Transgénero

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El primer paso para superar la discriminación es no hacer distinción de ningún género. Cuando clasificamos u otorgamos etiquetas a un grupo de personas en función de sus características físicas, lo hacemos para establecer las diferencias. Comenzamos a decir: «eres gordo(a)», «eres negro(a)», «eres mujer o eres hombre» e incluso cuando decimos que alguien es transgénero. Esto también acarrea perjuicios por la atención a esas cualidades donde el rechazo y  la intolerancia pueden ocasionar un trato injusto, desigual, e incluso cruel porque consideramos que sus características difieren de lo que consideramos es aceptable  o tradicional.

En el caso de la comunidad transgénero, una clasificación que nace por la necesidad del hombre de ponerle nombre a las cosas para identificarlas, es sujeta a prejuicio por la clasificación binaria de hombre y mujer que aunque tiene justificaciones biológicas, también poseen una carga cultural. Nos obstante, ninguno de ellos va en contra de esta distinción pues, incluso en la comunidad transgénero se hace distinción en la conducta que debería tener el hombre y la que debería tener una mujer y de hecho, esta es una de las causas de ese distrés de identidad.

Me ha tomado mucho tiempo meditar sobre esto, pues me considero una persona empática que practica, aun cuando no he logrado completar el desafío, el «no juzgar a nadie ni nada en ningún momento», lo cual subyace en un trabajo interno, incluso metafísico, de superación personal. Y digo que no he logrado el desafío porque en ciertas ocasiones me he sorprendido juzgando a las personas o a las cosas, a veces de forma inconsciente, razón por la cual, se trata de una ardua labor mental. Pero que todos debemos practicar a fin de lograr un desarrollo más humano.

Esa meditación, también me indica que probablemente yo no sea considerado como la persona más idónea para tratar este tema, pues no soy transgénero y tampoco he tenido la oportunidad de conocer, personalmente, a ninguno; por lo tanto no tendría ninguna experiencia personal. Lo que sí puedo asegurarles es que, en un mundo reinado por los sentidos, donde se juzgan las personas en base de sus características físicas, todos hemos sido discriminados en algún momento porque hay en la discriminación cierta ironía: esta no discrimina ninguna condición.

 Una persona transgénero no es diferente de cualquier otra; es como tú y como yo. La única diferencia es que tienen una condición en la cual presenta un distrés de su condición sexual física otorgada al momento de nacer, y que por lo tanto, pueden llegar a cambiar de forma artificial, la fisonomía de su cuerpo hacia esa figura sexual opuesta, a la que sienten pertenecer. A diferencia de la homosexualidad, las personas transgéneros no sienten que les gusta las personas de su mismo sexo, pues al considerar que su cuerpo no corresponde con su visión de sí mismos, sienten que el problema no es de gustos sino de un «error» en su cuerpo.

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He visto cómo las personas observan al transgénero como una monstruosidad, incompatible con el canon religioso y que consideran no solo antinatural, sino un agravio a la voluntad de Dios. Hay quienes preguntan si hay una cura, como si se tratase de una enfermedad o una especie de virus apocalíptico que ha venido a poner fin a la sociedad. En este caso quiero agregar que, si la sociedad llegara a su fin no será por aceptar lo diferente sino por no permitirse cambiar. Y si algo nos enseña la historia es que la sociedad ha sufrido numerosos cambios en los miles de años que llevamos como especie sobre este planeta.

El transgénero no puede ser considerado una enfermedad o una plaga contagiosa. Pero también debe permitirse un entendimiento sobre sus causas, bien sean biológicas, psiquiátricas, psicosociales y culturales, además de sus consecuencias a largo plazo, en caso que las tenga. Debemos entender, y este caso me dirijo a todas las personas que presentan o presentaron este sufrimiento: las personas siempre tendrán cierto rechazo y a veces temor, a lo nuevo, a lo diferente porque simplemente no están acostumbradas. El ser humano es una especie de costumbre, pero la costumbre puede originar obsolescencia.

Incluso ustedes mismos rechazan o rechazaron sus cuerpos porque era diferente a su identidad y es normal en una especie que basa su vida en la costumbre. Lo que no es normal es y que no debe normalizarse, es tratar injustamente o ponerlos en el podio como si se trataran de un producto novedoso, fingiendo que se les entiende apropiadamente.

Las costumbres van y vienen, la tecnología y la medicina les ofrece una salida, una solución para poner en orden su noción de sí mismos. Pero solo será en el exterior, porque quienes son, no depende de sus cuerpos, sino de su interacción con el mundo. Con el tiempo, serán observados como cualquier otra persona, y no habrá ninguna distinción o discriminación porque simplemente se habrán acostumbrado. Por supuesto que para lograr esto, se deben superar todas las sombras de la ignorancia.

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8 comentarios en “Transgénero

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