Nostalgia

La rosa ha muerto entre mis manos. No queda nada más que el recuerdo de haberla tenido. La brisa me recuerda el viaje que no pudimos hacer juntos y que ahora, ella se marcha en un viaje al que no pude acompañarla. La mayor parte de la vida se centra en estar en silencio, únicamente pensando y observando el mundo como si se tratase de una película tan compleja que no debemos apartarnos para no perdernos ningún detalle. Solo tenemos que escuchar, a los otros y a nosotros mismos.

Aquellas voces en nuestras cabezas nos torturan al recordarnos eventos felices que no volverán, porque no podemos rebobinar la película. Vivir en el pasado es algo que todos hacemos; de algún modo, es el pasado quien nos define en el presente. Los momentos felices son tan fugaces que parece que siempre están en pasado, y pensar en ellos, con la intención de atarlos al presente, es inservible. Atarnos al pasado solo nos deja la locura de no poder ser felices de nuevo.

La felicidad es solo un punto de vista. Podemos ser felices de diferentes maneras usando diferentes recursos y en diferentes lugares pero la búsqueda de la felicidad es siempre eso, una búsqueda. La felicidad en sí misma no existe más que en la mente humana; es una ilusión de la satisfacción de los sentidos que genera tristeza cuando amamos un recuerdo placentero y efímero. Amar los días que no volverán es la prueba que no se puede tener la felicidad eterna, pues debemos buscar siempre nuevas formas para ser felices y no parece ser muy justo.

A la mayoría les encanta encontrar nuevas formas de ser feliz y no les importa si para ello, tienen que sacrificar la felicidad de otros, porque la felicidad puede albergar egoísmo sino se controla. ¿Cómo podríamos controlar la necesidad de ser felices? ¿Por qué no podemos ser completamente felices? No es justo tener que contenernos en la búsqueda de la felicidad porque para eso hemos venido a este mundo y aunque llegamos a el mediante el llanto, desnudos e indefensos, la naturaleza nos brinda la oportunidad de cambiar las lágrimas por la risa, la desnudez por el abrigo de los seres queridos pero nada de eso es eterno. No tenemos más que nuestros cuerpos y nuestra voz interior que nos recuerde lo que una vez fuimos.

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