Aquí en la tierra

Bajo la mata de mango

La hamaca se mece 

El viento sopla fuerte

Y yo aquí me desangro.
La plácida muerte llega 

El paraíso se detiene

La tierra se traga la saliva

Mas de aquel a quien duerme.
Las piedras suenan

El río no descanza

Las aves revolotean calladas

Las viejas caminan descalzas.
El fogón encendido 

El sancocho ya está hecho

Los niños corren eufóricos

¿Las gallinas recordaran a sus muertos?

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¿Realmente nos gustan las personas sinceras?

Cualquiera podría decir que la honestidad es una virtud que todo ser humano debe cultivar. Las personas honestas y sinceras son, en gran medida, el prototipo de ciudadano ideal y el mejor candidato para forjar una relación amistosa o romántica, ya sea porque considera que se debe vivir en armonía con lo que se piensa, lo que se dice y lo que la sociedad espera o porque sencillamente tuvo uno buena crianza. Esas personas dicen lo que piensan, y puedes hallar en ellos consejos asertivos y útiles,  gracias a su don de la verdad. Y precisamente ese es el problema. Sigue leyendo

La paradoja del escritor

«Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Tanto como el comer, porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas.»
Paul Auster, escritor estadounidense

Todo escritor es un creador, por más pequeñas que sean sus obras estas constituyen en sí mismas, una parte del escritor, no son el escritor en sí porque cada historia y cada personaje tiene un personalidad y una realidad muy diferente de la que tiene el escritor. A veces el escritor refleja su realidad a través de sus personajes y crea para ellos un mundo nuevo, queriendo muchas veces pertenecer al mundo que ha creado.

Si «en el principio era el verbo» donde el verbo es la palabra que describe la fuente de toda creación, entonces es normal que un escritor, gran artífice de la palabra, sea un creador. En palabras del erudito Herbert Marshall McLuhan «la mano que escribió una página, construyó una ciudad». La palabra es lo más poderoso que existe en el mundo y cuando el escritor las plasma en el papel o en un dispositivo, está creando; pero no lo hace únicamente cuando escribe, el proceso de creación aparece mucho antes, con la idea y el deseo de escribir. Entonces el escritor es un creador, pues somete mundos y personajes a su voluntad; creando y destruyendo con un propósito: el de contar una historia.

La realidad siempre es relativa por lo que nos podríamos preguntar ¿Qué tan reales son los personajes o los mundos para el escritor? Cada personaje creado no está desligado del escritor, ya que son una parte de él y permanecen en él durante toda la vida pero cuando dicho personaje es compartido con los lectores, se crean diferentes versiones de un solo personaje, ya que cada uno (tanto escritor como lector) describirá e identificará a dicho personaje o mundo  desde su propia imaginación y sus sentimientos.

Si «en el principio era el verbo» donde el verbo es la palabra que describe la fuente de toda creación, entonces es normal que un escritor, gran artífice de la palabra, sea un creador.

Si «en el principio era el verbo» donde el verbo es la palabra que describe la fuente de toda creación, entonces es normal que un escritor, gran artífice de la palabra, sea un creador.

Definimos nuestra realidad sobre la base de lo que percibimos con nuestros cinco sentidos por lo que podríamos suponer que nuestros personajes o los mundos en nuestras historias no son reales, de allí que se consideren a los novelistas o cuentistas como escritores de ficción. Bien decía el escritor Arturo Pérez Reverte, autor de «Las aventuras del capitán Alatriste»: «Escribo novelas para recrear la vida a mi manera».Obviamente, el escritor plasma en sus historias, una versión del mundo que conoce, pues está limitado a cumplir las leyes físicas de su propio entorno, por lo cual, extrapola esas propiedades a los mundos que ha creado y juega con ellas para crear ese mundo que tanto ha imaginado.

