Transistasis

Lo que piensas es real, lo que ves es una ilusión

Los seres humanos vivimos en un mundo de variables matemáticas y todo lo que nos rodea se basa en números. Cuantificamos todo a través de los sentidos y son los sentidos y el deseo quienes dominan nuestras decisiones, convirtiéndonos en quienes somos. En la vida, toda criatura disfruta de cada color, sonido, aroma y las caricias nos hacen sentir amados y protegidos. Somos esclavos de los sentidos y ellos determinan nuestra realidad.

En cada nuevo amanecer intentamos preguntarnos: «¿Por qué estamos aquí?» Y observamos las estrellas en búsqueda de respuestas. Entonces la vida se convierte en nuestro mayor misterio y cada respuesta encontrada genera nuevas interrogantes. Nosotros observamos la vida a través de los sentidos y es cuando comprendemos que la vida, es la suma de nuestros sentidos, es el eco de la realidad impuesta en nuestras mentes para hallar sentido a una ecuación cósmica.

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Pero es en la muerte cuando todo el misterio se desvanece. Al morir, los secretos de la vida son revelados y la cortina del mundo se abre. Entonces entiendes el propósito, entonces comienzas a ver el sentido de la vida y resuelves la ecuación… pero ya no hay mas que sonidos y colores, porque todo lo demás se ha ido.

La primera vez que morí, no lo hice intencionalmente. No fue mi decisión poner aquel revolver frente a mi. Yo solo era un peatón que no debió pasar por esa calle, ni estar allí ese día ni a esa hora. El mundo se detuvo ante mis ojos, el dolor era intenso y con solo una pregunta quise encontrarle sentido a todo: «¿Por qué?» y cuando el dolor se detuvo, supe entonces que mi camino había terminado pero no entendía que lo que realmente había sucedido ese sábado 19 de Junio de 1999, era un camino nuevo.

El mundo se tornó con colores que nunca había visto, podía observar los altos árboles pero no podía oler el aroma de las flores. No había personas allí, solo lejanas figuras que iban en varias direcciones. El mundo parecía más gris pero los colores vibraban con una frecuencia diferente bajo el manto de la niebla. En el viento muchas voces susurraban al unisono; había risas, acusaciones, invitaciones y felicitaciones. Parecía que conversaban entre sí y había cierto zumbido en el aire.

Yo podía observar los sinuosos caminos pavimentados y la niebla jugaba a las escondidas entre los árboles. Intentaba comunicarme pero no sentía mis labios ni mi lengua y no sabía si caminaba porque no podía sentir el camino, podía ver todo y sentir todo pero al mismo tiempo no podía tocar nada.

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 En cuestión de segundos todo se sumió en completo silencio. Las hojas dejaron de moverse, las voces dejaron de hablar y la neblina se tornó más rosa. Sentía que estaba en un sueño pero era el sueño de alguien más; yo mismo era un sueño. Descubrí que nosotros creamos el mundo a nuestro alrededor con nuestra mente, pero nuestro cuerpo define como percibimos lo que nosotros mismos creamos porque existe en el cosmos muchas variables que no podemos entender, como si nos hiciese falta un dato valioso y que quizá ese dato sea el deseo de ser y sentir… el deseo de existir.

Cuando pude volver al mundo que percibimos, descubrí el sinsabor en el que vivimos comúnmente. Los colores y sonidos disponibles en el mundo y las interacciones pasan por encima de nuestras cabezas por estar atados a los deseos propios. Desear ver es una cosa, pero ‘ver’ es sentir e interactuar con el entorno soñado; la belleza se crea con el pensamiento y se percibe con los sentidos, el deseo de belleza nos aleja de la belleza soñada. Cada mente es libre de crear y percibir su belleza y pueden crear un paraíso o un infierno.

Fantasy

¡Amigos, familiares, amores! todos se unieron para darme la bienvenida de nuevo al mundo porque había renacido. Mi llegada de un viaje breve a la muerte había sido eterna para mi pero para ellos solo eran un par de minutos, un fragmento de tiempo y solo una escena de un sueño todavía en proceso.

