29 cosas que no sabías sobre el idioma español (actualizado)

En Europa y gran parte de América, millones de personas escribimos y hablamos en Español. Este fue el idioma que aprendimos en la escuela y en nuestras casas a través de nuestros familiares. A pesar de que existe una polémica entre la denominación de Español y Castellano; si son diferentes o sinónimos (sobre todo en Venezuela donde se denomina al idioma como «castellano venezolano»), se debe aclarar que el Castellano es el idioma procedente del Reino de Castilla y que el Español es la base para establecer una lengua estándar y evitar «variantes excesivas» del idioma, originando la unificación de la Corona Española y la creación de la Real Academia Española. En este sentido, nuestro idioma, al igual que muchos otros, tiene muchas singularidades y anécdotas que lo acompañan a lo largo de su evolución como lenguaje. Para esto he creado una lista de las 29 cosas más curiosas sobre el idioma español, que vale la pena conocer. Sigue leyendo

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Relato: Reflejo amante.

«Nadie nos ve, mas estamos a la vista; nadie nos juzga, mas somos pecadores. Bailamos al ritmo de nuestra propia tonada…» (Y. J. Rivas, En trance.)

Cada mañana era un tórrido deseo de sentirse mujer. Despertaba entre suspiros esperando encontrar sobre ella, el rostro de aquel hombre a punto de entrar en su interior. A penas podía entender la razón de aquel deseo impávido por un hombre que no le correspondía. Ella Abría los ojos y se sonrojaba al verse en el espejo, con las manos entre las piernas, suscitando la lujuria que la apresaba entre aquellas sábanas rosas. Abría su boca y callaba el gemido con la almohada.

Al vestirse, se quedaba largo rato observando su cuerpo en aquel espejo; cabellos rubios a la altura de los hombros, ojos café, labios carnosos y facciones de una tierna joven que aun espera por su cumpleaños número dieciocho. Se sentía insegura de sí misma, preguntándose si aquel hombre la desearía y si aquel uniforme escolar suponía un gran obstáculo. Decepcionada, salía a toda prisa del cuarto. Bajaba las escaleras con su rostro fruncido, esperando encontrar a nadie en su  camino. Todo parecía indicar que ese día no iba a ser el mejor; nada le quedaba bien, no había forma de poder ser quien quería ser, pero por sobre todas las cosas, sentía celos.

—¡Buenos días Fabi— le saludó su madre.
—No son buenos días—contestó Fabiana.
—¡Vaya! Es muy temprano para andar de malas.
—Como sea.

La madre se llevó los brazos a la cintura y resopló. Por un momento la rabia se le subió al rostro pero ella estaba de muy buen humor y no quería iniciar una pelea con su hija la cual no llegaría a ningún lado. Aun cuando la rebeldía de Fabiana la molestaba, no había nada le hiciera cambiar de parecer. En ese instante sonó su celular, el pequeño hermano de Fabiana, José, extendió el aparato y ella lo siguió con los ojos, atenta a conocer el interlocutor.

—¡Buenos días!— Contestó la madre con una voz chillona.

No había duda que era él. Fabiana conocía ese tono de voz y la forma en la que se sonrojaba cuando hablaba con él. Observaba discretamente la forma en ella expresaba su amor y se preguntaba si ella podría sentir lo mismo. El hombre que ella deseaba le pertenecía a alguien más. Fabiana sintió que debía estar atenta a escuchar la conversación. Mientras hablaba, la madre servía el desayuno. Le daba indicaciones a Fabiana con los dedos para que la ayudara.

Todos se sentaron a comer pero la mamá seguía en su idílica conversación con su enamorado. La joven madre acariciaba sus negros cabellos al hablar y Fabiana quien, observaba su risa, se sentía cada vez más disgustada. Fabiana sentía que su madre le restregaba su felicidad en la cara. Ya era suficiente. Entonces se levantó de golpe.

—Ya no tengo hambre.

—¡Pero no tocaste la comida!

La joven Fabiana salió despedida de la cocina, esperando correr tan rápido que no le diera tiempo sentir nada más. Lleva meses esperando recibir más que un gesto amable de cortesía. Lo amaba desde hacía tanto tiempo que cada palabra le resultaba tan dura como el hecho de que probablemente jamás tendría su amor. Cuando cruzó la puerta alcanzó a escuchar a su madre.

—No se que le pasa hoy— alcanzó a decirle la madre a su interlocutor— cosas de la adolescencia.

Ella no pudo contener un grito de impotencia. Tenía ganas de contárselo a ella, de explicarle que no era su culpa que lo deseara. Pero no podía más que callar, por el bien de ella misma.

Al llegar al instituto, respiró hondo por encontrarse en aquel sitio donde era invisible. Donde su mente se iba en cálculos de álgebra y química. No había mejor lugar para olvidar lo que le pedía su cuerpo, que buscando los desafíos matemáticos que ocuparan su mente. Aunque esto último sería aun más difícil cuando observara a lo lejos, la causa de aquel deseo que la consumía desde hacía tanto tiempo.

Al otro lado del patio principal del instituto, estaba aquel joven de cabellos negros, de ojos café y pómulos prominentes. Llevaba su típica chaqueta negra y su aire de joven exitoso. Casi cualquier chico en el instituto pasaba la mayor parte del tiempo besándose con las chicas y, aunque generalmente lo hacían a escondidas, este no tenía problemas para hacerlo a la vista de todos. Los cabellos negros de aquella chica que era besada apasionadamente, no impedía que ella siguiera observando. De pronto, el deseo de cambiar de lugar le hizo sonreír, burlándose de su patético sentimiento.

Pasó tanto tiempo observándola, que no advirtió que tenía al frente, a su profesor de historia. Este llevaba tiempo observándola, preguntándole sobre su proyecto de ecología para el instituto que tanta controversia había generado. La taciturna Fabiana solo suspiraba. El profesor siguió su mirada hasta llegar a la pareja. Entonces sonrió y se le acercó.

—¿Hay alguien allí?— preguntó el profesor, sacándola abruptamente de su abstracción.

—¡Profesor Andrés!—exclamó. Sintió que la sangre se le iba al rostro.

—¿Interrumpo algo?

La joven Fabiana lo miró por algunos segundos.

— De hecho si. ¡No tiene idea de cuánto he querido besarlo, de cuánto tiempo he estado esperando por estar entre sus brazos y que me diga a mi, no a ella, que soy la mujer de su vida! Pero lo único que consigo es que usted venga y me aleje de él con la intención de preguntarme sobre algo que no le interesa. Lo odio. Odio tener que conformarme con su simpatía, odio tenerlo tan cerca y que al mismo tiempo esté al otro lado de la clase.

—No, no interrumpe nada. —contestó. El carácter de Fabiana era voluble en esa época de su vida. Hablar con su profesor la calmaba pero paradójicamente su deseo se intensificaba al tener que compartir la clase con aquel joven que la traía poseída. Ella era una de las mejores estudiantes pero por alguna razón la historia era particular difícil para ella. Al contrario de lo que uno puede esperar en una chica, la fechas no era su fuerte. El apoyo que aquel joven le brindaba en cada clase, no solo había logrado salvar sus notas sino que también le había permitido que le hablara por primera vez directamente. Había logrado tener sus ratos a solas con él.

