Grendel.  Fijé mis ojos en aquella montaña y comencé a pensar en lo que me haría sentir estar allí una noche. Y fue justo cuando supe adonde debía ir para seguir buscando un lugar perfecto para escribir.

Anuncios

3 comentarios en “Un lugar perfecto para escribir (1º parte)

  1. Vaya experiencia, amigo mio. Me hubiese gustado estar por alli tambien, y en lo alto, aunque no sufro de mido a las alturas, el extasis de sentirse en un lugar asi me hubiese dado un subidon muy grande. Las fotografias son maravillosas. Y la de la lluvia en la ventana, mi favorita!. Abrazos

    Le gusta a 1 persona

Dime que piensas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s