Por un instante desee volver a estar ‘muerto’, desee que todos muriesen conmigo porque podríamos viajar por mundos inimaginables y nos alejaríamos de los deseos para regresar un sueño diferente. Vivimos en un gran sueño, la vida es un sueño, una ilusión provocada por el deseo y los sentidos…la muerte igual.

Comprendí que la vida vibra esplendorosa en todas las dimensiones del Todo. Entonces la niebla desapareció, el mundo se reveló ante mi y sentí gozo. No sientan miedo por mi, no sientan tristeza porque la muerte y la vida son dos variables a ambos lados de una ecuación. Fui declarado muerto oficialmente a las 6:19 de la tarde cuando apenas tenía 19 años pero fue entonces cuando el misterio se resolvió: La transistasis es el cambio de la vida y la muerte, el flujo constante de la mente cósmica y la ecuación del Todo. Soñamos con lo que deseamos y lo que deseamos es nuestro sueño, nuestra realidad es el sueño del Todo.

YJRivas

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Relato: La dama de las letras

No les voy a mentir. Yo nunca he sido de los que pasan sus días leyendo poesía o pretenderse un buen lector de Arturo Uslar Pietri, Gabriel García Márquez, Franz Kafka, Goethe, Fiodor Dostoyevski y cualquier otro que puedan nombrar. De hecho, la mayor parte de mi vida, la pase entre libros de matemáticas, de física, de química y de biología. Ya saben, era de los que se preocupan más por los avances científicos de la física cuántica y la tecnología del siglo XX.

Conocí de poesía a temprana edad por obligación. Mi profesora de literatura era de aquellas que llevaban una regla en la mano y unas gafas picudas dispuestas a posar sobre ti, su mirada de desaprobación por tu falta de sensibilidad y conocimientos literarios. Y yo la odiaba. Me parecían más importantes los cálculos matemáticos, saber como funcionaban las cosas desde un punto de vista mas tangible…más legible cuantitativamente.

Conocí de poesía a temprana edad por amor a una chica. Ella tenía el cabello largo y ondulado, con una una piel tersa y algo pálida. A veces sus cabellos se oscurecían, otras parecían más claros; algunas veces recogido, otras veces sueltos, pero eran tan brillantes como el oro. Así que, mientras yo era el centro de atención por mis altas notas en matemáticas, ella deleitaba a todos por sus interpretaciones en las obras del colegio. Ella era una buena escritora que gozaba de gran cariño por parte de muchos profesores y además de eso, era popular. A veces, hablan de ella en la radio.

Yo era todo lo contrario a ser popular. De hecho, solo era popular los días de los exámenes. Todos querían sentarse a mi lado durante las pruebas; me pregunto por qué.  Yo era de esos jóvenes regordetes que no encajan en ningún lado. Iba y venía sin compañeros o amigos. Solo me acompañaban mis números, mis fórmulas y mis elementos. Eran mis mejores amigos.

Una vez, en la clase de poesía, aprendí de métrica. ¡Por fin, era lo que estaba esperando! Aquella forma de expresar sentimientos, usando la matemática en las letras, era el lenguaje que yo necesitaba para hablarle a quien era, en ese entonces mi amor platónico. Desearía poder recordar aquellos versos, algunos de arte menor, otros de arte mayor. Los podía escribir, aunque con cierta dificultad, usando mi predilección por las matemáticas y su perfección.

Escribí mi primer poema pensando en ella. Y pasé varios días escribiéndole en secreto. Pero nunca pude entregarle nada. Hasta que un día pasamos a escribir cuentos en clase. La profesora había dejado atrás a Ruben Darío para presentarnos a Gabriel García Marqués y cuando llegamos a las novelas; a Rómulo Gallegos y también a Maria teresa de la Parra, a quien odié tanto en ese momento. Pero también leímos a Hemingway y como eramos prácticamente niños, leíamos a escritores como Charles Perrault y otros cuentistas que ya no recuerdo.

No entendía el trágico mundo de Shakespeare. Me sentía abrumado de pasar largas horas intentando saber porqué demonios tenía que leer cuentos del pasado. Y no entendía que de eso se trataba precisamente; del pasado. Y cuando por fin se nos permitió escoger un escritor para leer en clase, yo me aparecí con “El tren Azul” de Agatha Christie. No porque me gustara, de hecho nunca la había leído, la había cogido del cuarto de mi mamá.  Una novela que aun conservo y que ahora es de mis favoritas.

