Relatos de callejón III: La felicidad de los que no quieren sentir

Portada- Relatos de Callejón por Y. J. Rivas

Ella no quería sentir. Atrapada en las sombras cruzaba la calle con sus zapatos rojos y su melena desdeñada. Caminaba sin rumbo fijo por la avenida, riendo, aplaudiendo, bailando. Desde la estación del metro hasta la intersección del bulevar se le podía ver aparentemente feliz, aparentemente en control de su vida. Entonces ella se detuvo en silencio.

Justo en medio de la avenida había un charco de agua. Las personas pasaban por allí y lo esquivaban. Nadie quería arriesgarse a mojar sus zapatos. Pero Ella se detuvo a mirarlo. Para ella significaba algo que nadie podía comprender. Los que la mirábamos desde la otra esquina, a solo unos pasos, apenas podíamos ver su rostro y su ropa sucia. Sigue leyendo

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Sueño sin número

Rostros ensombrecidos y miradas perdidas

El sol escondido bajo nubes ardientes

¿Qué hizo huir al ciervo?

Por hierro rojo herido de muerte.


Una pieza de pan por oro

El río negro su final alcanza

La estrella roja su bandera hondea

La historia de Caín se repite.


La casa de Pedro sus ojos venda

Batalla en oriente y occidente

No hay concenso en Ginebra

El portal alterno se enciende.

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Claridad

Aquí no hallarán más que un bosquejo de una linea incompleta en un libro que no puedo terminar.

Debo dejar claro a los que me leen que no pretendo convertir este blog en otro subterfugio adepto de la Nueva Era. Cada mensaje son expresiones de un hombre cuya duda sobrepasa a su conocimiento porque no soy ni maestro ni sabio y apenas puedo considerarme un aprendiz. Donde quiera que un nuevo aprendizaje ilumina las sombras donde miro miles de preguntas reverberan hasta perturbar mis sueños.

Aquí no hallarán más que un bosquejo de una linea incompleta en un libro que no puedo terminar. Como todo niño que encontró el arma de su padre, juego al adulto fingiendo tener el control. Y quizá lleguen a considerar que oculto mi vanidad en un falso desprecio pero mas bien y podria asegurarlo, que se trata de lo opuesto.

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La revelación de lo divino

τόν σοι ἐγὼ διάκοσμον ἐοικότα πάντα φατίζω,
ὡς οὐ μή ποτέ τίς σε βροτῶν γνώμῃ παρελάσσῃ. (8 B 60–61)
(17) Yo te expongo todo este ordenamiento verosímil,
para que ninguno de los mortales te aventaje en criterio.

Poema de Parménides

Toda alma en proceso de transformación debe encarar primeramente la confusión antes que la verdad sea por fin revelada. Cómo toda manifestación divina, la verdad no puede revelarse de forma aislada al conocimiento humano (I Ching, Hexagrama 50: El Caldero) y como en todo proceso alquímico lo bruto debe ser trasformado en sutil en un proceso intenso de depuración porque «Todo se debe hacer paso a paso. Escalón a escalón. La ascensión a la cúspide de la pirámide debe hacerse por etapas. Aquí no cabe el engaño, porque es imposible mentir al SER» (El Libro de Maat, Anhk 2).

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Aquí en la tierra

Bajo la mata de mango

La hamaca se mece 

El viento sopla fuerte

Y yo aquí me desangro.
La plácida muerte llega 

El paraíso se detiene

La tierra se traga la saliva

Mas de aquel a quien duerme.
Las piedras suenan

El río no descanza

Las aves revolotean calladas

Las viejas caminan descalzas.
El fogón encendido 

El sancocho ya está hecho

Los niños corren eufóricos

¿Las gallinas recordaran a sus muertos?

La belleza de la inteligencia.

Ginoide, Cyborg

Si lo pensamos detenidamente, tenemos muchas razones por las cuales temer a las máquinas: son más fuertes, son más rápidas y pueden vivir mucho más que cualquiera, por más saludable que este sea. Las máquinas son, en su mayor expresión, una imitación de la fuerza natural reforzado por el ingenio humano y su capacidad para alterar los elementos.

