Las que cosas que olvidamos en la soledad del corazón

Aquellas cosas que olvidamos en la soledad del corazón

Por mucho tiempo he estado esperando. A ella. Quien me dedique besos de amor. Sé que en algún lugar del mundo habita la mujer perfecta para mi, aquella que nació para ser dueña de mis poemas y mis mañanas. Estoy enamorado de ella, pues todos los días la espero junto a mi cama, desayunamos juntos frente a la ventana de nuestro apartamento que da hacia el mar y tomamos una bocanada de aire o nos alimentamos del aliento del otro. La observo y me dedico a contarle sus lunares, a detallar los rebotes de luz en su contorno. Ella me mira curiosa, intentando saber que pienso y se sonroja cuando le dedico una sonrisa. Yo me pregunto si ella sabe que estoy aquí, esperando pacientemente, refugiado en una choza bajo un intempestivo aguacero. Sigue leyendo

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Relatos de callejón III- El sonido de la rutina

Portada- Relatos de Callejón por Y. J. Rivas

Relatos de callejón

III

El sonido de la rutina

La mañana había comenzado con gracia. Desperté alarmado por el chirriante sonido del despertador. Golpeé el bendito aparato  por un minuto entero y no se callaba. Tumbé esa cosa al suelo y aun así no se cayó. Coloqué mi almohada sobre la cabeza para mitigar el estridente sonido. Ya vencido me levanté aun somnoliento y con aliento de dragón. Estiré los brazos y bostecé. Cuando me disponía a recoger el despertador del otro lado de la cama, golpee de lleno la pata con el dedo meñique del pie.

—¡Aaayyy, coño! grité como un espartano.

Me tiré al suelo con lágrimas en los ojos y me contraje hasta que el dolor disminuyó. Pero el dichoso aparato no se callaba. Y para colmo mi perro comenzó a ladrar.

—¡Cállate Filiberto!—le grité al perro.—Me repuse y cojee hasta la otra parte de la cama y justo cuando iba a levantar el despertador, este se cayó. Hubo de pronto un silencio profundo en la habitación. Esbocé un sonrisa sardónica. «Me la jugaste bien maldito aparato». Juro que podía escuchar el palpitar de mi pequeño dedo.

Pero la ducha siempre ha sido una bendición. Y si no fuera tan ecologista, podría durar horas bajo las caricias de un baño matutino.

Cuando ya estaba listo para salir, recogí mis llaves, alimenté al perro y me despedí de él. Cerré la puerta y bajé las escaleras, pero entonces me encontré con el perro del vecino de abajo; ese rabioso animal que ha querido morderme el cuello desde que tengo memoria. Allí estaba él, gruñendo y observandome fijamente.

—Dicen que no debes mostrarle miedo— pensé pero eso a mi no me sirvió de nada. Aquella bestia se lanzó sobre mi y logré esquivarlo por poco.

—¡Dios mío! ¡Este maldito animal quiere matarme! ¡Desgraciado! ¡Ayuda!

Yo tuve que correr hasta mi casa nuevamente para maldecir al animal y a sus dueños. ¿Qué clase de animal deja a un animal violento suelto? Ese es precisamente, el verdadero animal. Luego se quejan de que han encontrado a su mascota muerta por envenenamiento. También tuve que invocar la madre al otro vecino de enfrente, que me preguntaba si me había asustado. «¡Noooooo pendejo, regrese a buscar mi lanza y pelear contra él como Beowulf, imbécil!» Porque nunca falta quien haga preguntas estúpidas.

Cuando por fin pude salir, no tuve tiempo de quejarme con el vecino, pues ya tenía treinta minutos de retraso y eso en la ciudad hay que multiplicarlo por tres, en el mejor de los casos. La ciudad se inunda con una estrepitosa melodía. Las bocinas de los autos, el rugir de las motos y las voces de las demás personas se unen en un estallido de emociones.