Mientras tanto, seguía con mis cálculos. No me sentía tan cómodo como  cuando entraba en clase de trigonometría. Pero debía ser bueno en las letras si quería acercarme a ella. O por lo menos, que ella me mirara. La veía en cada rincón y su rostro siempre tenía algo diferente, ella siempre andaba pensativa y hablaba muchas lenguas. ¡Hasta mi madre quería que la invitara a la casa!

Para cuando teníamos que escribir nuestro propio cuento, ya llevaba más de treinta páginas con cartas dirigidas a ella. En esa carta incluía poemas; algunos míos otros de grandes poetas. Entonces ya sabía sobre que escribiría. Escribí un cuento fantástico sobre amor y tardé un mes en escribir sus cuatro páginas. Luego escribí terror bajo la influencia de Bran Stoker, Poe, Ann Radcliffe y hasta ciencia ficción, inspirado en Isaac Asimov y H. G. Wells, autores que conocía bastante.

El día que acumule el valor para declararme, mostrándole todo lo que había escrito para ella, sentí su rechazo. Descubrí que a ella no le importaba que fueran versos perfectos, que lo más importante era lo que sentía al escribirlos. Me dijo que dejara a un lado la lógica y que pensara libremente. Me habló de Pablo Neruda, de Julio Cortázar y Mario Benedetti y me hizo entender que cuando una obra te llega al corazón, es cuando realmente es perfecta. Entonces me aclaró que yo solo la buscaba por obligación y que ella no ama sino siente amor. Sentí que el mundo se me venía abajo.

Agregué, y lo puedo recordar muy bien, que pasé los días escribiendo porque sentía que debía hacerlo. Que para mi la perfección se encontraba en cada gesto suyo, y no encontraba forma mas noble, de premiar tanta belleza.  Le dije que la química y la biología me ayudó a entender lo que hace un corazón cuando está enamorado. Que la física me enseñó a calcular la distancia entre nuestros cuerpos y la atracción que ejerce una sobre la otra.

También le hablé de la “Sucesión Fibonacci”, valiéndome de mis conocimientos matemáticos, y le expliqué que la naturaleza había escrito la belleza en números y que yo había encontrado la única forma de entenderla; pues había encontrado esa belleza en su rostro. Que la amaba y que eso la hacia perfecta para mi y cuánto más me acercaba a ella, más quería conocerla, por qué lo que no puedo expresar con números, lo hago con sus letras.

Y. J. Rivas

Imagen: “Thoughtful Reader” (1906). František Dvořák, también conocido como Franz Dvorak o Franz Bruner (República Checa, 1862-1927).

Un lugar perfecto para escribir (1º parte)

Me despierto aturdido envuelto en un delicada niebla. Mi ventana es golpeada constantemente y en ese ruido particular saludo a una joven blanquecina que lo cubre todo. Me pregunto donde está mi whisky e intento alcanzarlo en la mesa junto a la cama pero solo logro derramarlo.

Me quedó sentado a orilla de la cama, observando como la alfombra absorbe mi último trago. Siento el gélido aire que me abraza y observo la ventana entornada con pequeñas gotas de lluvia deslizándose en los vidrios. Me tomo mi tiempo para decidir si vale la pena levantarme. <<Quizá deba seguir observando la lluvia desde mi cama>>.

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Lo que realmente importa es me levanté con un deseo incontenible de buscar el lugar perfecto para escribir, bien sea continuar con mi libro o descubrir una historia nueva para contar. Tengo una vívida imaginación pero, de vez en cuando, tengo que buscar el lugar correcto para que mis ideas fluyan. Quedarme en una cama solo podría extender mi letargo.

Las vigorosas montañas me saludan enaltecidas entre casas de techos escarlatas. Un hermoso caserío, herencia de un pueblo alemán que, tras la declaración de independencia y como producto de la nueva ley de inmigración venezolana de 1840, llegaron a nuestro país después de 112 días de viaje. Luego, por un brote de viruela, tuvieron que desembarcar en la costa de Choroní.