Al terminar la clase, aquel joven fornido que siempre estaba cerca de la ventana se despidió de ella, ofreciéndose en ayudarla con su proyecto de reciclaje.  Él era el más popular pero no por eso dejaba de ser amable con ella, pues también lo había ayudado a pasar su examen de matemáticas. Había sido una de las pocas veces en las que se había quedado sola con un chico, aun cuando no hubiese nada entre los dos y que probablemente jamás lo habría.

El profesor Andrés, como era costumbre, siempre le ofrecía un tiempo extra para ponerse al día con su proyecto estudiantil. Ese día Fabiana se rehusó. No tenía deseos de quedarse a hablar con él sobre ambientalismo. Lo que ella quería era ser besada. No le importaba tener que verlo con otra chica pero no se resistía cuando lo tenía aunque fuese por un breve momento, tan cerca de ella. Aun así, sabía que era muy importante su apoyo. Fabiana se excusó diciendo que debía encontrarse con otros compañeros para investigar sobre termodinámica. Ella y el profesor quedaron en verse horas más tarde.

Había iniciado la temporada de lluvias y a las seis de la tarde ya había oscurecido bastante. Fabiana observaba como la lluvia lavaba la ciudad dejando solamente la humedad de una oscuridad inalterable que surgía como un manto fantasmagórico sobre las luces y estás, luchaban por alcanzar el cielo. Pero algo sucedía frente a su casa, y ella, en su letargo, no se daba cuenta. Bajó la mirada solo para sentir como su corazón se atravesaba en su garganta.

Bajo el pórtico de la casa, se detenía aquel joven que robaba los deseos impúdicos de Fabiana. Ese joven llevaba tiempo observándola sonriente.

—¿Cuánto tiempo llevas allí observandome? — Le preguntó Fabiana, sorprendida por la inesperada llegada de aquel joven de chaqueta negra.

—El suficiente para notar cuánto te gusta lluvia.

—¿Te dedicas a vigilar a las niñas en su ventana?

—Sólo a las hermosas.

Fabiana sintió como se le ruborizaba el rostro. Tragó saliva, pero solo bastó un par de segundos para que reaccionara. Entornó los ojos y se retiró de la ventana. Sonreía para sí misma y observaba aquel espejo que en la mañana la había visto acariciando cada centímetro de cuerpo por él. No podía evitar sentir el fuego en su interior, no podía contener el ímpetu de su frugal corazón.

—¡Oye!¿Me abrirás la puerta? Gritó el joven desde la calle.

—¡Claro! — contestó Fabiana. De pronto se sentía feliz, se sentía fascinada por el hecho de tenerlo en la puerta  esperándo  por ella. Buscaba algo bonito para ponerse. Aún cuando no le gustaba maquillarse intentaba torpemente de pintarse los labios. Al terminar bajó rápidamente las escaleras.

—¿Quién grita en la puerta?—Preguntó su madre. Fabiana quería ser la primera en abrir la puerta pero su mamá ya estaba varios pasos delante de ella.—¡Vaya, te maquillaste!— le dijo. Entonces Abrió la puerta en cuestión de segundos.

—Buenas noches señora Ana.— saludó el joven.

—Hola Andrés. Si sabes que tenemos un timbre, ¿verdad?

El joven sonrió.

—Vi a Fabiana en la ventana y no creía que fuera necesario.— contestó, dedicándole un guiño a Fabiana.

La madre se volvió a ver a Fabiana y le sonrió. Pero algo había en su sonrisa que no le agradó a Fabiana. Conocía bien a su madre como para saber todas sus formas de sonreír y aquella sonrisa no era precisamente para ella.

—Nani— le llamó el pequeño José. — quiero ir al baño.

—Ya voy — le dijo Fabiana.

Pero a ella le tomó otros segundos más, como si se tratase de una película en cámara lenta,  darse cuenta de que aquel final sería como una espina en el corazón. Aquel joven se acercó, puso un pie en el interior de la casa y beso suavemente los labios de su madre. Fabiana los observaba desde las escaleras, agarrándose de la pared por miedo a caerse. Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas y como su corazón, antes azaroso, se clavaba en su garganta impidiéndole respirar. Ella no podía soportar verlos así. Decepcionada, se dispuso a volver a su cuarto con la única intención de soltar su pena, una vez más.

Con los ojos aguados y conteniendo el llanto, Fabiana llevó a su pequeño hermano hasta el baño y lo ayudó a bajarse los pantalones para orinar.

—¿Qué tienes Fabi?— preguntó su hermanito en toda su inocencia.

—Nada, mi pequeño.—

—¿Viste el nuevo juguete que me regaló mamá?— le preguntó José mostrándole un muñeco de acción que tenía en la mano.

—Es genial— Contestó.

Luego de ayudarlo a terminar, el pequeño José bajó las escaleras pero Fabiana se sentó de nuevo frente al espejo del baño. Ella se observaba a sí misma y sentía como la rabia le apretaba el cuerpo. Odiaba a su mamá, odiaba a su profesor. El odio se acrecentaba como el fuego sobre las brasas, pero algo más aterrorizó su mente: no tardó en comprender que aquel odio era motivado por los celos y el deseo irrefrenable de que fuera él quien la amara. Arrancó a llorar desconsoladamente.

Por primera vez en su vida había sentido odio a su madre, a quien siempre había amado, y todo solo por un hombre. La vergüenza rápidamente la consumió por completo. Jamás en su vida se habría imaginado tener que odiar la felicidad de su progenitora y solo porque tenía el amor del hombre que ella desde un principio, siempre había deseado. Su llanto se convirtió entonces, en el odio a sí misma, en el temor de ser una hija malagradecida y traicionera, porque llevaba meses haciendo el amor con el novio de su madre. Aunque fuesen solo fantasías. ¿Cómo podría privar al tierno fruto de la juventud, de hallar en el sexo, la poesía mística de su naturaleza?

Bajó de nuevo las escaleras, intento no ver a ninguno de los dos. Cogió las llaves y cuando estuvo a punto de salir, su madre la detuvo.

—¡Fabiana! ¿A donde vas a esta hora?

Fabiana se detuvo, intentando que su madre no viera sus ojos llorosos, pues no tenía ni las fuerzas ni la intención de explicar. No podía hacerlo aunque quisiera.

—Olvidé mi cuaderno de biología en casa de Gloria. Debo ir a buscarlo.

—Pero Andrés ha venido esta noche para ayudarte también en tu proyecto.

—No creo que pueda hacerlo hoy.

—¿Volverás para cenar?

Fabiana suspiró.

—No mamá, me quedaré a dormir allá.

—Qué Dios te bendiga.