Entonces levantas la mirada, te haces el sordo, observas el sol danzando entre los árboles y escuchas el canto de las aves. El dióxido de carbono y hasta el rocío en los árboles se conjugan en una fragancia urbana. Encuentras en el aire un lejano aroma a café y te concentras en el ese olor únicamente e ignoras todos los demás. Inhalas lentamente y quieres alzar los brazos y alcanzar el sol. Entonces vuelves  a la realidad al escuchar el frenazo del chófer ante un motorizado que se ha pasado la luz.

Cuando llegué al restaurante, los trabajadores estaban fumando al frente del negocio, había una pequeña nube gris sobre ellos que estaban esperando que yo abriera. Y así lo hice. Risas, reclamos y el repique del teléfono me recibe. Había comenzado el turno. Luego no faltó quien me llegara a preguntar si ya habían pagado. Entraban y salían por turnos.

—Mire mijo, cuando yo lo sepa, usted lo sabrá. Deje que yo me ocupe de eso y valla a trabajar.— le dije al último trabajador que entró.

—Quiero preguntarle otra cosa.

—¿Qué desea preguntarme?

—La señora Milagros me dijo que no quiere lavar las ollas porque lo hizo ayer y dice que ella tiene problemas en la espalda. Ella había hablado con el otro gerente y habían quedado en que ella no lavaría ollas.

—Pero no me has preguntado nada— dije arqueando mi ceja derecha.

—¿Qué le digo?— preguntó por fin.

—Dile que venga a hablar conmigo.

El carajo salió de mi oficina. Mientras tanto yo seguía enviando las órdenes de compra para los proveedores. Luchando con la arcaica computadora. Siempre me he preguntado porqué la oficina del gerente es la parte más fea en todos los restaurantes. ¿O es que siempre me han tocado las feas?

Por otro lado, el teléfono sonaba cada cinco minutos. A veces eran los proveedores, otras veces era la cajera  que pedía ayuda porque la máquina no quería imprimir las facturas. Otras veces era desde cocina, para decirme que se había acabado el pan. Y entonces…

—¡Yo no voy a volver a limpiar las ollas!— entró gritando aquella señora. Me había recordado el perro de esta mañana y al igual que aquella bestia, ladraba y quería mi cuello.

—¿Cuál es el problema?— Pregunté.

— ¡Yo hablé con el otro gerente y le dije que yo no podía! Tengo un problema en la espalda y no puedo agacharme y usted sabe que para limpiar esas sendas ollas, uno tiene que agacharse y cepillarlas bien. Y yo no puedo hacer eso.

—Cuando usted firmó su contrato no especificó ninguna discapacidad o impedimento para ejercer las labores inherentes a su cargo. Tampoco he sido informado de su condición.— Le dije, inclinándome sobre el escritorio.

—¿Qué?— preguntó. Observé la incredulidad de sus ojos por un momento.

—Que a mi no me consta que usted no puede.— resumí.

—¡Aaaaah, no! ¡Si me va a poner a limpiar las ollas entonces me voy! — exclamó altanera.

—¿A donde se va a ir?

—Pues, ¿Pa’ donde más? Pa’ mi casa.

—¡Caramba! —exclamé asombrado— si desea irse a su casa no la detendré, pero entonces no vuelva.

—¡Yo hablé con Rafael y le dije que no podía!

—Como puede observar, el señor Rafael no está.— dije, intentando mantener la calma— Usted no se manda sola. Tiene una tarea que cumplir y si no puede hacerla entonces buscaré a alguien que sí lo haga. Le recomiendo que solicite una constancia de discapacidad o busque un nuevo empleo. Todos tenemos una responsabilidad aquí y usted tiene una de las más importantes y si no la cumple entonces todos fallaremos. Y yo estoy aquí para evitar que eso pase.

La señora salió gruñendo de mi oficina, probablemente maldiciendome. Odiaba comportarme como un idiota pero no podía dejar que me amedrentara. «¿Quién se cree que es? Ya había tenido suficiente con una bestia sedienta de sangre humana en la mañana». Me pregunté si aquel animal seguiría allí para cuando yo llegara en la noche. Me estremecí de solo pensarlo. «Maldito perro asesino»

De pronto volvió a entrar aquel carajo. Esta vez venía cabizbajo.