Estoy enamorado del aire colonial, de su tradición y sobre todo de su buena cerveza. Pero sólo es una estancia para mi, pues no soy de los que se asientan en un solo lugar por mucho tiempo. Aunque al final siempre regreso, dispuesto a encontrarme de nuevo con aquellos sinuosos caminos y un aroma a melocotones y fresas con crema.

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Restaurante Biergarten. Colonia Tovar, Venezuela.

Al terminar de llover, me dirijo al restaurante “Biergarten” y me siento cerca de la ventana para poder observar aquel paisaje. Al observar el ambiente, siento que es momento de sacar mi laptop y comenzar a teclear una historia.

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Cultivos de Fresa. Municipio Tovar, Aragua.

  Luego de una buena comida, es momento de irme de aquel lugar. Quiero regresar a la ciudad, ya no necesito la tranquilidad que aquí encuentro porque mi historia está mas allá de un lugar apacible. La necesidad de establecer el conflicto es imperativo.

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar por YJRIvas

Vista hacia Noroeste de la Colonia Tovar

El camino… ¡Oh, adoro el camino! Adoro observar las montañas y sentir la brisa verde del campo, los cultivos y los chalet a lo largo de aquella serpiente de asfalto, que me hacen sentir como un viajero de una tierra lejana. Aquí no puedo sacar mi laptop, pero puedo hacer uso de mi libreta. A veces no tengo nada que escribir, pero me dedico a observar los personajes, con sus propias historias a través de la ventana del autobús, esperando que me indique la mejor forma de iniciar un nuevo párrafo.

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Al llegar a Caracas, el ruido me da la bienvenida. Aquella ciudad, que curiosamente se le conoce también como “la ciudad de los techos rojos” por su antigua similitud con los pueblos andinos y cuyas casas también acostumbraban a tener techos rojos. Por un momento me la imaginé así; con una delicada niebla cubriéndola desde lo alto del valle. Pero todo han sido sustituido por edificios ennegrecidos, altos rascacielos, un exasperarte tráfico  y centros comerciales. Una urbe cosmopolita a la que le urge amor pero que le sobra  energía.

Ya entrada la tarde, me dirijo al centro de la ciudad. Observo a nuestras queridas <> de Parque Central, aquellas altas centinelas que se levantan sobre la ciudad como trofeos platinos por nuestra lucha. Es momento de quebrantar los límites.

Conocía a un buen amigo que vivía allí, así que recuerdo como entrar. Al hacerlo, me escabullo por las áreas de mantenimiento hasta llegar a la cima. Para mi sorpresa, ese día hay unos técnicos reparando uno de los ascensores. Las puertas hacia al cielo están abiertas.

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

Torres Gemelas de Parque Central. Caracas, Venezuela

En la azotea tenía una vista de 360º de toda la ciudad. Podía observar el angosto valle de Caracas como si fuera el antiguo dios del lugar. Me invadió la nostalgia. Luego sentí temor. Jamás había estado en la cabeza de una edificio tan alto. Tenia miedo de ser descubierto, tenia miedo incluso de ser abandonado allí por los de mantenimiento. Pero sabia que estaba en el lugar adecuado.

Me senté en la orilla y puse mis pies sobre la ciudad. Nunca en mi vida me había sentido tan aterrorizado y fascinado al mismo tiempo. Sabia que en un mal movimiento podía precipitarme cincuenta y nueve pisos contra el suelo. Ese era el lugar que necesitaba. Necesitaba ese sentimiento porque tenia que saber que se sentiría saltar desde alli, y aunque no iba a saltar – creáme, no estoy tan loco como parece- debía simular el acto de la manera mas precisa.

Casi no podía respirar, me daba terror desmayarme allí y caer. Así que cerré mis ojos y me concentré en el lejano sonido de la ciudad. Sentía que mi corazón estallaría y lo podía sentir en mis oídos. Entonces un sonido particular me hizo sentir aun mas terror.

