La divina providencia de la ignorancia

En el mundo abunda las profecías sobre el fin del mundo. Ante cada acontecimiento no falta quien nos recuerde las centurias del famoso Nostradamus o cite algún versículo de Las Revelaciones. ¿Todo esto para qué? ¿Con qué finalidad parafraseamos antiguas profecías que en principio no pudimos prevenir? ¿Qué sentido tiene saber algo que no puedes cambiar?

Vivimos tiempos llenos de calamidades. Lo vemos en la televisión, lo escuchamos en la radio y hasta el vagabundo que cruza la calle parece entenderlo. Nos enfrentamos a un cambio global. La naturaleza espera reclamar lo suyo y nuestro sentido del apego hace que sea mas dificil para nosotros entender que no tenemos nada en este mundo que no pueda ser reclamado. Por lo tanto, muchas de estas catastrofes son consecuencia de actos humanos. Pero el humano es parte de la naturaleza ¿no es así?

Conviene, pues, que seamos doctos en  alguna ignorancia por encima de nuestro conocimiento, para que, ya que no captemos la exactitud de la verdad, al menos vayamos hacia ella y veamos lo que no podemos comprender..

Nicolás De Cusa

No necesito tener poderes proféticos para entender, para saber que el mundo actual está derrumbándose. Lo que si se necesita es una leve mirada al pasado para saber que no es la primera vez y que no será la última. Todos parecen llamar el fin de los tiempos, creyendo fielmente que todo estaba escrito así y que no había nada que pudiésemos hacer.

Para aquellos que son seguidores de los profetas mayores y menores, incluso aquellos que buscan en la adivinación respuestas concretas ¡ya basta! Dejen de creer en las  profecias de ancianos que llevan centenas de años hecho polvo y  no escuchen a los prestidigitadores que buscan ganar dinero a costilla de malos augurios. La realidad es determinada por la luz, y la luz cambia su comportamiento según sea observada.

La verdad es que nadie nunca ha creído en la divina providencia más que en su propia ignorancia puesto que aunque las calamidades de nuestro mundo hayan sido  elucubraciones de ancianos barbudos de antaño, aún seguimos contaminando el mundo, provocando guerras, seguimos siendo mezquinos con nuestros vecinos y pensando en el bien personal por encima del bien colectivo. 

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