Relato: Cuando se guarda el amor

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Recuerdo la primera vez que se acercó. Sonriente. Me observaba fijamente y medía sus palabras, esperando no equivocarse. Yo no sabía quien era ella, pero ella aseguraba saber quien era yo y admitió haber estado esperando para entrevistarse conmigo. Eso me ponía en desventaja. Pues me había abordado para solicitarme una ayuda profesional y justificaba su solicitud en base a los comentarios de sus colegas.

«Él te va ayudar» — le decían. Acepté sin mediar muchas palabras, porque había sido amor a primera vista.

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Post Humanidad

Ginoide modelo infantil

I

Los niños del mañana

La inteligencia artificial es aún un sueño lejano. Probablemente está alimentada por el instinto humano de crear y siguiendo su propio código genético de reproducirse a sí mismo, aunque para esto, ya no requiera estrictamente del sexo. El deseo de crear está íntimamente ligada a nuestro desarrollo como especie y seguramente podemos pensar que copiarnos a nosotros mismos en seres artificiales es una pérdida de tiempo pero sabemos que, de alguna forma, nos estamos mejorando a nosotros mismos al integrar en nuestra cotidianidad, tecnología de alta gama que destruya uno de los obstáculos más grandes pero no menos intrigantes de nuestro universo: el misterio de la vida. Sigue leyendo

Mis gritos y su silencio

Esa mañana despertamos por un sonido muy peculiar. El Ruiseñor revoloteaba los rincones de nuestra habitación buscando desesperadamente una salida a esa prisión que le apartaba de su mundo. El aleteo y el canto nos avisaba que por fin había amanecido. Él y nosotros teníamos algo en común: ambos estábamos prisioneros; la única diferencia es que nosotros deseábamos estar allí eternamente. No buscábamos una salida. Queríamos estar alejados del mundo exterior y permanecer entre las sabanas en cada ocaso y amanecer. Pero eso ya pasó. La cama ahora sólo tiene un prisionero, el otro yace libre y no hay ruiseñor que cante para nosotros en las mañanas. Todo canto de alegría se fué con la sangre bajo sus cabellos.

—Si no te levantas, llegarás tarde a tu trabajo— me dijo.

Allí estaba, sonriéndome sobre las sabanas mi hermosa amada, sonriente, con sus ojos negros y sus labios rosados observándome detenidamente. Sus largos y ondulados cabellos se enredaban en mis dedos. La luz del sol no hacía más que iluminarla como si un ángel bajase del cielo directo a mi cama y me hiciera compañía cada noche y luego, dejarme en la mañana. Su poema favorito era la Divina Comedia de Dante Alighieri, el cual yo le leía un pasaje diferente cada vez que me lo pedía. Muchas veces imaginábamos el camino al Paraíso, intentando esquivar a toda costa el Infierno y el Purgatorio. Yo era Dante y ella era mi Beatriz.

—Desearía quedarme por más tiempo, no quiero ir hoy.— Me envolví entre las sabanas con ella, deseando que el sol pasara de largo y la luna levantara su pálido rostro sobre nosotros. A ella le gustaba mirarnos detrás de las cortinas cuando el velo nocturno cubría la urbe y las lejanas montañas de la ciudad.

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Relatos de callejón II- Servidor Público

Portada- Relatos de Callejón por Y. J. Rivas

Relatos de callejón

II

Servidor Público

Nadie me dijo que sería tan difícil, no me advirtieron que el deseo del ser humano puede ocasionar cosas terribles. En los libros encuentras únicamente lo que en teoría es el mundo y la verdad es que, la realidad a la cual nos enfrentamos, no está editada en páginas de los diarios o las revisas. De hecho, los libros de autoayuda están parcializados por su temática y se basan, generalmente, en las experiencias de otros. Desde que nacemos nos moldean para ser el “ciudadano modelo” el cual consiste en ser lo que sociedad desee que seamos y hacer lo que la sociedad necesite que hagamos.