Mi celular repicada. Había dejado el tema “How Soon Is Now” en la versión del dueto t.A.T.u.  como tono en mi teléfono. Sentí un frío en el espinazo y que una mano invisible me jalaba por los pies hacia abajo. Cierro mis ojos y dejo que caiga la contestadora. Es un mal momento para contestar llamadas.

Mantengo mis ojos cerrados, pues la ciudad parece girar en torno a la torre y siento vértigo. Al alejarme de la orilla, me aseguro en un pequeño rincón. Aun mi corazón late acelerado. ¡Es ahora! es hora de sacar la libreta y comenzar a escribir. Yo sentía el miedo y poco a poco comencé a sentir una cálida admiración por la urbe avileña.

Fotografía del Este de Caracas y la Universidad Central vistos desde la Torre Este de Parque Central por Carlos Itriago.

Llega el atardecer y los tonos rosas y naranjas transforman aquel escenario en un espectáculo memorable. Me siento inspirado y me siento feliz por estar allí, observando allende las montañas, las autopistas y las luces en movimiento de los autos. ¡Qué hermosa metrópolis! ¡Que desdicha que esté pasmada en la desidia!

Entro de nuevo al edificio. Los de mantenimiento ni se enteraron que salí o quizá no le dieron importancia. ¿Cómo podrían culparme por intentar sentirme el dueño del mundo? aunque fuese solamente para fines literarios. Hay muchas cosas que no encuentras en un best seller y la única forma de conocerlas es a través de la experimentación. El lugar perfecto es aquel que te hace sentir algo en particular.

Vista aérea del oeste de Caracas por la noche. Via CAV

Entrada la noche, cuando ya mis energías están agotadas seleccioné un nuevo tema en mi teléfono para escuchar mientras observaba como la ciudad brillaba en la oscuridad. Me pareció el más adecuado escuchar el tema “Neon City Nights” de la banda holandesa Grendel.  Fijé mis ojos en aquella montaña y comencé a pensar en lo que me haría sentir estar allí una noche. Y fue justo cuando supe adonde debía ir para seguir buscando un lugar perfecto para escribir.

Relato: El Viaje

Este relato fue inspirado en hechos reales.

  Tantas cosas que dejamos atrás en busca de nuestros sueños y luego nos encontramos con algo que no buscábamos . Imagino que muchos te habrán llamado soñador,un romántico y un iluso. Te has pasado los últimos días mirando esa fotografía de tu viaje a Roma, añorando no haber regresado jamás tan solo para besar sus labios en año nuevo.

   Regresas a la ciudad y te dan la bienvenida con disturbios y malas noticias. Tus ojos se humedecen y sientes un deseo irrefrenable de huir y dejar atrás aquel lugar donde sólo habita la controversia y el desasosiego. No sabes a que bando unirte porque las piedras y los improperios van y vienen de ambas partes,entonces das la vuelta y te marchas. Sigue leyendo

¿El desamor?… ¡A la mierda el desamor!

Esta noche compartiré con ustedes el relato de una nueva seguidora. Desde hace algunas semana que nuestros blog se han cruzado en el vasto camino literario y por lo cual estoy muy agradecido.

Este relato titulado “¿El desamor?… ¡A la mierda el desamor!” es una historia llena de mucha pasión, tristeza, decepciones y también intenta explicar la complejidad del deseo y el amor; de cómo influyen en nuestras decisiones, de lo que estamos dispuestos a sacrificar, sin importar que sea nuestra propia cordura o dignidad pero ¿El amor nos da dignidad o no las quita? ¿El desamor nos devuelve la cordura? Si yo fuera tú, leería este relato y así sabrías lo que estás dispuesto a dar por amor.