—¿Qué ocurre? ¿Es la señora Milagros, de nuevo?

—No, es un cliente. El señor quiere hablar con el gerente porque encontró un vidro en el jugo.

—¿Un qué?—hice una mueca.

—Un vi-drio.

—¡Santísimo!— me crispé— Nosotros no tenemos jugos con vidrio en la carta, ¿Verdad?— dije en tono sarcástico. Él se encogió de hombros. Yo sonreí y le dije que ya iba. Observé el reloj en mi computadora y luego el que tenía pegado en la oficina; marcaban las diez y treinta de la mañana. Suspiré. «Otro día en el paraíso»

El día se pasó volando. Marché un plato de Pasta Alfredo y un refresco. El Chef me lo envió directo de la cocina con una nota que decía: «Hay bastante trabajo, esta noche le brindaremos al personal de cocina unas cervezas» Yo sonreí y observé de nuevo el reloj que marcaba las ocho de la noche. Las horas pasan rápido cuando el sonido de la rutina mantiene tu mente ocupada. Desde la estridente alarma, el ladrido de los perros, mis maldiciones a los aires y la cacofonía de solicitudes y reclamos, la mente se retrae, queriendo escapar de todo eso y no te das cuenta del tiempo que has pasado extendiendo la mano a desconocidos, brindando apoyo a tus trabajadores y procurando que el día no termine en caos. Levanté el teléfono, marque la extensión del chef y pautamos el brindis para el final del turno.

Y. J. Rivas

No signal

Actualmente no tengo teléfono móvil. Siento que he esquivado la necesidad de conexión con el resto del mundo, aunque sea por breves periodos de tiempo. No puedo explicarles el sentimiento contradictorio de aislamiento y liberación, de miedo y victoria por no tener que contestar una llamada ni los efectos secundarios de culpa por presionar el botón de desvío en caso de negar la responsabilidad de hacerlo.

He sido considerado geek de la tecnología e incluso etiquetado de tecnócrata pero he creado confusión en mis círculos cercanos por mi renuencia a adquirir un teléfono móvil como si se tratara de un dispositivo imprescindible para la vida. Sonrío con cierta satisfacción porque ya todos tienen que hablarme directamente sin intermediarios electrónicos (cosa rara porque aun así uso correo electrónico) y puedo ignorar sin remordimientos las escusas de que “te llamé pero no caía la llamada” o “te envíe un mensaje pero no respondiste”.

Vivimos en una era digital donde no hay escusas para no mantenernos comunicados y un teléfono móvil solo es medio. La desventaja es la imposibilidad de responder ante una emergencia.

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Las ventajas de cocinar en familia

A mi no me gusta pisar la cocina de mi casa. Cada vez que llego, lo único que hago es abrir el refrigerador para beber agua o jugo; luego me doy la vuelta y me voy al restaurante donde alguien mas cocine por mi. Yo considero que la comida sabe mejor cuando es preparada por otra persona, pero permitanme darles un mayor contexto antes que se hagan una idea errónea sobre mi.

La mayor parte de mi tiempo se va en estar frente a una cocina. Mi trabajo requiere de conocimientos teóricos y prácticos de como llevar un establecimiento gastronómico para satisfacer los paladares de personas muy exigentes. Yo no soy un Chef o cocinero, aunque si debo trabajar en conjunto con ellos ( o discutir, según el caso) pero al igual que ellos, me dedico desde hace años, a la actividad gastronómica en Venezuela pero de forma administrativa y sirvo como gestor de la calidad de servicio. Me gusta mi trabajo, el problema es que no es lo único que me gusta.
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Los profesionales que nos dedicamos al negocio culinario, lo hacemos con gran orgullo y pasión porque sabemos que es una de las actividades mas lucrativas y exigentes. Las personas que trabajamos en hoteles, restaurantes o cualquier otro establecimiento gastronómico , tenemos una vida social casi inexistente porque debemos cuidar de todos los detalles inherentes en el servicio.