La creación inicia con el escritor pero no es completada sino hasta que interviene el lector. Siendo escritor y lector, dos parte de una sola cosa, como las caras de una misma moneda que, aún siendo antagónicos se complementan en el proceso de creación. Tenemos entonces la creación literaria como un proceso mental que es no más que una interpretación del entorno; es decir, estamos modificando la realidad, usando algo que ya está creado para adaptarlo a un nuevo entorno. Además, es curioso observar que la creación del escritor a menudo es un proceso de destrucción.

¡Cuidado! Escritor trabajando

Señal de advertencia ¡Cuidado! Escritor trabajando

Los escenarios en las obras están ligados y entrelazados a muchos escenarios reales que se mantienen en la memoria del escritor o que de alguna forma se crearon por la interacción de este con algún tipo de información externa. En aquella historia ficticia, todo se relaciona con normalidad siempre y cuando el escritor lo desee pero al traer esa trama a la realidad puede no ser tan normal como en un principio se cree. Jugar con lo normal es un ingrediente fundamental en el proceso de escritura, sobre todo en el caso de los escritores noveles que esperan que sus personajes sean aceptados por los lectores y que estos se identifiquen con ellos de alguna forma. Además esto hace que la historia sea creíble aun cuando parezca imposible. Pero cuando estudiamos con detenimiento la relación existente en la trama, sabemos que hay pequeños hoyos que en la realidad significa un cambio drástico en los acontecimientos.

Al escribir proyectas un mundo a tu medida. Jesús Fernández Santos (1926-1988) Escritor y novelista español.

Al escribir proyectas un mundo a tu medida.
Jesús Fernández Santos (1926-1988) Escritor y novelista español.

El escritor destruye mientras intenta crear. Los personajes en sus historias pueden morir repentinamente o nacer de la nada tan solo para cumplir un propósito literario. Un escritor puede haber creado decenas de borradores antes de terminar una obra y en ese proceso, mundos y personajes han sido creados y destruidos, pero aun cuando se destruye se sigue construyendo y viceversa, además nunca se pierde contacto con la realidad, ya que en realidad no se crea algo puro, sino que está inundado con las percepciones que el escritor tienen sobre su entorno y las modifica en sus obras, dando la idea de algo nuevo.

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¡Cuidado! Escritor trabajando

¡Cuidado! Escritor trabajando

Para una persona que se está iniciando en la noble arte de la escritura, la tranquilidad y el silencio son requisitos indispensables, pero hay algo todavía más importante: ¡no está permitida la vista curiosa de terceros! (a menos que sea un editor) Esto es un asunto delicado ya que cualquier distracción puede generar que las ideas (que tanto trabajo se han creado) se disuelvan como el azúcar en el agua.

Las personas que de alguna manera nos dedicamos a escribir, apreciamos el aislamiento por la necesidad de estar a solas con nuestra creatividad e imaginación y agradecemos que cualquier curioso que desee conocer sobre lo que estamos escribiendo, espere hasta que nos levantemos del escritorio para abordarnos con preguntas sobre lo que estamos escribiendo o sobre cualquier otra cosa que considere importante.

El trabajo de un escritor no es mero hecho de escribir, sino crear obras escritas de tal forma que influyan en los demás. El aislamiento de un escritor durante el proceso creativo no se trata de un ingrediente sino de un efecto, consecuencia que de la necesidad de este de generar algo con lo que se sienta complacido. Por esto es necesario que se respete la privacidad. También es necesario que el escritor busque el lugar adecuado para comenzar a escribir lejos de otras personas para evitar preguntas como:

  • «¿Sobre qué escribes?» Esta pregunta es de las más comunes y a veces puede ser contestada con un «no sé», y es que el escritor a veces no sabe sobre que escribe hasta que lo ha terminado.
  • «¿Ya terminaste?» Si no desean una respuesta tipo: «¿En serio? De haber terminado no estaría escribiendo» es mejor que esperen a que el escritor se levante y cuando lo haga seguramente responderá con un lacónico «no» y, en algunos casos, que deprima en el acto.
  • «¿A qué hora te acuestas?» Generalmente los escritores aprovechamos las horas de la noche para escribir porque hay mas tranquilidad así que podemos considerar a los escritores como seres nocturnos. Por eso si está frente al ordenador es probable que no tenga planeado acostarse temprano y lo mejor es dejarlo en silencio con sus pensamientos y sus letras.