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Te despiertas pensando en el adiós definitivo, miras al reloj no para ver cuán retrasado estás sino para contar las horas que permaneciste sólo, exactamente trece horas con diecisiete minutos; al mirarte al espejo ves ojeras y un rostro pálido sin alma, te preguntas que hiciste mal y te lamentas. Decides no ir al trabajo y llamas para justificar tu desánimo por enfermedad y te preguntas si ese estado caótico de tu mente es realmente una enfermedad. Tomas un baño y deseas ser el líquido transparente que recorre tu piel y cae directamente al piso para después desaparecer en un agujero, te arreglas tomas un café y sales a la calle, hoy decidiste no tomar el bus, caminas, hoy el tiempo no existe ni la felicidad, miras a tu alrededor y todo se tiñe de un color blanco y negro. Los rayos del sol duelen, la gente…“que se pudra…

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No tener nada que publicar

Hoy desperté con unas ganas inmensas de publicar algo. Me sentí como si el blog no fuera un pasatiempo sino más bien una obligación ¿Por qué? pero esa no es la pregunta que  más importó, la verdadera pregunta fue ¿Con quien tengo la obligación? que llevó a otras tantas preguntas como ¿Es una obligación conmigo?¿con alguien más?

No sé en que momento comencé a exigirme tanto, no sé en que momento comencé a tomármelo tan en serio. La verdad es que es aún cuando no se tenga algo concreto para publicar y que tengas la bandeja de borradores con tantos trabajos inacabados, no significa que no haya algo que compartir.

Éste es un blog personal y no responde a criterios específicos y mucho menos me pagan por mantener su noticias con información relevante pero lo cierto es que, aún cuando descanso de palabras elaboradas por algun sentimiento poético, me encanta tener algo que contar en el día. Hoy cuento que no tengo nada que contar.

EL Colmillo de Gabriel

-¿Qué eres tú?- Inquirió con vehemencia.

El nudo comenzaba a entumecer sus manos. No soportaba estar atado a esa silla en la oscuridad. La desesperación lo consumía como el fuego a las velas. Gabriel le dedicó una sonrisa

– Yo soy un vampiro- le dijo finalmente.

-¡¿Un vampiro?!- su prisionero soltó una risotada que reboto en toda la habitación. -¿Donde están sus ojos intimidantes?- Inquirió a tono de burla.

Gabriel se le quedó mirando en calma, sin dejar de sonreír.

-¡¿Donde está su piel pálida?!- ¡Todo vampiro es pálido señor y…- Lo miró de pies a cabeza- ¡Claramente usted no lo es!-

-¿Que hará?- ¿beber mi sangre como a una jovencita de una novela?- No me venga con idioteces-

Gabriel se quedó en silencio sin apartar la mirada.

-y lo más importante ¿Donde están sus colmillos?- ¡Un vampiro sin colmillos es como un hombre sin pene!-

-Gabriel lo miró impresionado, claramente su presa no sentía miedo de él, aún después de haberlo torturado por horas-

-¿Que le hace pensar que no tengo colmillos?- espetó. Posó sus manos a un lado de su abrigo y se observó un pequeño destello. De su abrigo había desenfundado un estillete. Su larga y delgada hoja parecía brillar por si misma en la oscuridad. Gabriel le dedicó otra sonrisa cargada de sarcasmo y posó su estillete a un lado de su cara mientras lamía su hoja.

-Si, si tengo un colmillo y es éste- Dijo dirigiendo la hoja de su estillete hacia su corazón . Éste es el que desencadena las lamentaciones, y se equivoca, no pienso beber su sangre mi señor Adrian – Afincó un poco más la hoja hacia el pecho de Adrian. – Pero lo drenaré hasta que no sea más que piel y huesos.

Con rápidez introdujo por completo la hoja en el pecho de su prisionero. Adrian abrió sus ojos como platos y dio un grito ahogado de dolor- Gabriel se le acerco y le susurro al oído.

-Si señor Adrian, yo soy un vampiro y usted ésta noche será la jovencita. Se preguntará por que le hecho ésto, pero cuando despierte, sabrá de primera mano lo que es el infierno-

Pecado Angelical

Escuché tu voz, un suave susurro en la armonía de nuestra habitación. Aquellos ojos miel con los que me mirabas bajo las sábanas enternecían mi corazón. El aroma a sándalo llenaba los espacios y una suave brisa de verano rozaba los ventanales.

Aquellas alas grises sobresalían de la cama y tenuemente brillaban a la luz del sol. Entonces sabíamos lo que habíamos hecho. La sangre, la daga, los gritos… La oscuridad.

Tu piel angelical y tu voz suave llenaban de paz mi corazón. Prohibido estaba,oculto estaba. Un ángel en los brazos de un mortal y la lejana oportunidad de escapar al castigo divino por nuestro divino pecado.

