¿Para qué huir de casa?

No quiero despedirme de esta tierra con lágrimas en los ojos y mucho menos con la sensación de huida. No es mi deseo convertirme en un extrangero refugiado cuyo anfitriones consideren que perdió su patria y su fe. No deseo unirme a la tendencia de quienes se llevan consigo el desprecio, el rencor o el temor al fracaso al navegar en aguas desconocidas. De hecho, tampoco quiero que la esperanza de una mejor vida sea el único motor para encaminarme a un nuevo horizonte. El miedo y la esperanza son como los espejismos del que vaga por el desierto.

Quiero que mis decisiones se traten de vivir, no de sobrevivir siendo un exiliado apuntado por extranjeros antipáticos o poco conocedores del sentimiento de pérdida de tu hogar o el abandono forzado de este por considerarlo hostil o infructuoso. No deseo ser un huésped poco deseado al que debes tratar con una fingida amabilidad porque sabes que destinó sus últimos recursos para huir de casa.

Río Caribe – Venezuela

Río Caribe – Venezuela

¡Maldito orgullo que apareces como si ya no tuviese suficiente con la pena! El orgullo es la fuente de la vergüenza y no deseo sentirme avergonzado por abandonar estas costas, estas montañas y este aire caribeño. Tampoco deseo que mi apego a un pueblo que prefirió la comodidad a la responsabilidad determine el porvenir de mi futura familia. Desgraciadamente, todos comenzamos a darle la espalda a nuestra gente, y abandonamos el barco. Con cada abandono la estamos condenando y ya le hemos puesto muchas cruces a este hermoso cementerio.

¿Estaré siendo egoista o solo me uno a la tendencia de quienes prefieren la huida al riesgo? ¿Cuál seria el riesgo en primer lugar, vivir sintiéndose inseguro en casa propia o la seguridad de una casa extranjera? Preguntas innecesarias para quien no tiene mas opción que arriesgarse.

Deseo romper las ataduras y devolverme la sensación de estar seguro ¿pero lograré sentir una mayor seguridad es un suelo que en principio me considera ajeno? Miraré de nuevo el mapa y apreciaré las vastas ciudades confiando en que no huiré de casa, al contrario, llevaré lo mejor de ella para que cada rincón del mundo que me reciba con amabilidad sepa de antemano que no pertenezco solo a una patria, sino que mi sentido de la aventura me lleva a conocer pueblos nuevos sin miedo a perder la identidad y aprender lo mejor de ellos para que la bandera que vea ondear en el cielo, en cualquier parte del mundo, sea la de mi hogar; soy pues, un ciudadano del mundo.

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