Al cerrar la puerta, Fabiana respiró hondo. La verdad es que no le había mentido a su madre sobre que tenía que ir a buscar el cuaderno, el problema era que Gloria vivía al otro lado de la ciudad. Había olvidado su bolso con el dinero y no había forma de que lograra llegar hasta su casa. Solo le urgía caminar para despejar su mente. Además tampoco tenía intenciones de quedarse a dormir en casa de Gloria donde ella también le recordaba por qué deseaba tanto a aquel hombre.

Las calles iluminadas bajo una llovizna grisásea parecían representar el laberinto de su mente y la oscuridad que se había posado sobre su corazón. No podía regresar al refugio de su cuarto así que tenía que caminar varias calles para lograr encontrar la tranquilidad que necesitaba. Se aferró a su abrigo y comenzó a caminar. No tenía idea de hacia donde iría.

Tantos pensamientos de vergüenza, temor y deseo la hacían preguntarse si había algo malo en ella por no poder controlar la necesidad imperiosa de tener sexo con el novio de su madre, con la idea de cambiar de lugar.  Sentía un gran conflicto en su interior porque no podía entender aquel íncubo que se posaba en su cama, que había perturbado su mente y que ella con tanto gusto había dejado entrar. «¡Estoy enferma!»

En su solitaria caminata nocturna, solo era acompañada por el reflejo en los vidrios de las tiendas y carros de la avenida. Se acercó de nuevo a saludar a su reflejo en una tienda de vestidos que había cerrado hace horas. Aquel espejo reflejaba su pena. Hace varios meses que los espejos se habían convertido en sus amigos silencioso, en el eco de sus deseos y en el frío recuerdo de que tenía que olvidarse de Andrés. Pero a pesar de la tristeza amaba a su madre por sobre todas las cosas. Decidió plantar cara a la situación, pues la mejor forma de matar el deseo que tenía, era enfrentar el hecho de que a su madre era feliz por primera vez desde que su padre las había abandonado y que eso era lo único que en realidad importaba.

Pasaron varias horas antes que Fabiana decidiera por fin volver. Regresar a su casa era la prueba de que había logrado calmarse aunque todavía estuviera enojada consigo misma por ser tan inmadura. «Por esa razón él no lograría amarla». Resignada a superar un amor no correspondido cruzó el umbral de su puerta, esperando que, al entrar, dejara afuera todo ese embrollo de sentimientos infortunados y lascivos que recorrían su cuerpo. Estaba equivocada.

Las luces estaban apagadas y el reloj de la pared indicaba que había tardado más de cuatro horas en volver. Tenía hambre, así que buscó en la cocina algo para comer pero no había nada porque se suponía que ella no volvería esa noche. Cogió un par de galletas de soda y mermelada y se fue a su cuarto, cuidando de no despertar a su madre. Había un ruido particular que templó los sentidos de Fabiana. A medida que iba subiendo escuchaba unos que gemidos se difundían en la penumbra y ella sabía exactamente de donde provenían.

Primero fue hasta la habitación de su pequeño hermano para asegurarse que estaba dormido. A ella le gustaba observalo mientras soñaba. No había nada que amara más que aquel hermoso niño que con tanta admiración la saludaba todos los días y sentía que no había  nada que no hiciera por él. Al verlo que dormía plácidamente en su cama de Buzz Ligthyear, siguió su camino hasta el siguiente cuarto.

La puerta de la habitación de su madre estaba entre abierta como si no hubiese habido tiempo de cerrarla. Una luz tenue se proyectaba desde el interior y Fabiana podía reconocer aquellas sombras que serpenteaban lentamente en la pared. Dejó a un lado las galletas y se acercó en silencio para ver por la rendija. Observó cómo el cuerpo de Andrés se deslizaba sobre su madre. Las piernas de aquella mujer abrazaban el cuerpo sudoroso de aquel hombre que la abría y penetraba con intensidad. Fabiana no podía evitar la curiosidad de ver el rostro de Andrés, y aun cuando la oscuridad reinante en aquella habitación solo permitía la entrada a una imaginación pervertida, la necesidad de observar a aquel hombre haciéndole el amor a su madre podía ser lo más cercano que estaría nunca de ver el cuerpo desnudo que ella deseaba.

En el momento en que Andrés cambió de lugar con Ana, llegó el momento que por tanto tiempo había estado imaginando. Fabiana debía entrar en escena. Ahora era ella misma quien cabalgaba desnuda y sudorosa, con sus cabellos batiéndose en las sombras mientras Andrés tocaba sus pechos y su vientre. Se veía a sí misma devolviéndose la mirada con un sonrisa de satisfacción mientras se entregaba a su amante soñado. Fabiana gemía cada vez que Andrés se impulsaba para penetrarla y ella, fogoza, inclinaba su cabeza para disfrutar de aquel momento lujurioso. Subía y bajaba exponiendo sus pechos al aire y curvando su vientre que ahora recibía la fuerza de su hombre. Luego sus siluetas se hicieron una con el fondo de una luz que atravesaba la ventana. No había nada más hermoso que ver a una joven criatura entregándose a los placeres de la experiencia consumada. La razón de todo fruto es llevar consigo la naturaleza de su propio árbol.

La excitada Fabiana llevó sus manos a su pecho, tocándose suavemente los pezones. la figura de aquel joven la encendía y la torturaba de forma placentera. Aquel hombre penetraba la oscuridad con fuerza, con su brazos fornidos y su cintura tan dura como el mismo miembro que Fabiana deseaba tener dentro de ella y nada era más obsceno que espiar a los amantes mientras su propio deseo dominaba sus manos que ahora habían llegado hasta su monte de venus.

Ya no podía resistir observarlos.

Dicen que la mejor forma de huir de la tentación en caer en ella y Fabiana llevaba algún tiempo intentando huir de su propio deseo, pero incluso en su casa la idea de hacer el amor con aquel hombre la perseguía como un lobo lascivo esperando devorarla. Ya no quería hacerlo. Aquel hombre estaba tan cerca de ella que podía sentir que eran sus manos las que la tocaba, que era su lengua la que acariciaba sus muslos y sus labios los que besaban sus pechos.

Masturbarse mientras su madre hacia el amor no era algo que pasaba por la mente de Fabiana pero la idea de ser poseída por aquel hombre era mucho más fuerte que cualquier sentimiento o pensamiento que le mencionara lo inapropiado de ser una espía en la oscuridad. Dejó de observarlos y se dedicó simplemente a escucharlos mientras introducía la mano en su ropa interior.

Por otro lado, la predilección de Ana por el Feng Shui hacía que cada rincón de la casa y sobre todo el pasillo tuviera un espejo que refleja las cosas placenteras para dejarlas entrar en la casa. Esa noche Fabiana lo usaría para reflejar su propio placer. Se observaba a ella misma mientras movía sus dedos bajo el pantalón. Olvidó que estaba en el pasillo y no le importó bajarse los pantalones, desabrocharse la camisa y  ver las partes más íntimas de su cuerpo con la idea de tener aquel hombre desnudo y sudoroso a solo pasos de ella.