El mismo Dios observaba nuestro deseo desenfrenado con recelo; pues Un ángel caído hecho mujer,ahora llevaba en su vientre el pecado de Adán. ¡Perdónanos!

En trance

¡Adoro esa melodía! Sonidos electrónicos, notas armoniosas y las luces girando sobre nosotros. Casi no puedo verte, apenas los destellos me dejan ver tus hermosos ojos. Afuera las personas bailan enérgicamente dando giros y saltos. El ambiente se torna en una mezcla de sonidos estremecedores y al mismo tiempo armónico. Pero no estamos allí, no somos parte de aquel lugar que llena con sus luces, aromas y sonidos todo nuestro cuerpo. Estamos en otro lugar donde la melodía es la misma pero se siente diferente.

No estamos allá con nuestros ojos cerrados dejándonos llevar por las luces rojas, violetas y azules de neón. Estamos bajo las luces bailando con ellas, girando con ellas. En cada pausa nos tomamos un respiro y volvemos a la acción, contando uno a uno nuestros pasos. Nadie nos ve, más estamos a la vista; nadie nos juzga, más somos pecadores. Bailamos al ritmo de nuestra propia tonada y sudados entre el humo de tabaco y el alcohol.

¡Música sin alma que nos deja en trance, fuera del mundo exterior donde vivimos solo con nuestros sentidos bailando al unísono! Pero esta música que hacemos nosotros mismos es un tanto mejor. No bailamos como los otros. Nos entregamos a los deseos de nuestros propios cuerpos. Volteamos y todos se besan, sudan… el erotismo se apodera de aquella pequeña sala que no parece ser parte de aquella tertulia.

    Te siento bailar sobre la mesa batiendo tus hermosos cabellos y con cada destello veo tus gestos, tocas tu cuerpo sensualmente. Bajas desde tus labios, pasando tus hermosos pechos hasta tus pies y regresas tomando caminos diferentes. Bailas con la música pero fuera de ella seduciéndome con cada fibra de tu cuerpo y yo estoy allí adornado tus espacios, como un espectador privado. Siento el olor de tu piel a distancia, aquella fragancia de lavanda que duerme mis sentidos.

¡Que revienten los bajos y estallen las luces!

Te tomo para mí, necesito que bailes cerca, muy cerca de mí, mi cuerpo siente ganas de bailar, de que bailes frenéticamente al compás de mi propio sonido. Mis dedos se escurren entre tu falda de cuadros violetas que brillan como si fueran parte del ambiente. Los bajos dejan de resonar. Es un momento de pausa, es momento de trance,  pero mis dedos quieren bailar.

    ¡La música estalla!

Tu sonrisa me confunde, tus manos me engañan pero sé que me llevan al cielo. Soy ajeno al mundo, presa de mis sentidos.Te beso, te beso y siento tu piel erizarse, mis brazos ya no podrán soltarte. Allí estas bailando sobre mi y conmigo, tus piernas me abrazan mientras alzas tu cabeza para seguir batiendo tus cabellos. No somos consientes si se han detenido a mirar, pero sé que no somos los únicos en aquel ritual pagano.

Allí estamos nosotros dos, siguiendo las notas de la dulce melodía de nuestro placer, cuando las luces giran y las paredes crujen. Allí estamos nosotros siguiendo nuestros instintos más básicos desando que aquellas horas duraran por siempre para amarte y no dejar reposar mi corazón que espera unirse a ti por toda la eternidad.

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Aquel lugar donde nos amamos en trance by Yorvis Rivas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

Imagen de Yarek Godfrey

 y.godfrey@free.fr

 Página web: http://www.yarekgodfrey.com/Y_Godfrey.html

Una burbuja

Una Burbuja…

Una vez, estaban una burbuja y un azulejo. El azulejo al querer pavonear sus colores, se cayó de la rama. La burbuja se rió tanto del azulejo, que se explotó.

No recuerdo si fué en un sueño o si en realidad me lo contaron. No conseguí éste microcuento en ningún lado así que si alguien ha leído o escuchado alguna versión, no dude en advertirme por favor.