Desde que la robótica y la computación predijeron la llegada de la inteligencia artificial, nació un temor conjunto, una reacción natural ante una posible amenaza de que las máquinas fueran más inteligentes que nosotros y que con el tiempo, llegaran a dominarnos o, en el peor de los casos, aniquilarnos. Pero puede que este singular escenario no sea realmente una guerra apocalíptica sino una batalla filosófica y legal que consista en establecer o reafirmar qué es lo que realmente nos hace humanos.

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¿Para qué huir de casa?

No quiero despedirme de esta tierra con lágrimas en los ojos y mucho menos con la sensación de huida. No es mi deseo convertirme en un extrangero refugiado cuyo anfitriones consideren que perdió su patria y su fe. No deseo unirme a la tendencia de quienes se llevan consigo el desprecio, el rencor o el temor al fracaso al navegar en aguas desconocidas. De hecho, tampoco quiero que la esperanza de una mejor vida sea el único motor para encaminarme a un nuevo horizonte. El miedo y la esperanza son como los espejismos del que vaga por el desierto.

Quiero que mis decisiones se traten de vivir, no de sobrevivir siendo un exiliado apuntado por extranjeros antipáticos o poco conocedores del sentimiento de pérdida de tu hogar o el abandono forzado de este por considerarlo hostil o infructuoso. No deseo ser un huésped poco deseado al que debes tratar con una fingida amabilidad porque sabes que destinó sus últimos recursos para huir de casa.

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La divina providencia de la ignorancia

En el mundo abunda las profecías sobre el fin del mundo. Ante cada acontecimiento no falta quien nos recuerde las centurias del famoso Nostradamus o cite algún versículo de Las Revelaciones. ¿Todo esto para qué? ¿Con qué finalidad parafraseamos antiguas profecías que en principio no pudimos prevenir? ¿Qué sentido tiene saber algo que no puedes cambiar?

Vivimos tiempos llenos de calamidades. Lo vemos en la televisión, lo escuchamos en la radio y hasta el vagabundo que cruza la calle parece entenderlo. Nos enfrentamos a un cambio global. La naturaleza espera reclamar lo suyo y nuestro sentido del apego hace que sea mas dificil para nosotros entender que no tenemos nada en este mundo que no pueda ser reclamado. Por lo tanto, muchas de estas catastrofes son consecuencia de actos humanos. Pero el humano es parte de la naturaleza ¿no es así?

Conviene, pues, que seamos doctos en  alguna ignorancia por encima de nuestro conocimiento, para que, ya que no captemos la exactitud de la verdad, al menos vayamos hacia ella y veamos lo que no podemos comprender..

Nicolás De Cusa

No necesito tener poderes proféticos para entender, para saber que el mundo actual está derrumbándose. Lo que si se necesita es una leve mirada al pasado para saber que no es la primera vez y que no será la última. Todos parecen llamar el fin de los tiempos, creyendo fielmente que todo estaba escrito así y que no había nada que pudiésemos hacer.

Para aquellos que son seguidores de los profetas mayores y menores, incluso aquellos que buscan en la adivinación respuestas concretas ¡ya basta! Dejen de creer en las  profecias de ancianos que llevan centenas de años hecho polvo y  no escuchen a los prestidigitadores que buscan ganar dinero a costilla de malos augurios. La realidad es determinada por la luz, y la luz cambia su comportamiento según sea observada.

La verdad es que nadie nunca ha creído en la divina providencia más que en su propia ignorancia puesto que aunque las calamidades de nuestro mundo hayan sido  elucubraciones de ancianos barbudos de antaño, aún seguimos contaminando el mundo, provocando guerras, seguimos siendo mezquinos con nuestros vecinos y pensando en el bien personal por encima del bien colectivo. 