Hay ciertas excepciones a considerar para la interrupción a un escritor mientras está con los dedos sobre el teclado o con un lápiz o pluma en la mano. Lo primero que deben hacer es asegurarse que haya silencio; si no escuchan el teclado es porque el escritor está en blanco y no tiene idea de lo que va a escribir. También suele suceder que esté dando vueltas en su oficina o en cualquier lugar que haya destinado para escribir. Estas interrupciones,  las cuales deben hacerse bajo previo aviso, son:

  • La llamada de algún editor.
  • La muerte de algún ser querido. Es necesario que se esté seguro que de verdad es una persona querida por el escritor ya que algunos familiares no necesariamente son considerados como seres queridos.
  • El llamado a comer el plato favorito del escritor.
  • La invitación a ingerir alguna bebida para que le ayude en su proceso creativo. De hacer esto, recibirá un enorme agradecimiento.
  • Si se trata de una incitación lujuriosa no necesariamente tiene que avisar pero debe tener en cuenta que el escritor no se sentirá atraído tan fácilmente.

Quizá deba haber unas instrucciones sobre «cómo vivir con un escritor» (debería escribirlas yo mismo) que pueda facilitar la vida de las personas que tienen dentro de sus miembros familiares a algún escritor y que de alguna forma sienten que han sido excluidos de su vida pero la verdad es que, el escritor siempre necesita de algún tipo de apoyo, solo que su trabajo consiste únicamente en escribir y para esto es necesario que halle esa voz interior con la que puede crear aquellos mundos que tanto adoramos visitar entre las páginas de alguna novela. Todo esto gracias al silencio y a que alguna persona tuvo cuidado de no molestarlo en su proceso de escritura.

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Derivaciones del Tiempo.

Anoche soñé con el tiempo. Fue un sueño cálido, un sueño hermoso. Soñé con el principio y el final, el origen y las consecuencias de nuestras decisiones. Estaba dormido sobre una cama de satén y seda viajando por encima de todas las cosas en una cesta de mimbre.

En mi sueño parecía haber encontrado la razón de toda duda, la reconciliación de toda paradoja y vi la raíz de todo ciclo. El tiempo se presentó como las ramificaciones posibles de una monada preconcebida, pasando de causa a consecuencia. Eran las raíces de un árbol invisible o más bien como los surcos de la palma de nuestra mano en un crecimiento continuo y derivaciones infinitas.

Todo esta resuelto. Pensé que el orden y el caos eran solo los nombres con los que llamábamos a lo que podíamos controlar y a lo que nos controlaba a nosotros; que las horas solo eran destellos de incertidumbre. Entonces mi mente se iluminó como el cosmos al momento del Big Bang y alcanzó toda oscuridad latente. Hubo regocijo y sentí calma.

Todos los acontecimientos eran nódulos en una red astronómica que se extendía desde los confines del subconsciente hasta las órbitas de las galaxias. Soñé con partículas, soñé con el sueño y soñé que estaba despierto.

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Un lugar perfecto para escribir (1º parte)

Me despierto aturdido envuelto en un delicada niebla. Mi ventana es golpeada constantemente y en ese ruido particular saludo a una joven blanquecina que lo cubre todo. Me pregunto donde está mi whisky e intento alcanzarlo en la mesa junto a la cama pero solo logro derramarlo.

Me quedó sentado a orilla de la cama, observando como la alfombra absorbe mi último trago. Siento el gélido aire que me abraza y observo la ventana entornada con pequeñas gotas de lluvia deslizándose en los vidrios. Me tomo mi tiempo para decidir si vale la pena levantarme. <<Quizá deba seguir observando la lluvia desde mi cama>>.