Quizá por eso le huya a la cocina y en general a cualquier otro restaurante a no ser que en ellos se esparza el rumor de que hay un plato nuevo, robándose  los elogios de comensales sibaritas y críticos del arte de buen comer. Pero no todo el tiempo deseo estar en un restaurante ya que hay otras cosas que disfruto de igual manera: leer un libro, escribir lo que se me ocurra o pasear en el parque esperando encontrar algo que me inspire, entre otras cosas. Además que prefiero la comida preparada y servida por otros.

Sin embargo, hay algo que debo admitir: cocinar en familia nos brinda la satisfacción de recordar por qué decidimos dedicarnos a la gastronomía. Fortalecer los vínculos familiares usando como excusa la preparación de un banquete casero es una práctica que no debe subestimarse. La comunicación entre los miembros de la familia es un requisito fundamental para el núcleo de nuestra sociedad y es mucho mas fácil cuando esta se genera en la cocina. En este lugar se establecen diferentes temas de conversación en en cual todos participan de forma natural, mucho mejor que cuando solo se sientan a comer en una mesa.

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Cocinar en familia resulta mejor que solo comer en familia ya que esto ha sido convertido en una obligación en muchos hogares, solo para crear la ilusión de una familia unida, sobre todo con la llegada de la tecnología a nuestros hogares donde el comedor ya no es precisamente el lugar para comer; lo es el lugar donde esta la televisión. Pero para cocinar se necesita prestar mayor atención a lo que hacemos y por consiguiente, si estamos cocinando en grupo, se presta mayor atención a las personas a nuestro alrededor.

No deben pensar que cocinar en familia debe practicarse de manera forzada; debe ser generado de forma espontánea, invitando a todos los miembros de la familia y designándole pequeñas tareas. Obviamente, como en cualquier cocina, debe haber un líder. El mayor reto casi siempre es con los adolescentes, sobre todo si no saben cocinar y pocos se interesan en aprender. Los hombres por otro lado, solo se interesarán si ven a otro hombre participando (no se porque sucede esto) porque generalmente no nos gusta escuchar las conversaciones de mujeres y a veces huimos de ellas cuando están en grupos. Implementar esta actividad familiar requiere conocer un poco el comportamiento de los miembros de la familia para saber como iniciar pero una vez que ha comenzado, todo es cuestión de hacerlo que fluya de manera natural, evitando caer en conversaciones personales, sobre religión o política.

Implementar la practica de cocinar en familia es importante porque permite que todos aprendan a cocinar, conociendo las diferentes recetas familiares o cualquier otra receta famosa mientras comparten como una verdadera familia, apoyándose y comunicándose en una actividad tan básica y aunque no necesiten ser expertos en gastronomía y preparen un banquete extraordinario, seguramente se sentirán mas satisfechos y habrán recuperado una parte fundamental del convivir familiar , logrando conocerse mejor y creando un ambiente familiar muy nutritivo.

Turismo de letras: Aquellas cosas que debería escribir.

«Es hermoso escribir porque reúne las dos alegrías: hablar uno solo y hablarle a la multitud.»

Cesare Pavese (1908-1950) Poeta y novelista italiano.

Cuando mis estudiantes me abordan con preguntas sobre la actividad turística, veo en sus ojos la esperanza de convertirse en viajeros, eso está muy bien pero el turismo no es solo eso. Es decir, si necesita que las personas viajen, que se desarrollen a nivel personal y espiritual adquiriendo un vasto conocimiento del mundo que les rodea. Pero es solo una fracción de lo que significa ser un turismólogo.

Por supuesto que mi especialización son los servicios de alimentos y bebidas, pues es lo que he venido trabajando desde que tenía dieseis años. De hecho, comencé a trabajar como mesonero en un prestigioso hotel de Caracas y para cuando llegué a la universidad, ya tenía un amplio conocimiento de los servicios gastronómicos como elemento de la actividad turística. Lo que necesitaba era obtener un conocimiento teórico y más «científico».