La función de la fe

Nunca me ha interesado molestar a los espíritus con plegarias. Tal vez nunca he rezado al Cristo de forma sincera. Incluso quizá, en tiempos mas oscuros, e ignorado los pentagramas e invocaciones a elementales. Todo esto porque existe en mi, un conflicto interno por descubrir aquello que llaman fe.

La fe es un sentimiento de apego a lo desconocido,nos brinda la seguridad de que hay algo más, en algún lado, que es responsable de todo lo que nos rodea y que nos observa y brinda protección. No sabemos explicar bien qué es la fe y solo nos limitamos a contar las experiencias y hablar de aquella fuerza más poderosa que nosotros. Por lo tanto, es difícil saber si la fe es adquirida o es de alguna forma implantada, como si se tratarse de un archivo de programa. Si bien sabemos que cada archivo tiene una función, que la naturaleza tiene un uso para cada cosa, y si, la fe es adquirida o implantada, descubierta o nacida espontáneamente en la mente humana, ¿Qué función tiene?

Imaginar un mundo sin fe, es quizá una idea absurda, muchos pensarían que le arrebataría algo importante, imprescindible para sus vidas. Esto podría crear un ambiente de confusión y probablemente sea eso lo que pasa en la actualidad. Pero, si la fe ha permanecido en la mente humana por miles, tal vez millones de años, ¿cómo podríamos pensar siquiera en desprendernos de la fe que aparentemente ha nacido con la humanidad? La respuesta podemos hallarla en el mismo entorno donde nació: en la necesidad de creer en algo.

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.

Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.

En la antigüedad, el hombre como cualquier otra especie, se regía por el día y la noche. Al ser criaturas diurnas, era durante el día cuando se dedicaba a cazar, a alimentarse y a realizar actos sociales (cuando adquirió la capacidad) pero en la noche, cuando las sombras llegaban, debía refugiarse, pues sabía que en la noche estaba indefenso. Con el tiempo, la noche adquirió la forma de todo aquello que nos amenazaba y le dimos forma a criaturas monstruosas para que representaran cada uno de nuestros miedos en las tinieblas.

En estos tiempos la fe es retada y solo aquellos que aun tienen sus convicciones bien arraigadas pueden disfrutar de tan maravilloso don aun cuando en su religión insistan en creer erróneamente que son poseedores de la verdad absoluta. Tal vez sea difícil despojar a la fe del estigma de la religión, pues funcionan como dos entes que retroalimentan. No obstante, la fe funciona sin la religión, pero la religión no funciona sin la fe.

Por Y. J. Rivas
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Frágil

​Vivo en un país cyberpunk. La miseria se haposicionado en la ciudad frente a observadores indiferentes. Los medios de comunicación dosifican la información mientras quienes ssben la verdad la usan para manipular. Estamos en un Estado corrupto que ondea una bandera directo al fracaso. Y solo unos pocos gritan mientras la mayoria corre o se resguarda para sobrevivir. Es un guerra silenciosa.

Los lideres se señalan mutuamente buscando el verdadero culpable de tanta tragedia. Aquellos que luchan también se abren paso para la publicidad. Todo es un juego de caras donde la politica alimenta el mercantilismo. ¿Para quién es la lucha?¿Quién se beneficia ante una crisis que no obedece al dialogo? 
En nuestras limitantes como pueblo solo buscamos el culpable en las caras conocidas. Buscamos el culpable en otros pero nunca estuvo alli. Vivimos las consecuencias de nuesro cinismo, de nuestra ignorancia y negligencia ante los acontecimientos sociales, políticos y económicos. Tenemos El Gobierno que merecemos por dejar en manos de otros nuestra virtud. Rechazamos nuestra responsabilidad y ahora esta se nos restriega en la cara. La cara conocida que debemos buscar es la nuestra.
Nuestros fundadores deben avergonzarse de nosotros por preferir la comodidad al progreso, por creer en salvadores y esperar que los gobiernos nacionales nos alimenten o los extranjeros nos orienten. ¿Somos acaso un pueblo domesticado por la televisión y las redes sociales cuya voluntad reside esperar a que otro de el primer paso para luego hacerlo viral sin tomar su lucha como propia?