Nadie puede negarle el placer a quien ha nacido fruto del placer porque está privando a la naturaleza de su propia razón ser y hacer. Los gemidos de Fabiana parecían sincronizados con los de la pareja y aquel reflejo era el único testigo. Se acercó al espejo para besar su propia imagen mientras sus dedos penetraban su húmeda vagina. Lamía el reflejo celebrando su propia indecencia. El aliento de placer la entregaba a los brazos invisibles de su propia lujuria mientras aquel reflejo era su amante. Los pechos de Fabiana tocaban el frío espejo y eso solo avivaba su fuego interior de forma insospechada, pues eran la lengua húmeda del amante ajeno; del amor prohibido.

El olvido del entorno le habían dado la libertad a Fabiana se sentirse mujer, de brillar en la noche como una amante solitaria en representación de todas las mujeres del mundo. Romper las cadenas de su propia cárcel con solo una demostración de que estaba viva y tenía todo el derecho de sentir. Le daba gusto amarse a sí misma con tanta pasión que no podía contener sus propios gemidos mientras se apoyaba de la pared para introducir aún más sus dedos en su deseoso templo de perdición.

Ella subía y bajaba apoyándose en la pared mientras que; con la mano izquierda acariciaba su cuello, sus senos y sus piernas; y con la derecha, hacia movimientos circulares en su clítoris; a veces rápido, otras lento, aclamando la idea de liberarse de aquella prisión.  No podía contener la ola de sensaciones placenteras y su cuerpo temblaba con la misma rapidez con la que su corazón había ensordecido sus oídos. Allí estaba la joven Fabiana, antaño inocente e introvertida y que ahora se deslizaba en la oscuridad como una figura pagana cuyo deseo sacramental la habían convertido por fin en una mujer con poder sobre su propio cuerpo.

Pero muchas cosas olvidó esa noche. Olvidó que estaba desnuda en la oscuridad, olvidó que se masturbaba  en pleno pasillo de su casa y por sobre todo, olvidó que la puerta no estaba asegurada.

En un intento por apoyarse de la puerta, esta inevitablemente se abrió. Fabiana no podía detener la electricidad embriagante que subía por todo su cuerpo. Sus ojos entornados indicaban que llegaba al clímax y todo su ser era lentamente devorado. Ahora no había nada que impidiera que cayera directamente en la boca del lobo.

Aquella pareja saltó asustada de la cama y Andrés corrió rápidamente a encender la luz mientras Ana se refugiaba asustada entre las sábanas.

No hubo nada que evitara que Fabiana cayera de golpe en el interior de la habitación.

—¡Fabiana!— exclamaron Ana y Andrés al unísono.

—¿Qué estás haciendo?— inquirió Ana horrorizada por observar a su hija desnuda, con las manos entre sus piernas, en la misma habitación que su amante.

—¡Aaay!— gimió Fabiana, quien ya no podía controlarse.

El deseo de Fabiana por fín se había cumplido. Ella y aquel joven estaban desnudos en la misma habitación y como si todo hubiese sido calculado por la mano perversa del destino, Fabiana dejó escapar un gemido mucho más suave y casi inaudible mientras todo su cuerpo se contorsionaba ante la mirada atónita de Andrés. Fabiana lo observaba mientras sentía que todo su cuerpo se humedecía aún más en el suelo y no había momento más propicio para sentir que aquel hombre por fin la había hecho suya. La causa de su deseo obsceno era ahora testigo de su corrida incipiente.

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Frases Favoritas Vol. I: La verdad, la muerte y la imaginación

Han pasado varios días desde que Carmen, a través de su blog «Con Mucho Garbo» me retó a compartir las frases más influyentes en mi vida. Posteriormente yo sería desafiado por De Primavera y su blog «Poesía maldita»(Blog que ha sido eliminado). Hecho que incrementaría la apuesta en mi reto. Este reto, para blogueros de wordpress, consiste en compartir por tres días (no consecutivos)frases de libros, películas, música,poemas o discursos de todo el mundo, y en mi caso, aquellas que han modificado mi visión de las cosas.

Reto WordPress: Frases Favoritas

Día uno: La verdad, la muerte y la imaginación.

Este primer día escogí algunas frases de libros, películas y series de tv tales como:

  1. El Idiota, escrita por el célebre escritor Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, que explora la psicología humana en el contexto político, social y espiritual.
  2. Fausto, escrito por Johann Wolfgang von Goethe, considerado el escritor más importante de la literatura alemana y que ayudó a fundar el romanticismo.
  3. El Kybalión, uno de los libros herméticos más importantes atribuido a Hermes Trimegisto.
  4. Isis sin velo, de  Helena Petrovna Blavatsky, madre de La Teosofía. En este libro se desarrollan temas de la ciencia y la religión, así como el desarrollo de las ocultas.
  5. Blade Runner (1982), película de ciencia ficción dirigida por Riddle Scot basada en el libro de Philip k. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? publicado en 1968.
  6. Babilón 5,  Serie televisiva de ciencia ficción creada  por el escritor  J. Michael Straczynski y estrenada en 1993.

La Verdad

Dovtoievski1

Cuando leí El Idiota del célebre escritor ruso Dostoyevski, quedé deslumbrado por el realismo en sus novelas y sus personajes únicos escritos con gran maestría. Una de las frases que me hizo cerrar el libro un momento y pensar sobre la mentira.

A nadie le gusta ser engañado pero eso no es del todo cierto, pues vivimos en la mentira por miedo a conocer la verdad. La verdad no es cruel ni bondadosa, y puede ser injusta o caprichosa en el tiempo y al final, cuando apartamos el Velo de Isis comprendemos que la verdad es, en si misma, voluble. Tal dureza en la verdad puede atemorizarnos, y nadie sabe cuan preparado está para conocerla hasta que esta se presenta ante sus ojos.

Pero mis influencias filosóficas provienen principalmente de corrientes esotéricas y, aun cuando está lleno de luz y de sombras, me ha permitido conocerme a mi mismo y con ello, el mundo a mi alrededor.

la verdad HP Blavatski por yjrivas

la verdad HP Blavatsky

Según El Kybalión, un texto hermético que me jacto de leer y compartir, reza en el cuarto principio que «todas las verdades son semiverdades» pues al final toda verdad encierra algo de mentira. La verdad no solo es relativa en espacio sino que también lo es en el tiempo. Podemos construir una mentira y bastará con que muchas personas la crean para que esta se trasforme en verdad. Es cuestión de percepción. Pero el tiempo se encargará de corroborarla o rechazarla, con base en la verdad o en una mentira mayor. Así pues, en las palabras de H.P. Blatvaski, «busquemos la verdad, con la inocencia de un niño, y la voluntad de un iniciado.»

Por supuesto que todo esto depende de que tan dispuesto estemos a aceptar la mentira y en lo que respecta a Dostoyevski, en palabras de su personaje Hipólito, lo mejor es romper toda relación con el desvergonzado que pretenda engañarnos.