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Lo que realmente importa es me levanté con un deseo incontenible de buscar el lugar perfecto para escribir, bien sea continuar con mi libro o descubrir una historia nueva para contar. Tengo una vívida imaginación pero, de vez en cuando, tengo que buscar el lugar correcto para que mis ideas fluyan. Quedarme en una cama solo podría extender mi letargo.

Las vigorosas montañas me saludan enaltecidas entre casas de techos escarlatas. Un hermoso caserío, herencia de un pueblo alemán que, tras la declaración de independencia y como producto de la nueva ley de inmigración venezolana de 1840, llegaron a nuestro país después de 112 días de viaje. Luego, por un brote de viruela, tuvieron que desembarcar en la costa de Choroní.

Estoy enamorado del aire colonial, de su tradición y sobre todo de su buena cerveza. Pero sólo es una estancia para mi, pues no soy de los que se asientan en un solo lugar por mucho tiempo. Aunque al final siempre regreso, dispuesto a encontrarme de nuevo con aquellos sinuosos caminos y un aroma a melocotones y fresas con crema.

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Restaurante Biergarten. Colonia Tovar, Venezuela.

Al terminar de llover, me dirijo al restaurante “Biergarten” y me siento cerca de la ventana para poder observar aquel paisaje. Al observar el ambiente, siento que es momento de sacar mi laptop y comenzar a teclear una historia.

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Cultivos de Fresa. Municipio Tovar, Aragua.

  Luego de una buena comida, es momento de irme de aquel lugar. Quiero regresar a la ciudad, ya no necesito la tranquilidad que aquí encuentro porque mi historia está mas allá de un lugar apacible. La necesidad de establecer el conflicto es imperativo.

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar por YJRIvas

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar

El camino… ¡Oh, adoro el camino! Adoro observar las montañas y sentir la brisa verde del campo, los cultivos y los chalet a lo largo de aquella serpiente de asfalto, que me hacen sentir como un viajero de una tierra lejana. Aquí no puedo sacar mi laptop, pero puedo hacer uso de mi libreta. A veces no tengo nada que escribir, pero me dedico a observar los personajes, con sus propias historias a través de la ventana del autobús, esperando que me indique la mejor forma de iniciar un nuevo párrafo.

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Al llegar a Caracas, el ruido me da la bienvenida. Aquella ciudad, que curiosamente se le conoce también como “la ciudad de los techos rojos” por su antigua similitud con los pueblos andinos y cuyas casas también acostumbraban a tener techos rojos. Por un momento me la imaginé así; con una delicada niebla cubriéndola desde lo alto del valle. Pero todo han sido sustituido por edificios ennegrecidos, altos rascacielos, un exasperarte tráfico  y centros comerciales. Una urbe cosmopolita a la que le urge amor pero que le sobra  energía.

Ya entrada la tarde, me dirijo al centro de la ciudad. Observo a nuestras queridas <> de Parque Central, aquellas altas centinelas que se levantan sobre la ciudad como trofeos platinos por nuestra lucha. Es momento de quebrantar los límites.

Conocía a un buen amigo que vivía allí, así que recuerdo como entrar. Al hacerlo, me escabullo por las áreas de mantenimiento hasta llegar a la cima. Para mi sorpresa, ese día hay unos técnicos reparando uno de los ascensores. Las puertas hacia al cielo están abiertas.

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

En la azotea tenía una vista de 360º de toda la ciudad. Podía observar el angosto valle de Caracas como si fuera el antiguo dios del lugar. Me invadió la nostalgia. Luego sentí temor. Jamás había estado en la cabeza de una edificio tan alto. Tenia miedo de ser descubierto, tenia miedo incluso de ser abandonado allí por los de mantenimiento. Pero sabia que estaba en el lugar adecuado.