Quizá la mejor parte de estudiar el fenómeno turístico sea la de socializar, pero de vez en cuando es bueno regresar a los libros y participar en las discusiones sobre los avances en las investigaciones del turismo; aún discutimos si realmente es una ciencia. Obviamente no podría ser un buen profesor si me dedico a leer únicamente, el conocimiento que se adquiere a través de la experiencia es muy significativo para tener una visión propia y si es necesario, refutar las hipótesis o teorías actuales. Entonces me convierto en un investigador, el primer paso para desarrollarme profesionalmente.

Los que me preguntan porqué me dedico a escribir historias de ciencia ficción, de horror o de romance quizá no comprendan bien la forma que tengo de hacer turismo. Escribir —para mi— se han convertido en un hábito, en una forma de recrearme en mi tiempo libre. El turismo depende principalmente del tiempo libre que dispone cada ser humano. En otras palabras, es un «turismo de letras», usar la escritura para desarrollarse a nivel personal y profesional.

En mi caso, es la justificación en mi propia visión del mundo y de las cosas que siempre me ha gustado leer lo que me ha impulsado a escribir cada día. Soy profesor universitario en el área de servicios turísticos y también soy un ávido lector de horror y ciencia ficción. Me encanta el rock y no temo demostrarlo. Y al contrario de que pueden pensar sobre los ‘rockeros’, aun por mi predilección por usar trajes negros, es que yo no luzco como un idiota, pues me gusta vestir bien. «Quizá esto sirva para mi currículo».

A veces siento que rompo las ilusiones de muchos de mi estudiantes al explicarles que no necesitan estudiar turismo para convertirse en viajeros y que los viajeros no siempre estudian turismo. El que estudia turismo se convierte en un prestador de servicios y que aunque viajen, siempre tendrán que hacerlo para servir a otros. Entonces confunden el servicio con ser esclavos.

—¡Basta!— les digo — los que estudian medicina lo hacen para servir a otros y pasan largas horas en los hospitales, y no por eso son esclavos. Ustedes pierden su tiempo en pretender que van a estudiar turismo simplemente para viajar; pues no necesitan de un título universitario para eso. ¿Es que no se dan cuenta que viajan más que yo al año? Yo tengo dos títulos y ustedes están estudiando para obtener el primero. En lo que a mi concierne, ya son viajeros. Mi trabajo es convertirlo en turismólgos y servidores para y de la actividad turística.

Estudiar turismo es prepararse para servir y adquirir un gran conocimiento de cómo funciona el mundo. El problema está en que el turismo como fenómeno no ha adquirido el reconocimiento que ha logrado, por ejemplo, la medicina o la arquitectura a través de los años, siendo estas unas de las ciencias más antiguas y que fueron en primer lugar, disciplinas.

Muchos estudiantes y profesores me han confundido con un profesor de letras, de publicidad, de filosofía y hasta de leyes y han quedado impresionados cuando les cuento que solo soy mesonero ( y sonrío al decirlo), pero luego les explico la forma en la cual he sido educado y la experiencia que he adquirido, en mis viajes, en la universidad, en el campo de trabajo en conjunto con todas las personas que han formado parte de mi vida, quedan desconcertados. Les explico que no hay nada espectacular, nada extraordinario, solo es hacer turismo.

Si desean pueden revisar el blog que estoy iniciando para compartir mi experiencias en turismo: turistosofia.wordpress.com

Y. J.Rivas

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Probably we should go to “The Earth 2.0“, but probably not.

Kepler 452b by NASA

Since I have seen the discovery of new planets by NASA, I imagined myself living an extraterrestrial life, in a new world with new people in a community as a promise of a better civilization. For a while, I’ve been thinking move away from this planet. I want to leave this Earth behind and start a new life far from this galaxy. I have many reasons to leave this Earth  and go to the “Another Earth” and probably you should  go with me… but probably not.

WORLDS: Other planets have been discovered but Kepler-452b is the closest yet to Earth. Found on http://www.dailystar.co.uk

I’ve seen the wonders that exist in many places, but I have also seen the ruins of what was once beautiful. War, genocide, disease and corruption degraded the dignity of man and perhaps this Earth will soon fight the virus of humanity to survive in the darkness of the universe … as it always has.