La Muerte

Frase de Dostoievsky por YJRivas

La muerte es una verdad innegable, el último paso del hombre en la tierra mientras no sepamos que hay más allá. Me gusta darle el toque lúgubre a lo que sea que pase por mis manos. No es jugar con la muerte, es considerarla como «una amiga del alma». Los que somos felices nos gusta hablar de las tragedias y los que han vivido en la tragedia huyen ante esta por considerarla una emisaria del sufrimiento. Pero la muerte no es sinónimo de tragedia, es la espiral de la vida haciendo lo que debe hacer según la ley divina.«La muerte es solo el principio» reza un antiguo proverbio egipcio «sin embargo, la muerte nunca es un huésped bienvenido del todo» es lo que Fausto agrega.

En este caso citaré el voice-over de Rick Deckard (Harrison Ford) en la película Blade Runner (versión The International Cut de 1982) mientras ve a Roy Batty (Rutger Hauer ) líder de los «Replicantes» morir bajo la lluvia:

«[…]Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos: ¿De dónde vengo,¿A dónde voy?, ¿Cuánto tiempo me queda?. Todo lo que yo podía hacer era sentarme allí y verle morir.» 

Tales preguntas han resonado en nuestras mentes, al menos una vez en la vida. Claro que, cuando se trata de una máquina la muerte significa el final de su utilidad. ¿Será lo mismo para el ser humano?¿Que tan parecidos somo los humanos a las máquinas? Muchas maquinas sobreviven siglos después de la muerte de sus creadores. Si nos llegásemos a extinguir ¿Serán las máquinas nuestras sucesoras?

Hermosas son las palabras que El Espíritu habla en la obra de Goethe —donde encontré el romance y cuyas letras me inspiraron pasión dejándome soñar con la belleza de la muerte.— que se fundamentan en la dualidad del Todo como el Alpha y el Omega.

Frases del Goethe en Fausto

Frases del Goethe en Fausto

¿Qué es la vida y que es la muerte?¿Cómo podemos sobrevivir a la muerte aun dejando de existir? Preguntas como las expuestas en Blade Runner ¿Serán la causa por la que hemos fijado nuestra esperanza en las estrellas?

si no llegamos a las estrellas

Claramente la inmortalidad se trata ,no de vivir para siempre sino de que nuestro legado, el legado de la humanidad, sobreviva aun después de que los grandes filósofos, artistas y científicos hayan dejado el mundo para reencontrarse con el Todo. ¿Será la muerte absoluta o relativa?

Ahora citaré a Mefistófeles en su dialogo con Fausto:

Dialogo de Mefistófeles a Fauto sobre lo Finido, de Goethe.

Dialogo de Mefistófeles a Fauto sobre lo Finido, de Goethe.

Pero, «¡Sino muriese! ¡Si me perdonaran la vida! ¡Qué eternidad! ¡Y toda mía! Entonces cada minuto para mi seria como una existencia eterna, no perdería uno solo y vigilaria cada instante para no malgastarlo» le dice Hipólito a La Generala en el libro «El Idiota» de Dovtoievsky. ¿Qué  pasaría si fuésemos inmortales? ¿Nos haríamos las mismas preguntas? Pues al ser eternos quizá ya tendríamos todas las respuestas. Si Adán y Eva, según la alegoría bíblica, hubiesen comido del árbol de la vida, tal vez seríamos como los ángeles del cielo.


La Imaginación

Frase de Eugenius Philalethes por YJRivas

Frase de Eugenius Philalethes por YJRivas

 

Dice El Señor: «Que lo Evolutivo que perpetuamente obra y vive, os circunde con dulces barreras de amor, y a lo que se cierne en el aire cual flotante aparición, dadle fijeza con pensamientos duraderos» (Goethe, Fausto). El pensamiento es aquello que nos ayuda a representar las cosas en la imaginación. La imaginación pertenece a las dimensiones más elevadas de la mente. El universo entero es mental, «vivimos en la mente del todo» según lo explica el primer principio hermético de El Kybalión.

En el libro Isis sin Velo de H. P. Blavatsky, encontramos una referencia a la Magia Adámica de Eugenio Filaleteo (Eugenius Philalethes) famoso alquimista galés del siglo XV y cuyo nombre verdadero era Thomas Vaugham (y hermano gemelo del poeta Henry Vaughan) en el cual, a través del soliloquio de Marco Antonio, expone:

La naturaleza se complace en mudar todas las cosas y revestirlas de nuevas formas. La materia es para ella como cera con que moldea toda clase de figuras, y si hace un pájaro lo convierte después en cuadrúpedo, o de una flor hace una rana, de suerte que se deleita en sus operaciones mágicas, como los hombres en las obras de su propia imaginación.

A esto la autora agrega, en unas páginas más adelante:

Los materialistas nada pueden argüir contra esto, desde el punto en que para ellos es materia el pensamiento. Si tal supusiéramos, tendríamos que el ingenioso mecanismo proyectado por el inventor, las encantadoras escenas surgidas de la mente del poeta, los soberbios lienzos pintados por la viva imaginación del artista, la incomparable estatua cincelada en el pensamiento del escultor, los palacios y castillos planeados por el arquitecto, debieran existir objetivamente, a pesar de ser subjetivos e invisibles, porque el pensamiento, según los materialistas, es materia plasmada en forma. ¿Cómo negar entonces que haya hombres de voluntad lo bastante potente para transportar al mundo visible estas creaciones mentales y revestirlas de materia tangible?

Para los artistas, en cuyo caso me referiré específicamente a los escritores, la imaginación es la materia prima, además del pensamiento y el lenguaje. En mi caso tengo mucha imaginación, y no solo sueño con mundos distópicos, de hecho no es díficil si observamos detenidamente el mundo actual que nos rodea.

Dovtoievski2

Pero también me gusta soñar con la posibilidad de encontrar mi camino en el mundo y lograr, a través del pensamiento, la verdadera gracia de la inmortalidad.

Tal como aparece en el mencionado libro de Dovtoievski:

No cambio nada, adrede, porque deseo comprobar mañana si sigo un curso lógico en mis pensamientos y si reparo en mis errores. De ser así, puedo dar por exactas todas las conclusiones que me he formulado […]En otro caso, sabré que no son más que delirios.

Si todo el mundo es resultado de la imaginación del Todo no somos más que personajes es una compleja novela que lleva miles de años escribiéndose. ¿O es que ya está escrita, volviéndonos marionetas de un hábil escritor cósmico? ¿No es lo mismo lo que los escritores hacen con sus personajes para que la trama sea según su voluntad?

Y. J. Rivas

Un especial agradecimiento a Carmen por invitarme a este hermoso reto.

 

Relato: La dama de las letras

No les voy a mentir. Yo nunca he sido de los que pasan sus días leyendo poesía o pretenderse un buen lector de Arturo Uslar Pietri, Gabriel García Márquez, Franz Kafka, Goethe, Fiodor Dostoyevski y cualquier otro que puedan nombrar. De hecho, la mayor parte de mi vida, la pase entre libros de matemáticas, de física, de química y de biología. Ya saben, era de los que se preocupan más por los avances científicos de la física cuántica y la tecnología del siglo XX.