Entonces allí estoy yo, con un arma en mi mano derecha apuntándole directamente a la cabeza. No recuerdo en que momento apreté el gatillo, de hecho no recuerdo siquiera la detonación pero allí estoy acabando de cometer el primer asesinato de mi vida. Su mirada vacía y la mancha roja en la pared, son las pruebas contundentes de que mi tiro no falló, de que mi plan, ha dado resultado.

Pero como cosas de la vida, esto no es una película donde el protagonista asesina por el simple hecho de ser héroe, donde la moralidad es sobrepasada por el simple acto de actuar a merced de lo que se cree, es la decisión correcta. Yo aquí no me considero un héroe, no soy el estereotipo de guerrero legendario que sacrifica su vida para el bien común. Claramente estoy del otro lado de la historia, la historia que no queremos escuchar por el simple hecho de que no hay nada heroico, nadie quiere escuchar las versiones de sus villanos por que estos están fuera de los estándares de los ciudadanos modelo… la mayor mentira de la historia.

Yo me desligo de mi título de héroe pero aquel al que he matado, probablemente lo quieran conocer como el villano. Lo he matado por el simple hecho de que, en el ejercicio de sus funciones, ha pasado por sobre mí. Él ¡un novato! e imberbe recién graduado, se ha atrevido a robar mis ideas para ascender y ser mi jefe. ¡No podía permitir eso!

Tuve que investigarle. Hoy en día no hace falta ser un detective, lo único que debo hacer es ver su página de facebook, seguirlo en twitter, leer su blog personal y fingir ser su amigo. Encuentro que, el muy infeliz, ha establecido relaciones ventajosas en los negocios y ha logrado cerrar un trato de más de 2.000.000  dólares con una empresa norcoreana. La celebración es grande en las oficinas y los altos ejecutivos ven a la nueva celebridad con buenos ojos. Era el momento de otra ascensión.

Pero yo no podía permitir eso, no podía dejar que se atreviera a pisar mi cabeza y hacerse con mis clientes, mi ventaja es la práctica. En mis archivos tengo toda la información que necesito para comprobar que la empresa, no sólo es millonaria sino que además, están inmersa en actividades catalogadas por la sociedad como ilegal e inmoral. No me malinterpreten, apoyo el negocio de la prostitución pero por ¡por todos los santos, niños! eso si que era infame, incluso para mí.

Las reuniones y los ejecutivos van y vienen. Sonrisas, saludos, palmadas en la espalda y reconocimientos públicos y todo por hacer negocios bajo la mesa. De hecho quizá debería escribir un libro donde me dedique a explicar como seguir las reglas no te garantiza una vida plena y probablemente tenga éxito porque no conozco a nadie que haya seguido los paradigmas escritos en los libros y haya sido exitoso. Por un tiempo había olvidado el tema pero bastó con que el desgraciado se burlara de mi para despejar mi mente de toda duda y así, decidí hundirlo.

Con gran astucia, até los cabos sueltos, grabé conversaciones, tomé fotografías y revisé emails. No necesitaba de policías, no quería más buitres sobre mi presa. Cada ejecutivo fue localizado y me tomé unos minutos para exponerles mi visión del mundo, que ellos me hablaran de la suya y que en otras circunstancias, realmente hubiésemos sido grandes amigos, pero es difícil hacer amigos cuando se les apunta con un arma. Cada uno recibió una visita inesperada en su hotel. El Modus operandi es hacerse pasar por el mesero de room-service y ofrecerles un servicio especial VIP totalmente gratis. Siempre fui bueno para las ventas y los idiomas así que eran unos conejos y yo un buen cazador. Cada uno, fue encontrado con una bala en la cabeza y las pruebas físicas de su delito.