Me senté en la orilla y puse mis pies sobre la ciudad. Nunca en mi vida me había sentido tan aterrorizado y fascinado al mismo tiempo. Sabia que en un mal movimiento podía precipitarme cincuenta y nueve pisos contra el suelo. Ese era el lugar que necesitaba. Necesitaba ese sentimiento porque tenia que saber que se sentiría saltar desde alli, y aunque no iba a saltar – creáme, no estoy tan loco como parece- debía simular el acto de la manera mas precisa.

Casi no podía respirar, me daba terror desmayarme allí y caer. Así que cerré mis ojos y me concentré en el lejano sonido de la ciudad. Sentía que mi corazón estallaría y lo podía sentir en mis oídos. Entonces un sonido particular me hizo sentir aun mas terror.

Mi celular repicada. Había dejado el tema “How Soon Is Now” en la versión del dueto t.A.T.u.  como tono en mi teléfono. Sentí un frío en el espinazo y que una mano invisible me jalaba por los pies hacia abajo. Cierro mis ojos y dejo que caiga la contestadora. Es un mal momento para contestar llamadas.

Mantengo mis ojos cerrados, pues la ciudad parece girar en torno a la torre y siento vértigo. Al alejarme de la orilla, me aseguro en un pequeño rincón. Aun mi corazón late acelerado. ¡Es ahora! es hora de sacar la libreta y comenzar a escribir. Yo sentía el miedo y poco a poco comencé a sentir una cálida admiración por la urbe avileña.

Fotografía del Este de Caracas y la Universidad Central vistos desde la Torre Este de Parque Central por Carlos Itriago.

Llega el atardecer y los tonos rosas y naranjas transforman aquel escenario en un espectáculo memorable. Me siento inspirado y me siento feliz por estar allí, observando allende las montañas, las autopistas y las luces en movimiento de los autos. ¡Qué hermosa metrópolis! ¡Que desdicha que esté pasmada en la desidia!

Entro de nuevo al edificio. Los de mantenimiento ni se enteraron que salí o quizá no le dieron importancia. ¿Cómo podrían culparme por intentar sentirme el dueño del mundo? aunque fuese solamente para fines literarios. Hay muchas cosas que no encuentras en un best seller y la única forma de conocerlas es a través de la experimentación. El lugar perfecto es aquel que te hace sentir algo en particular.

Vista aérea del oeste de Caracas por la noche. Via CAV

Entrada la noche, cuando ya mis energías están agotadas seleccioné un nuevo tema en mi teléfono para escuchar mientras observaba como la ciudad brillaba en la oscuridad. Me pareció el más adecuado escuchar el tema “Neon City Nights” de la banda holandesa Grendel.  Fijé mis ojos en aquella montaña y comencé a pensar en lo que me haría sentir estar allí una noche. Y fue justo cuando supe adonde debía ir para seguir buscando un lugar perfecto para escribir.

No tener nada que publicar

Hoy desperté con unas ganas inmensas de publicar algo. Me sentí como si el blog no fuera un pasatiempo sino más bien una obligación ¿Por qué? pero esa no es la pregunta que  más importó, la verdadera pregunta fue ¿Con quien tengo la obligación? que llevó a otras tantas preguntas como ¿Es una obligación conmigo?¿con alguien más?

No sé en que momento comencé a exigirme tanto, no sé en que momento comencé a tomármelo tan en serio. La verdad es que es aún cuando no se tenga algo concreto para publicar y que tengas la bandeja de borradores con tantos trabajos inacabados, no significa que no haya algo que compartir.

Éste es un blog personal y no responde a criterios específicos y mucho menos me pagan por mantener su noticias con información relevante pero lo cierto es que, aún cuando descanso de palabras elaboradas por algun sentimiento poético, me encanta tener algo que contar en el día. Hoy cuento que no tengo nada que contar.

Un Bartender que se cree escritor ¿O un escritor que se cree bartender?

