¡Ups! Se me fue la mano, literalmente.

¿Ya vieron las últimas frases que acabo de publicar? La verdad es que no estaban listas pero en vez de «guardar borrador» le di a «publicar» y ¡zaz! se difundió en todas mis redes sociales. Lo cierto es que, los tiempos están cambiando, esto crea cierta incertidumbre en mí pero al mismo tiempo me lleva a replantearme las cosas que sé o creía que sabía y buscar nuevas formas de compartir lo que me gusta.

Estoy siendo mas cauteloso con lo que comparto en el blog, sobre todo porque sé que ustedes merecen lo mejor y he ido cambiando, a nivel personal sobretodo, y quiero que sean testigos.

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El despertar de la alondra

Dime alondra, ¿Quién como tú, aspira todos los días alcanzar al Sol? Te levantas con los primeros rayos del alba y te elevas sobre las copas de los árboles en una búsqueda continua de iluminación. Son tus plumas el símbolo de la mente humana, que en su ligereza y arduo trabajo se debe purificar y elevar en oposición a las tinieblas.

¿Quién desea ser como tú, alondra solar? Vistes las cenizas de la tierra renovada, de la purificación por el fuego. ¿Acaso has estado tan cerca del sol, que su fuego ha purificado tus alas?

Preguntas diarias

 Yo nunca he visto un fantasma o experimentado un encuentro cercano con extraterrestres. Me resulta difícil creer en lo sobrenatural aun cuando al parecer, tengo todas las herramientas para explorar lo oculto. Tengo suficientes razones para pensar que no existe forma en la los muertos regresen a visitar a los vivos y menos aun que puedan mover los muebles.

 He pasado años observando posesiones y escuchando testimonios sobre encuentros cercanos y no ha habido ninguno que me haga creer que existe un cielo o un infierno o que hay entre nosotros seres interestelares. Quizá es el miedo a creer o la prueba de que no padezco esquizofrenia. Tal vez el efecto secundario de mi escepticismo sea la pérdida de fe lo que genera un conflicto emocional en un joven cuya ecuación católica lo llevó a pasar largas horas frente  un altar.

 Yo tengo muchas preguntas que quisiera responder. Es en serio, son muchas y son las siguientes:
¿Qué es la fe?
¿El cielo existe o es una manifestación mental producto del pensamiento mágico?
¿Si existe el cielo, habitan seres extraterrestres?
¿Por qué la creencia en extraterrestres es contraria a la creencia en Dios?
¿De que nos sirve creer en fantasmas?
¿Existe la reencarnación? ¿Por qué?
¿Podrá la ciencia comprobar de forma definitiva, que la religión solo sirve como estrategia de control masivo? Si es así, ¿Quién la inventó?

 Yo creo que la ciencia es muy similar a la magia porque no existe ciencia blanca o negra, y se puede usar tanto para construir como para destruir. Tenemos suficiente certeza de ello, sobre todo ahora con tantas enfermedades creadas en laboratorios o bombas nucleares capaz de destruir todo a su paso. ¿La ciencia puede ser más peligrosa y la religión más necesaria?

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Agua de Mercurio

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No signal

Actualmente no tengo teléfono móvil. Siento que he esquivado la necesidad de conexión con el resto del mundo, aunque sea por breves periodos de tiempo. No puedo explicarles el sentimiento contradictorio de aislamiento y liberación, de miedo y victoria por no tener que contestar una llamada ni los efectos secundarios de culpa por presionar el botón de desvío en caso de negar la responsabilidad de hacerlo.

He sido considerado geek de la tecnología e incluso etiquetado de tecnócrata pero he creado confusión en mis círculos cercanos por mi renuencia a adquirir un teléfono móvil como si se tratara de un dispositivo imprescindible para la vida. Sonrío con cierta satisfacción porque ya todos tienen que hablarme directamente sin intermediarios electrónicos (cosa rara porque aun así uso correo electrónico) y puedo ignorar sin remordimientos las escusas de que “te llamé pero no caía la llamada” o “te envíe un mensaje pero no respondiste”.

Vivimos en una era digital donde no hay escusas para no mantenernos comunicados y un teléfono móvil solo es medio. La desventaja es la imposibilidad de responder ante una emergencia.

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6 am

Cada mañana, como si se tratase de una tarea programada,  despierto a las seis observando el techo plateado de mi habitación. Lo observo como si fuese un desconocido, como si despertara siempre en un lugar que jamás había visto. Me quedo largo rato observando todo tipo de formas,  rostros y figuras. A veces he llegado a pensar que espero encontrar la solución a las preguntas que me plateo a diario observando las sombras proyectadas desde la calle. Todo eso pasa los primeros treinta minutos de la  mañana. Es un dialogo silencioso entre el techo y yo.

Supongo que podría pasar un tiempo indefinido conversando con él, esperando que sonría y me responda: has enloquecido, pero el hecho de que lo haga sería en sí mismo, la locura. Porque aun no estoy loco, podría jurarlo. No estoy loco. No lo estoy, ¿Verdad?

Una burbuja

Una Burbuja…

Una vez, estaban una burbuja y un azulejo. El azulejo al querer pavonear sus colores, se cayó de la rama. La burbuja se rió tanto del azulejo, que se explotó.

No recuerdo si fué en un sueño o si en realidad me lo contaron. No conseguí éste microcuento en ningún lado así que si alguien ha leído o escuchado alguna versión, no dude en advertirme por favor.