Relatos de callejón III: La felicidad de los que no quieren sentir

Ella estaba perdida, sola, desprotegida en un mundo que la había desechado y no tenía mas alternativa que huir de la culpabilidad, de refugiarse entre pequeñas dosis para sosegar la pena.

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Lo que no cuentan las historias de amor.

Habría sido mejor no decirle que la amaba. Debí haberme detenido justo en el momento en que su mirada volteó hacia otro lado. Pero en ese momento no tenia razones para creer que solo era un pañuelo que secaba sus lágrimas, el cuál podía guardar en un bolsillo para luego tirar cuando ya estaba demasiadoSigue leyendo “Lo que no cuentan las historias de amor.”

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Relatos de callejón IV – Aquella vez cuando la amé por última vez.

Ella no merecía enamorarse de un hombre como yo, un esquizofrénico adicto a los calmantes. Ella debía ser adorada por arcángeles. En cambio, estaba confinada en este mundo lleno de tormento y desavenencias. Realmente odiaba ver como sus sueños eran frustrados por la economía y la inmoralidad.

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Relatos de callejón III- El sonido de la rutina

Relatos de callejón III El sonido de la rutina La mañana había comenzado con gracia. Desperté alarmado por el chirriante sonido del despertador. Golpeé el bendito aparato  por un minuto entero y no se callaba. Tumbé esa cosa al suelo y aun así no se cayó. Coloqué mi almohada sobre la cabeza para mitigar el estridenteSigue leyendo “Relatos de callejón III- El sonido de la rutina”

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Relato: Yo, el abeto.

Tal vez alguno de ustedes se ha detenido a hablarle a un árbol pero ¿han escuchado lo que este tiene que decirles? Los árboles son testigos de muchos acontecimientos y muchas estaciones. Emergen desde el fondo de la tierra en un intento por alcanzar el cielo como las estatuas que evocan la victoria de una guerra pasada ySigue leyendo “Relato: Yo, el abeto.”

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Las tres niñas

En uno de mis paseos por la capital vi a una hermosas niñas practicando la Radiestesia. Era un tarde como cualquier otra y había salido temprano de mi trabajo. Me gustaba caminar una hora, ver las tiendas y observar el comportamiento casi mecánico de las personas que viven en las grandes ciudades. Me encontraba caminandoSigue leyendo “Las tres niñas”

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La Doncella Plateada:Supresión

Sus ojos me observaron de una manera que no pude entender, me observó confundida, como si se sintiese ofendida. <> Los robot no sienten, no importaba cual parecido fueran a los humanos, eran virtualmente una copia de nosotros. entí como si la pena la consumiera, como si mis palabras la hicieran sentir rechazada. No me sentía enojado, al contrario, estaba totalmente pasmado por la forma en que se expresaba. Habíamos hablado por horas pero no tenía idea de que, además de contener una vasta cantidad de conocimientos e información y aplicarlas de tal forma para mantener una conversación, tuviese en sí, una personalidad.

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