But I also wondered: What if this new world is colder?, What if this new world does not want me there?What if that world was better off without me, without any of us? What if it’s already inhabited? We’ll arrive like pests in the field, to consume the resources and spread our deficiency.

I’m not the best man on this planet, and frankly I do not know what to do to make a better world. I just write horror stories and tales of dystopian worlds, but when I fence to distant worlds that are hidden in the vast darkness of the cosmos, I probably will know what really means to be a human.

When you are away from home, you know what it means to have a home.

The new word needs new humans. YJRivas

The new word needs new humans. YJRivas

A new planet means a new civilization, a new beginning for all mankind. Do we forget what we have done here, in our homeland?

I know that one day the humanity will remember the interest in nature, and will use the science properly without underestimating the philosophy, then the human will rise into a new era of knowledge.

Probably we should go to The Earth 2.0, and probably not.

Probably we should go to The Earth 2.0, and probably not.

We must learn from our mistakes here and not leave our land simply because they do not give us your blessing or because she is dying. We must leave this world —as the seed leaves the tree— to spread throughout the space the foundations for a new world so that the whole universe vibrates with the beautiful sound of life and love of humanity.

If any of us have the opportunity to go to a new planet in the near future, we should bring the knowledge of our race; without flags, without distinction and without prejudice.

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It is a possibility that we’ll cry because we will miss our families, our friends and our lifestyle, but I know that wherever we go, The Earth and all who dwell in it will go with us. If We take the love of all humanity with us, we won’t be alone.

If I ever have the chance to go to one of these new planets, I will go with millions of people who will be watching at the sky, with the hope that one day, i will be pointing to heaven and saying to those people born on Earth 2.0: We come from the stars.

Y. J. Rivas

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Riqueza y Carencia – 4 clases de personas

A veces me despierto con ideas como esta, y no me queda otra mas que escribirla.

Es contradictorio imaginar que las personas que han tenido que luchar desde temprana edad para conseguirlo todo, al final se comporten como unos miserables. Y es que son aun mas ruines que aquellos que le precedieron. No entiendo la razón de humillar a quienes intentan superarse; sabiendo perfectamente lo que a ellos mismos le costó para lograr sus sueños. ¿Qué les da el derecho de hostigar a sus semejantes?

He escuchado muchas veces que la causa es “que el mundo es cruel”  y por lo tanto, ellos son crueles con sus congéneres…y aun mas crueles que el mundo. ¿Acaso olvidaron lo que sufrieron? ¿O es que no sufrieron lo suficiente? ¿Olvidaron las veces que rogaron a Dios para que levantara sus penas? Y si no sintieron que Dios los ayudó ¿Quién fué entonces, el hombre? Si es así, ¿Por qué no devolver el favor y ayudar al hombre?  Sigue leyendo

Buscando un lugar para tomar fotos

Ayer estuve con mi amigo Fernando López, buscando locaciones para hacer una sesión de fotos. No es que yo sea fotográfo pero él se está iniciando en el mundo de la fotografía y yo le he brindado mi apoyo para buscar en Caracas, los mejores lugares para sus sesiones fotográficas.

Debido a que conozco mucha gente, en muchas partes, acudió a mi con la esperanza de que yo lo ayudaría a escoger buenos lugares y a relacionarse con nuevas personas. Y así fué, decidí involucrarme con él y brindar todo mi apoyo. Lo único que le pedí a cambio es que me permitiera usar algunas de sus fotos para mis publicaciones en el blog, o por lo menos que me dejara a mi, tomar algunas fotos con su cámara. ¿Habrá sido mucho pedir?

Foto por Fernando López

Foto por Fernando López

Comenzamos recorriendo algunos sitios exclusivos de Altamira, y aunque fuimos rebotados de la mayoría, algo que me causó bastante curiosidad; pues permiten tomar fotos con celular pero no con cámaras profesionales. Lo cierto es que hemos comenzado a buscar sitios para tomar unas buenas fotos en la ciudad caraqueña, esperando promover su trabajo en mi blog y que me sirva para tener nuevas experiencias en un nuevo campo artístico.