Pero mí querido amigo fue más difícil, era el conejo mayor y era algo escurridizo pero eso no fue problema para mi. Lo encontré con su “compañera” en su nuevo apartamento ubicado en las zonas más prestigiosas de la ciudad de Caracas. Aquella niña saltó de terror al verme parado en la puerta sosteniendo mi arma, apuntándoles directamente. Le hice señas con mi arma a la desdichada criatura para que se retirara. Mi amigo, que antes se burlaba de mi, ahora me suplicaba por su vida. Le explique que, en la vida de los negocios siempre hay sus desniveles, que por mucho que hayamos subido a la cúspide de nuestras carreras no había garantías de permanecer allí siempre y cuando te mantuvieras al trote y no descuidaras tus cuentas.

Él había descuidado muchas cuentas y una de ellas era pavonear lo rico que se había hecho. Yo le lancé las fotografías, las copias de los correos, incluso una grabadora con sus conversaciones. Al verlas supo de su gran error. Ya no podía dudar, ya no había tiempo. No eran necesarios los protocolos, las agendas, las conferencias. Éramos sólo él y yo y las cartas estaban sobre la mesa. Disparé, mi corazón latía con tanta fuerza y me concentré tanto en ello que no escuché la detonación, únicamente vi la bala atravesar su cráneo y éste rebotar contra la pared. La mancha de sangre fue la señal de que todo había terminado.

Me retiré del hotel, satisfecho por mi empresa. Siempre fui bueno en los negocios pero no muy bueno asesinado. La policía me encontró, me arrestó por asesinato premeditado de 12 personas, a decir 9 hombres y 3 mujeres. Pero siempre fui bueno en los negocios, era obvio que esa empresa debió hacer tratos conmigo y entonces probablemente había sido yo el que estuviese en la habitación, habría sido yo quien descansara con un bala en la frente. Hice mis cuentas muy bien, desvié fondos a un cuenta personal.

Durante el juicio los tecnicismos rebotaban de un lado al otro pero una cosa si entendía, se me halló inocente por pruebas insuficientes. Tal vez sería por el soborno al juez o porque mi abogado fue muy convincente al mostrarle las fotos de las jovencitas que eran vendidas como un producto de placer y que las comparó con sus hijas, quizá fue la falla del sistema. Yo era culpable, yo metí una bala en la cabeza a cada uno de ellos pero salía libre de cargos. Salí como un servidor público y como cualquier servidor público que se vale de chantajes y sobornos, salí millonario.

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Relatos de callejón – Fácil

Portada- Relatos de Callejón por Y. J. Rivas

Relatos de callejón

I

Fácil

No sé por qué tuve que terminar así. Yo era de los mejores de clase, el consentido de los profesores y el líder de mis compañeros. Mi madre siempre me dijo que sería un gran empresario algún día, tal vez un artista o un político según escogiera mi camino. Mi padre pensó que sería un científico o quizá un arquitecto por mi facilidad para las ciencias. Ninguno de los dos pudo predecir que mi historia terminaría conmigo envuelto en un bolsa.

Todo era muy fácil en aquel tiempo; desde conseguir un empleo hasta acercarse a las drogas por complacer a unos amigos, sobre todo por la idea estúpida idea de que sería más atractivo para la chica que me traía loco ¿Qué podrían esperar de un joven que vivía entre los libros pero que era un ingenuo ante los peligros del mundo real? Las cosas pasan muy rápido cuando tomas decisiones fáciles sin consecuencias graves aparentes. Un año pasó con la velocidad de las motocicletas, de las fiestas a altas horas de la noche y del alcohol.

¿No tenía derecho de divertirme igual que todos los demás? Había pasado años tras los libros y por fin había conseguido los títulos que mis padres habían querido. Me lo había ganado.  Pero era muy estúpido al pensar que lo tenía controlado. El mismo impulso que generó en mí la atractiva idea de sentirme rompiendo las reglas, me llevó a pasar largas horas sentado frente a una mesa con metanfetaminas. Pensaba que no había nada mejor que haber alcanzado todo lo que necesitaba. Sentía una fuerte sensación de bienestar jugando a ser el dueño de la calle, de pertenecer al mundo real.