Conocí de poesía a temprana edad por obligación. Mi profesora de literatura era de aquellas que llevaban una regla en la mano y unas gafas picudas dispuestas a posar sobre ti, su mirada de desaprobación por tu falta de sensibilidad y conocimientos literarios. Y yo la odiaba. Me parecían más importantes los cálculos matemáticos, saber como funcionaban las cosas desde un punto de vista mas tangible…más legible cuantitativamente.

Conocí de poesía a temprana edad por amor a una chica. Ella tenía el cabello largo y ondulado, con una una piel tersa y algo pálida. A veces sus cabellos se oscurecían, otras parecían más claros; algunas veces recogido, otras veces sueltos, pero eran tan brillantes como el oro. Así que, mientras yo era el centro de atención por mis altas notas en matemáticas, ella deleitaba a todos por sus interpretaciones en las obras del colegio. Ella era una buena escritora que gozaba de gran cariño por parte de muchos profesores y además de eso, era popular. A veces, hablan de ella en la radio.

Yo era todo lo contrario a ser popular. De hecho, solo era popular los días de los exámenes. Todos querían sentarse a mi lado durante las pruebas; me pregunto por qué.  Yo era de esos jóvenes regordetes que no encajan en ningún lado. Iba y venía sin compañeros o amigos. Solo me acompañaban mis números, mis fórmulas y mis elementos. Eran mis mejores amigos.

Una vez, en la clase de poesía, aprendí de métrica. ¡Por fin, era lo que estaba esperando! Aquella forma de expresar sentimientos, usando la matemática en las letras, era el lenguaje que yo necesitaba para hablarle a quien era, en ese entonces mi amor platónico. Desearía poder recordar aquellos versos, algunos de arte menor, otros de arte mayor. Los podía escribir, aunque con cierta dificultad, usando mi predilección por las matemáticas y su perfección.

Escribí mi primer poema pensando en ella. Y pasé varios días escribiéndole en secreto. Pero nunca pude entregarle nada. Hasta que un día pasamos a escribir cuentos en clase. La profesora había dejado atrás a Ruben Darío para presentarnos a Gabriel García Marqués y cuando llegamos a las novelas; a Rómulo Gallegos y también a Maria teresa de la Parra, a quien odié tanto en ese momento. Pero también leímos a Hemingway y como eramos prácticamente niños, leíamos a escritores como Charles Perrault y otros cuentistas que ya no recuerdo.

No entendía el trágico mundo de Shakespeare. Me sentía abrumado de pasar largas horas intentando saber porqué demonios tenía que leer cuentos del pasado. Y no entendía que de eso se trataba precisamente; del pasado. Y cuando por fin se nos permitió escoger un escritor para leer en clase, yo me aparecí con “El tren Azul” de Agatha Christie. No porque me gustara, de hecho nunca la había leído, la había cogido del cuarto de mi mamá.  Una novela que aun conservo y que ahora es de mis favoritas.

Mientras tanto, seguía con mis cálculos. No me sentía tan cómodo como  cuando entraba en clase de trigonometría. Pero debía ser bueno en las letras si quería acercarme a ella. O por lo menos, que ella me mirara. La veía en cada rincón y su rostro siempre tenía algo diferente, ella siempre andaba pensativa y hablaba muchas lenguas. ¡Hasta mi madre quería que la invitara a la casa!

Para cuando teníamos que escribir nuestro propio cuento, ya llevaba más de treinta páginas con cartas dirigidas a ella. En esa carta incluía poemas; algunos míos otros de grandes poetas. Entonces ya sabía sobre que escribiría. Escribí un cuento fantástico sobre amor y tardé un mes en escribir sus cuatro páginas. Luego escribí terror bajo la influencia de Bran Stoker, Poe, Ann Radcliffe y hasta ciencia ficción, inspirado en Isaac Asimov y H. G. Wells, autores que conocía bastante.

El día que acumule el valor para declararme, mostrándole todo lo que había escrito para ella, sentí su rechazo. Descubrí que a ella no le importaba que fueran versos perfectos, que lo más importante era lo que sentía al escribirlos. Me dijo que dejara a un lado la lógica y que pensara libremente. Me habló de Pablo Neruda, de Julio Cortázar y Mario Benedetti y me hizo entender que cuando una obra te llega al corazón, es cuando realmente es perfecta. Entonces me aclaró que yo solo la buscaba por obligación y que ella no ama sino siente amor. Sentí que el mundo se me venía abajo.

Agregué, y lo puedo recordar muy bien, que pasé los días escribiendo porque sentía que debía hacerlo. Que para mi la perfección se encontraba en cada gesto suyo, y no encontraba forma mas noble, de premiar tanta belleza.  Le dije que la química y la biología me ayudó a entender lo que hace un corazón cuando está enamorado. Que la física me enseñó a calcular la distancia entre nuestros cuerpos y la atracción que ejerce una sobre la otra.

También le hablé de la “Sucesión Fibonacci”, valiéndome de mis conocimientos matemáticos, y le expliqué que la naturaleza había escrito la belleza en números y que yo había encontrado la única forma de entenderla; pues había encontrado esa belleza en su rostro. Que la amaba y que eso la hacia perfecta para mi y cuánto más me acercaba a ella, más quería conocerla, por qué lo que no puedo expresar con números, lo hago con sus letras.

Y. J. Rivas

Imagen: “Thoughtful Reader” (1906). František Dvořák, también conocido como Franz Dvorak o Franz Bruner (República Checa, 1862-1927).

Dante Alighieri: Il Sommo Poeta dell’Inferno

Dante Alighieri Il Sommo Poeta dell’Inferno Portada

En medio del camino de la vida,

errante me encontré por selva oscura,

en que la recta vía era perdida.

¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura,

esta selva salvaje, áspera y fuerte,

que en la mente renueva la pavura!

¡Tan amarga es, que es poco más la muerte!

Mas al tratar del bien que allí encontrara,

otras cosas diré que vi, por suerte.

Así comienza el Canto I ( traducción del historiador y político argentino Bartolomé Mitre)de una de las obras poéticas más importantes de todos los tiempos, que hoy en día sigue tan vigente como en el siglo XIV y se conoce como Divina Commedia (Divina Comedia) escrita por el poeta florentino Dante Alighieri entre 1304 y 1321.

Ésta obra maestra de la literatura universal contempla tres cánticos:

El primero es Inferno compuesto entre 1304 y 1307 o 1308, el segundo, Purgatorio de 1307 o 1308 a 1313 o 1314 y por último, el Paraíso de 1313 o 1314 a 1321. Se trata de una narración alegórica escrita en tercetos, de una gran precisión y fuerza dramática, donde se resume en toda la cosmología medieval. En ella se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso .

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18 cosas que solo entienden quienes prefieren leer libros impresos

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FUENTE: http://www.elplacerdelalectura.com/

1. Puedes pasar horas en una librería y sentir que no has perdido el tiempo. Todo lo contrario.

2. Sabes bien que la belleza de un libro impreso no la supera nada.

3. El olor a libro es inigualable y necesario en tu vida.

 

4. La satisfacción que da el pasar una página te da vida.

La satisfacción que da el pasar una página te da vida. Marioguti / Getty Images

5. Eres de los que guardan recuerdos importantes dentro de sus hojas.

6. Para ti alguien leyendo un libro impreso en un espacio público se hace inmediatamente más apuesto que alguien leyendo en una tableta.

7. La idea de tener tu libro favorito firmado por su autor es algo con lo que fantaseas.

La idea de tener tu libro favorito firmado por su autor es algo con lo que fantaseas. Robert Coleman / Via thethousands.com.au

8. La necesidad de hacer notas en sus páginas es más fuerte que tú.

9. Reconoces que no hay sustituto a…

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El Horror Cósmico de H. P. Lovecraft

   Howard Philips Lovecraft, es hasta ahora, el mejor escritor de la “Ficción Extraña” o Weird Fiction cuyo legado lo ha establecido como un autor de culto. Éste escritor estadounidense, nació tal día como hoy , el 20 de agosto de 1890 en Providence (Rhode Island) comenzó a recitar poesía a los 2 años de edad y comenzó a escribir a los seis. La prosa de Lovecraft fue influenciada por Lord Dunsany, William H. Hodgson, Arthur Machen y Edgar Allan Poe y lo convirtió en un gran innovador del cuento de horror gracias a su singular tratamiento de la narrativa y la atmósfera de sus historias, que sentó las bases para el género de la ciencia-ficción.

Con 16 años escribía una columna de astronomía para el Providence Tribune y desde el año 1908 hasta 1923 estuvo ganando algo de dinero escribiendo ocasionalmente relatos para revistas de poca tirada, como Weird Tales. Diez años más adelante, su obra empezó a interesar a mucha gente. Irónicamente, y como en muchos casos, fué un escritor marginado, que vivía en la pobreza . La publicación de sus escritos a penas le alcanzaba para mantenerse.

Los relatos del joven Lovecraft tratan sobre espíritus malignos, posesiones psíquicas y mundos oníricos donde el tiempo y el espacio se alteran irremediablemente, como en sus Mitos de Cthulhu, un trabajo colectivo que fue creciendo con las aportaciones del llamado Círculo de Lovecraft, un grupo de escritores formado por el propio Lovecraft, Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Robert Bloch, August Derleth, Frank Belknap, Long Henry Kuttner, E. Hoffman Price y otros. También fueron incluidas aportaciones provenientes de escritores anteriores como Ambrose Bierce, Algernon Blackwood, o Robert W. Chambers y de algunas mitologías como la árabe, la polinesia o la sumeria.

   La obra de H. P. Lovecraft se considera un clásico del horror cósmico, una corriente que mezcla la temática tradicional del terror sobrenatural (satanismo, fantasmas) con elementos de ciencia ficción (razas alienígenas, viajes en el tiempo, existencia de otras dimensiones). Su mejor legado ha sido toda su cosmogonía, desde criaturas marina como Dagon hasta el dios de las profundidades conocido como Chuthulu, una de las mayores deidades de los mitos de Lovecraft . Chuthulu se describe, precisamente en el relato de «La llamada de Cthulhu» como una «enorme criatura comparable a una montaña» desplazándose (mide unos 10 kilómetros de altura), con cabeza de pulpo o calamar, y abotargado cuerpo de dragón, con sus respectivas alas rudimentarias.

     El dios Cthulhu tiene la capacidad de alterar su forma, aunque siempre es básicamente la misma. Su cuerpo escamoso está compuesto por una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible. De hecho, los creadores de la saga de “Piratas del Caribe” se inspiraron en las características de éste dios mitológico para crear al Capitán David Jones,  un pirata legendario, conocida por la leyenda escandinava del “Cofre de Davy Jones”, el cual se encuentra en el fondo del mar, donde se encuentran los marineros perdidos.

     “Serás enviado al cofre de Davy Jones” es un eufemismo para la muerte en el mar, mientras que Davy Jones es un apodo que deben representar al demonio del mar.

El Necronomicón

     Otra de sus obras y que causó mucho controversia en sus tiempos, la cuial es imposible pasar por alto, fué El Libro de los Nombres Muertos o Necronomicón. Según H.P. Lovecraft, el Necronomicón es un libro de saberes arcanos y magia ritual cuya lectura provoca la locura y la muerte. Pueden hallarse en él fórmulas olvidadas que permiten contactar con unas entidades sobrenaturales de un inmenso poder, los Antiguos, y despertarlas de su letargo para que se apoderen del mundo, que ya una vez fue suyo.

     Todo comenzó cuando Lovecraft envió a sus amigos escritores una obra privada llamada Historia del Necronomicón. Ésta obra, que no tenia intención de publicarse, salió a la luz año despues de su muerte en 1938, cuando se editarion ochenta ejemplares a modo de panfleto de homenaje por parte de la Rebel Press.

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       El señalaba que el nombre original del libro era el Al-Asif, escrita por el poeta loco de Sanaa ,Abdul Alhazred cuando se encontraba en el desierto Dahna, al sur de Arabia, uno de los lugares más desolados e inhóspitos del mundo y que, según la tradición, está habitado por espíritus malignos y monstruos mortales. Lo cierto es que, desde 1927 y hasta el momento actual, han sido muchos los seguidores interesados por hacerse con un ejemplar de éste libro maldito, el cual puede fácilmente ser descargado desde la internet y muchos lo han considerado como un libro mágico “real” con poderes para invocar demonios, pero éste libro no es más que una broma intelectual del escritor norteamericano.

      Lovecraft murió de cáncer intestinal en el hospital Jane Brown Memorial, de Providence el 15 de marzo de 1937 en la pobreza y el anonimato. Fue enterrado tres días después en el panteón de su abuelo Phillips en el cementerio de Swan Point. Pero la fama de H. P. Lovecraft creció sobre todo después de su muerte, cuando su obra, aparecida inicialmente en revistas especializadas, fue publicada en volumen, entre los que figuran El extraño y otros cuentos (1939) y El cazador en la oscuridad y otros cuentos (1951). Sus mejores novelas cortas son El caso de Charles Dexter Ward (1928), En las montañas de la locura(1931) y La sombra sobre Insmouth (1936).