Foto por Fernando López

Foto por Fernando López

Foto por Fernando López

Foto por Fernando López

Según el propio Fernando, su fotografía se caracteriza por la <<saturación de colores>>, lo que le permite plasmar su visión de la vida en cada fotografía. Algo que -según él- es lo que define a cada fotógrafo. Aún cuando en su trabajo predominan los retratos y los colores vivos, espera poder diversificarse a otros temas, entre ellos, una fotografía más oscura y esotérica. Un gran cambio que me resulta muy interesante.

Pueden revisar su trabajo a través de su cuenta en Instagram @Liber_mutis 

Y. J. Rivas 

@YjRivas

Un lugar perfecto para escribir (1º parte)

Me despierto aturdido envuelto en un delicada niebla. Mi ventana es golpeada constantemente y en ese ruido particular saludo a una joven blanquecina que lo cubre todo. Me pregunto donde está mi whisky e intento alcanzarlo en la mesa junto a la cama pero solo logro derramarlo.

Me quedó sentado a orilla de la cama, observando como la alfombra absorbe mi último trago. Siento el gélido aire que me abraza y observo la ventana entornada con pequeñas gotas de lluvia deslizándose en los vidrios. Me tomo mi tiempo para decidir si vale la pena levantarme. <<Quizá deba seguir observando la lluvia desde mi cama>>.

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Lo que realmente importa es me levanté con un deseo incontenible de buscar el lugar perfecto para escribir, bien sea continuar con mi libro o descubrir una historia nueva para contar. Tengo una vívida imaginación pero, de vez en cuando, tengo que buscar el lugar correcto para que mis ideas fluyan. Quedarme en una cama solo podría extender mi letargo.

Las vigorosas montañas me saludan enaltecidas entre casas de techos escarlatas. Un hermoso caserío, herencia de un pueblo alemán que, tras la declaración de independencia y como producto de la nueva ley de inmigración venezolana de 1840, llegaron a nuestro país después de 112 días de viaje. Luego, por un brote de viruela, tuvieron que desembarcar en la costa de Choroní.

Estoy enamorado del aire colonial, de su tradición y sobre todo de su buena cerveza. Pero sólo es una estancia para mi, pues no soy de los que se asientan en un solo lugar por mucho tiempo. Aunque al final siempre regreso, dispuesto a encontrarme de nuevo con aquellos sinuosos caminos y un aroma a melocotones y fresas con crema.

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Restaurante Biergarten. Colonia Tovar, Venezuela.

Al terminar de llover, me dirijo al restaurante “Biergarten” y me siento cerca de la ventana para poder observar aquel paisaje. Al observar el ambiente, siento que es momento de sacar mi laptop y comenzar a teclear una historia.

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Cultivos de Fresa. Municipio Tovar, Aragua.

  Luego de una buena comida, es momento de irme de aquel lugar. Quiero regresar a la ciudad, ya no necesito la tranquilidad que aquí encuentro porque mi historia está mas allá de un lugar apacible. La necesidad de establecer el conflicto es imperativo.

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Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar

El camino… ¡Oh, adoro el camino! Adoro observar las montañas y sentir la brisa verde del campo, los cultivos y los chalet a lo largo de aquella serpiente de asfalto, que me hacen sentir como un viajero de una tierra lejana. Aquí no puedo sacar mi laptop, pero puedo hacer uso de mi libreta. A veces no tengo nada que escribir, pero me dedico a observar los personajes, con sus propias historias a través de la ventana del autobús, esperando que me indique la mejor forma de iniciar un nuevo párrafo.

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Al llegar a Caracas, el ruido me da la bienvenida. Aquella ciudad, que curiosamente se le conoce también como “la ciudad de los techos rojos” por su antigua similitud con los pueblos andinos y cuyas casas también acostumbraban a tener techos rojos. Por un momento me la imaginé así; con una delicada niebla cubriéndola desde lo alto del valle. Pero todo han sido sustituido por edificios ennegrecidos, altos rascacielos, un exasperarte tráfico  y centros comerciales. Una urbe cosmopolita a la que le urge amor pero que le sobra  energía.