   La primera vez que escribí un poema lo hice para la clase de castellano en el Liceo Juan Lovera. No recuerdo el poema en sí y francamente no creo que haya sobrevivido al martillo del tiempo pero sé que, además de una exigencia del profesor, lo hice pensando en el rostro de una hermosa niña. En ese entonces tenia 13 años aproximadamente, la composición era de 4 estrofas, cada una con 4 versos. En ese mismo curso estudiaba higiene y manipulación de alimentos y fue la primera vez que cocine un bizcocho.

   Nadie en ese entonces se podía imaginar que, aunque en aquellos días apenas estaba aprendiendo a cocinar, ya podía escribir un guión de una obra teatral. Aquel guión lo llamé “Sombras Blancas” y lo recuerdo bien porque era de terror. La cocina no se me daba bien pero ya al final del curso había escrito al rededor de tres guiones teatrales para el liceo y garabateado unos cuantos poemas en un pequeño libro. Entonces crecí, viví amores, me gradué de Bachiller en Ciencias y Tecnología y tenia un repertorio de aproximadamente 100 poemas, 3 ensayos, 4 guiones teatrales y un cuento. Me había dado cuenta que me había convertido en un escritor del genero de ficción. Obras que siempre acompañaba de dibujos y símbolos.

    Pero sucedería algo que no esperaba, me encontraría de nuevo con el mundo de la gastronomía en el año 2005 cuando entraría, por medio de mi abuelo, el profesor y Presidente de la Asosiación Venezolana de Barmen Francisco (Paul) Rivas; aunque ésta ultima labor no hubiese sido por mucho tiempo, comencé a estudiar en el INCE. En ese entonces el INCE estaba en su apogeo. Mi salón de clases fué uno de los salones del Hotel Meliá Caracas y allí entré de lleno en los servicios de restauración. Aprendí etiqueta y protocolo, organización de eventos, francés, ingles y me encontré con la coctelería. Tiempo después, al cumplir la mayoría de edad, realicé el curso de barman en la asociación que mi abuelo presidió.

    Muchos pensaran que se trata de un fallido intento de escribir una autobiografía lo cual, es bastante tentador considerando que vivimos en un mundo escrito donde todas nuestra relaciones personales y profesionales se basan de nuestras biografías. Por supuesto que todavía no me dedicaré a escribir una autobiografía ya mi vida está en pleno florecimiento y lo más interesante puede que no haya sucedido todavía.

   En la coctelería o mixología el barman debe conocer los ingredientes, la elaboración, la clasificación, el correcto uso de los materiales de trabajo y por supuesto que “debe ir con que” para crear una bebida especial basada en tres principios fundamentales; Aroma, Color y sabor y todo ésto va dentro de la presentación.  Pero el ser bartender no es sólo está en  la correcta integración de aquellos ingredientes.  Debe haber un gran sentido del arte, en cuanto a la presentación de su creación y respeto en cuanto a la creación de otros barman. Debe crear aquello que le gustaría probar, usa los ingredientes que mas le gusta para crear nuevos sabores, aromas y colores para que, aquellos a quien se los ofrezca, agrade. Entonces el bartender se convierte, al igual que un chef, en todo un artista.

   En el caso del escritor, la historia es parecida. Un escritor debe reunir en lo que escribe, aquello que le place, aquello que le gustaría leer y a diferencia del barman, no busca que su libro agrade a los demás sino simplemente expresar su visión del mundo, bien sea que lo exprese de manera real o se base en la ficción. La verdad es que un escritor se forja escribiendo, así como lo hace un barman cuando se foguea en la barra. Ninguno de los dos nace con las habilidades especificas que deben poseer pero cada uno puede aprenderlas con la practica.

     Con ésto quiero probar que, cualquiera que éste dispuesto a seguir el noble arte de la escritura, lo único que tiene que hacer es escribir . Ser barman no me ha impedido escribir, es mas, en ese ambiente tan social donde he conversado con clientes de muchos países, de varios idiomas y de muchas costumbres, he encontrado mucha inspiración; paran escribir poemas, relatos o éste pequeño articulo que hoy comparto con ustedes.