   En su narrativa se funden elementos heterogéneos: el influjo de Edgar Allan Poe, reconocible en ciertas atmósferas y recursos técnicos de sus cuentos juveniles, pero también en las novelas de madurez como En las montañas de la locura (1931); los lazos con la tradición y el paisaje de la Nueva Inglaterra, oníricamente transformado en espacio fantástico; o los arranques de ciencia-ficción, que son desarrollados en cuentos como El color que cayó del espacio

Obras de H.P. Lovecraft

A través de las puertas de la llave de plata (con E. Hoffmann Price, 1933)
Aire frío (1926)
Arthur Jermyn (1920)
Astrophobos
Autobiografía
Azathoth (1922)
Celephaïs (1920)
Cenizas (con C. M. Eddy, Jr.,1923)
Cosmos en colapso (con R. H. Barlow,1935)
Dagón (1917)
Del más allá (1920)
Dos botellas negras (con Wilfred Blanch Talman, 1926)
Él (1925)
El alquimista (1908)
El árbol (1920)
El árbol en la colina (con Duane W. Rimel, 1934)
El buque misterioso (1902)
El caos reptante (con Winifred V. Jackson, 1920)
El caso de Charles Dexter Ward (1927)
El ceremonial (1923)
El clérigo malvado (1933)
El color que cayó del cielo (1927)
El desafío del más allá (con C. L. Moore; A. Merritt; Robert E. Howard y Frank Belknap Long, 1935)
El descendiente (1925)
El devorador de fantasmas (con C. M. Eddy, Jr., 1923)
El diario de Alonzo Typer (con William Lumley, 1935)
El extraño (1921)
El grabado en la casa (1920)
El hombre de piedra (con Hazel Heald, 1932)
El horror de Dunwich (1928)
El horror en la Playa Martin (con Sonia H. Greene, 1922)
El horror de Red Hook (1925)
El horror en el cementerio (con Hazel Heald, 1933)
El horror en el museo (con Hazel Heald, 1932)
El horror oculto (1922)
El horror sobrenatural en la literatura
El lazo de Medusa (con Zealia Bishop, 1930)
El Libro (1933)
El Libro Negro De Alsophocus (con Martín S. Warnes)
El misterio del cementerio (1898)
El modelo Pickman (1926)
El morador de las tinieblas o El que acecha en la oscuridad (1935)
El pantano de la luna (1921)
El pescador del Cabo del Halcón (con August Derleth)
El sabueso (1922)
El superviviente (con August Derleth)
El que susurra en la oscuridad o El susurrador de la oscuridad (1930)
El templo (1920)
El túmulo (con Zealia Bishop, 1930)
El verdugo eléctrico (con Adolphe de Castro, 1929)
El viejo Bugs (1919)
El viejo terrible (1920)
En la cripta (1925)
En la noche de los tiempos, La Sombra Fuera del Tiempo o El abismo en el tiempo (1934)
En las montañas de la locura (1931)
En los muros de Eryx (con Kenneth Sterling, 1936)
Encerrado con los faraones (con Harry Houdini, 1924)
Ex Oblivione (1921)
Hasta en los mares (con R. H. Barlow, 1935)
Herbert West: Reanimador (1922)
De la oscuridad
El demonio de la peste
Seis disparos a la luz de la luna
El grito del muerto
El horror de las sombras
Las legiones de la tumba
El intruso (1921)
Hipnos (1922)
Historia del Necronomicón (1927)
Hongos de Yuggoth Poemas de horror cósmico
Hongos de Yuggoth Poemas de la naturaleza
Hongos de Yuggoth Poemas metafísicos
Hongos de Yuggoth Poemas oníricos
Ibid (1928)
La antigua raza (1927)
La batalla que dio fin al siglo (con R. H. Barlow, 1934)
La bestia en la cueva (1905)
La botellita de cristal (1897)
La búsqueda de Iranon (1921)
La búsqueda en sueños de la ignota Kadath (1927)
La casa evitada (1924)
La casa maldita
La calle (1920)
La ciénaga-luna
La ciudad sin nombre (1921)
La cosa en el umbral (1933)
La cueva secreta (1897)
La declaración de Randolph Carter (1919)
La dulce Ermengarde (1917)
La exhumación (con Duane W. Rimel, 1935)
La extraña casa elevada entre la niebla (1926)
La habitación cerrada (con August Derleth)
La Hermandad Negra (con August Derleth)
La Hoya de las Brujas (con August Derleth)
La lámpara de Alhazred (con August Derleth)
La llamada de Cthulhu (1926) Disponible aquí para leer en linea
La llave de plata (1926)
La maldición de Yig (con Zealia Bishop, 1928)
La maldición que cayó sobre Sarnath (1919)
La muerte alada (con Hazel Heald, 1933)
La música de Erich Zann (1921)
La nave blanca (1919)
La noche del óceano (con R. H. Barlow, 1936)
La poesía y los dioses (con Anna Helen Crofts, 1920)
La pradera verde (con Winifred V. Jackson, 1918)
La sombra fuera del espacio (con August Derleth)
La sombra sobre Innsmouth (1931)
La trampa (con Henry S. Whitehead, 1931)
La tumba (1917)
La transición de Juan Romero (1919)
La última prueba (con Adolphe de Castro, 1927)
La ventana en la buhardilla (con August Derleth)
Las ratas en las paredes (1923)
Lo innombrable (1923)
Lo que trae la luna (1922)
Los amados muertos (con C. M. Eddy, Jr., 1923)
Los gatos de Ulthar (1920)
Los otros dioses (1921)
Los sueños en la casa de la bruja (1932)
Más allá de los eones (con Hazel Heald, 1933)
Más allá del muro del sueño (1919)
Memoria (1919)
Nyarlathotep (1920)
Polaris (1918)
Reliquia de un mundo olvidado (con Hazel Heald)
Robert Ervin Howard: Un recuerdo
Sordo, mudo y ciego (con C. M. Eddy Jr., 1924)
Una semblanza del Doctor Johnson (1917)

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“Si no se asume como una actividad profesional no se puede escribir…” Jacobo Penzo

No importa si lo haces por hobbie, si lo haces para ti mismo o si apenas estás comenzando a escribir, debes tomártelo con seriedad y mucha dedicación. El escritor no sólo proyecta sus pensamientos si no que además comparte la ideología en la que vive, por lo tanto representa la cultura de su pueblo. Los que nos dedicamos a escribir, lo hacemos porque nos gusta. En el caso de los escritores de blog ¿Quien los ha obligado a escribir? ¡Absolutamente nadie! pero eso no significa que no deban respetar a sus lectores, a otros escritores o si mismos.

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Jacobo Penzo artista plástico, cineasta hechizado por la poesía y la narrativa, nació el 22 de septiembre de 19848 en Carora Edo. Lara. Ha realizado varios películas por lo que recibió el Premio Nacional de Cine 2002-2003. He publicado: 20 Años Por un Cine de Autor (2000), Que Habrá Sido de Herbert Marcuse (2014) y Rumores (2015).

“Si no se asume como una actividad profesional no se puede escribir nada que valga la pena.”

¿Lo más difícil de ser escritor?: “Encontrar una voz propia, que exprese de manera particular la individualidad de quién escribe”

 ¿Qué le hizo saber que se dedicaría a ser escritor?: “Una cierta necesidad de tratar asuntos que solo pueden expresarse a través del lenguaje literario”

 ¿Rutina para sentarse a escribir?: “Usualmente escribo en la mañana temprano, cuando siento la necesidad lo hago a cualquier hora”

¿Cuál es su mayor logro literario?: “Irme aproximando al encuentro de una voz…

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