Riqueza y Carencia – 4 clases de personas

A veces me despierto con ideas como esta, y no me queda otra mas que escribirla.

Es contradictorio imaginar que las personas que han tenido que luchar desde temprana edad para conseguirlo todo, al final se comporten como unos miserables. Y es que son aun mas ruines que aquellos que le precedieron. No entiendo la razón de humillar a quienes intentan superarse; sabiendo perfectamente lo que a ellos mismos le costó para lograr sus sueños. ¿Qué les da el derecho de hostigar a sus semejantes?

He escuchado muchas veces que la causa es “que el mundo es cruel”  y por lo tanto, ellos son crueles con sus congéneres…y aun mas crueles que el mundo. ¿Acaso olvidaron lo que sufrieron? ¿O es que no sufrieron lo suficiente? ¿Olvidaron las veces que rogaron a Dios para que levantara sus penas? Y si no sintieron que Dios los ayudó ¿Quién fué entonces, el hombre? Si es así, ¿Por qué no devolver el favor y ayudar al hombre? 

Aquellas personas que lo han tenido todo, tienen un mejor sentido de  empatía con las que; teniendo que “mezclar el agua con el shampoo” para alargarlo, sentarse en la mesa a contar el dinero porque no les alcanza para la comida, salen a la calle a ganar dinero para otros. También existen desgraciados que se dejan llevar por la ilusión del poder y del dinero para oprimir a los que consideran inferiores, ¡Cuánta arrogancia!

Sería un error terrible generalizar. Pero cuando observas el maltrato generalizado hacia otros, en su mayoría por personas que han tenido que lamer botas, mentir y hasta robar para lograr un status social, no solo pones a todos en la misma olla, sino que además te crees el cuento de que es la ‘única’ forma de lograr algo en la vida.

La humildad, la cordialidad y la bondad no nacen únicamente entre muros en ruinas. Por supuesto, tampoco son típicas en las cunas de oro. Depende, en gran medida de los valores enseñados, bien sea bajo un techo de paja o en una mansión. Todo esto nos lleva de vuelta a lo establecido unas palabras atrás sobre justificarse en la crueldad del mundo y enseñar a otros a sobrevivir siendo déspotas, bastardos y miserables.

¡Nada está mas lejos de la verdad! El mundo, en sí mismo se ha tornado hostil pero ¿Quienes hacen el mundo? Esto no tiene nada que ver con la naturaleza, pues ella en sí misma es cruel y bondadosa y está bajo sus propios límites pero nosotros estamos más allá de cualquier naturaleza. El mundo lo construimos nosotros; con las palabras, cuyo poder no debemos subestimar; y con los actos, que determinan la clase de persona que somos.

¡Escuchen pues, este fuego! Existen cuatro clases de personas:

Los Dichosos: Aquellos que disfrutan y reconocen su posición privilegiada; bien sea, lograda por mano propia o por herencia. Conocen el valor de las cosas a su alrededor y su responsabilidad, y no dudan en compartir su dicha con otros. A estos hay que seguirles el ejemplo.

Los Engreídos: Es verdad que de ellos está plagado el mundo. Son Aquellos que han alcanzado cierta dicha pero en su soberbia pisotean a otros sin distinción de género, clase o raza, y debemos cortarle el alimento que hincha su vanidad.

Los afligidos: Estas personas luchan diariamente sin lograr grandes resultados. Desean cosas buenas y son generosos pero no son correspondidos. Pueden convertirse en engreídos o en dichosos según sus deseos. A estas personas tenemos que darles nuestro apoyo.

Los mortificados: Son las personas que viven en un constante martirio, y martirizan a sus semejantes para que no superen la angustia. Son envidiosos y pendencieros y viven en una constante miseria, que les sienta muy bien. No debemos sentir lástima por ellos, y tampoco alegrarnos. La vida misma se encarga de enseñarlos y cuándo por fin entiendan y comprendan que están obrando mal, podrán avanzar tanto como deseen.

Todos ellos comprenden un mundo más grande en el que existen los que obtienen lo que desean y los que jamás lo harán. Que esto no nos sirva para ir impartiendo juicios; es más bien una labor de introspección. ¿Quienes somos para decir quien merece que? Habrá quien lea, escuche, hable u observe. “¿Quién soy yo? y ¿Qué estoy haciendo?” son preguntas que deben contestarse primero antes de poder preguntarle a otros, pues en nuestra propia deficiencia no logramos discernir del todo la verdad.

La belleza de la vida está en aprender cada uno de los propios errores, pero sobre todo de poder enmendarlos, en esta vida o en la siguiente; y de cierto modo lo haremos. En la espiral de la vida todo gira sobre el eje del tiempo. El caos y el orden, la riqueza y la carencia, son infinitas columnas que equilibran la balanza del mundo. Por cada hombre o mujer que ha conseguido algo nuevo, hay otra que lo ha perdido.

Debemos comprender la clase de mundo que estamos creando al criar a los niños en esta nueva época. Y saber que nuestra visión adquirida del mundo, no es más que un espejismo. Esto no tiene nada que ver con que sean adinerados o pobres, pues la riqueza y la carencia no se miden con base en la cantidad de monedas que posee los hombres o las mujeres; estas son determinadas en última instancia por su espíritu.

Y.J.Rivas

Anuncios

Dime que piensas

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s