Ya entrada la tarde, me dirijo al centro de la ciudad. Observo a nuestras queridas <> de Parque Central, aquellas altas centinelas que se levantan sobre la ciudad como trofeos platinos por nuestra lucha. Es momento de quebrantar los límites.

Conocía a un buen amigo que vivía allí, así que recuerdo como entrar. Al hacerlo, me escabullo por las áreas de mantenimiento hasta llegar a la cima. Para mi sorpresa, ese día hay unos técnicos reparando uno de los ascensores. Las puertas hacia al cielo están abiertas.

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

En la azotea tenía una vista de 360º de toda la ciudad. Podía observar el angosto valle de Caracas como si fuera el antiguo dios del lugar. Me invadió la nostalgia. Luego sentí temor. Jamás había estado en la cabeza de una edificio tan alto. Tenia miedo de ser descubierto, tenia miedo incluso de ser abandonado allí por los de mantenimiento. Pero sabia que estaba en el lugar adecuado.

Me senté en la orilla y puse mis pies sobre la ciudad. Nunca en mi vida me había sentido tan aterrorizado y fascinado al mismo tiempo. Sabia que en un mal movimiento podía precipitarme cincuenta y nueve pisos contra el suelo. Ese era el lugar que necesitaba. Necesitaba ese sentimiento porque tenia que saber que se sentiría saltar desde alli, y aunque no iba a saltar – creáme, no estoy tan loco como parece- debía simular el acto de la manera mas precisa.

Casi no podía respirar, me daba terror desmayarme allí y caer. Así que cerré mis ojos y me concentré en el lejano sonido de la ciudad. Sentía que mi corazón estallaría y lo podía sentir en mis oídos. Entonces un sonido particular me hizo sentir aun mas terror.

Mi celular repicada. Había dejado el tema “How Soon Is Now” en la versión del dueto t.A.T.u.  como tono en mi teléfono. Sentí un frío en el espinazo y que una mano invisible me jalaba por los pies hacia abajo. Cierro mis ojos y dejo que caiga la contestadora. Es un mal momento para contestar llamadas.

Mantengo mis ojos cerrados, pues la ciudad parece girar en torno a la torre y siento vértigo. Al alejarme de la orilla, me aseguro en un pequeño rincón. Aun mi corazón late acelerado. ¡Es ahora! es hora de sacar la libreta y comenzar a escribir. Yo sentía el miedo y poco a poco comencé a sentir una cálida admiración por la urbe avileña.

Fotografía del Este de Caracas y la Universidad Central vistos desde la Torre Este de Parque Central por Carlos Itriago.

Llega el atardecer y los tonos rosas y naranjas transforman aquel escenario en un espectáculo memorable. Me siento inspirado y me siento feliz por estar allí, observando allende las montañas, las autopistas y las luces en movimiento de los autos. ¡Qué hermosa metrópolis! ¡Que desdicha que esté pasmada en la desidia!

Entro de nuevo al edificio. Los de mantenimiento ni se enteraron que salí o quizá no le dieron importancia. ¿Cómo podrían culparme por intentar sentirme el dueño del mundo? aunque fuese solamente para fines literarios. Hay muchas cosas que no encuentras en un best seller y la única forma de conocerlas es a través de la experimentación. El lugar perfecto es aquel que te hace sentir algo en particular.

Vista aérea del oeste de Caracas por la noche. Via CAV

Entrada la noche, cuando ya mis energías están agotadas seleccioné un nuevo tema en mi teléfono para escuchar mientras observaba como la ciudad brillaba en la oscuridad. Me pareció el más adecuado escuchar el tema “Neon City Nights” de la banda holandesa Grendel.  Fijé mis ojos en aquella montaña y comencé a pensar en lo que me haría sentir estar allí una noche. Y fue justo cuando supe adonde debía ir para seguir buscando un lugar perfecto para escribir.