Con el tiempo, todos mis amigos comenzaron a hacer sus vidas apartándose de mi. Me abandonaron porque no tenían la misma visión que yo de ser alguien en las oscuras calles de una urbe que poco le importaban los científicos; que todos los días vanagloriaba a los señores con poder sobre los menos afortunados o sobre los políticos que enriquecían sus bolsillos y se hartaban como cerdos la comida del pueblo haciendo pactos con la mafia. Todo lo que había leído en los libros se esfumaban como los sueños de un joven ante el humo y las luces de los clubs.

Me enfurecí al saber que había sido engañado y quise venganza. ¿Quién más que aquel que conocía los secretos del mundo, era el indicado para ser su dueño?  Los asesiné y volví mi rostro contra toda forma de autoridad. LLené mis venas con algo más que odio, alcohol y heroína y arremetí con el caos establecido  en el mundo a causa de la opresión institucional ejercida por hipócritas esclavos del dinero y las prostitutas. ¿Quién más podía poner orden?

Pero ese mundo real cobra caro la estancia. No era más que un niño estúpido jugando a ser un adulto.  Mi vanidad se convirtió en el verdugo de mi deseo. Me llevó poco más de cinco y muchas balas en mi cuerpo para darme cuenta de mi error. Tendido sobre el pavimento con las luces estroboscópicas a mi alrededor, entendí el camino que había escogido. Caí desde el cielo que habían intentado construir para mi, por creer que de verdad lo merecía. Recuerdo que morí a mitad de la calle París saliendo de un bar. Recordé todo lo que mis padres había dicho que sería, los aplausos de mis compañeros de universidad al recibir mi título con honores. Una simple decisión me llevó a cambiar el reconocimiento por la vergüenza. Pero ya era demasiado tarde. El mundo no tenía reparación.

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Relato: Reflejo amante.

«Nadie nos ve, mas estamos a la vista; nadie nos juzga, mas somos pecadores. Bailamos al ritmo de nuestra propia tonada…» (Y. J. Rivas, En trance.)

Cada mañana era un tórrido deseo de sentirse mujer. Despertaba entre suspiros esperando encontrar sobre ella, el rostro de aquel hombre a punto de entrar en su interior. A penas podía entender la razón de aquel deseo impávido por un hombre que no le correspondía. Ella Abría los ojos y se sonrojaba al verse en el espejo, con las manos entre las piernas, suscitando la lujuria que la apresaba entre aquellas sábanas rosas. Abría su boca y callaba el gemido con la almohada.

Al vestirse, se quedaba largo rato observando su cuerpo en aquel espejo; cabellos rubios a la altura de los hombros, ojos café, labios carnosos y facciones de una tierna joven que aun espera por su cumpleaños número dieciocho. Se sentía insegura de sí misma, preguntándose si aquel hombre la desearía y si aquel uniforme escolar suponía un gran obstáculo. Decepcionada, salía a toda prisa del cuarto. Bajaba las escaleras con su rostro fruncido, esperando encontrar a nadie en su  camino. Todo parecía indicar que ese día no iba a ser el mejor; nada le quedaba bien, no había forma de poder ser quien quería ser, pero por sobre todas las cosas, sentía celos.

—¡Buenos días Fabi— le saludó su madre.
—No son buenos días—contestó Fabiana.
—¡Vaya! Es muy temprano para andar de malas.
—Como sea.

La madre se llevó los brazos a la cintura y resopló. Por un momento la rabia se le subió al rostro pero ella estaba de muy buen humor y no quería iniciar una pelea con su hija la cual no llegaría a ningún lado. Aun cuando la rebeldía de Fabiana la molestaba, no había nada le hiciera cambiar de parecer. En ese instante sonó su celular, el pequeño hermano de Fabiana, José, extendió el aparato y ella lo siguió con los ojos, atenta a conocer el interlocutor.

—¡Buenos días!— Contestó la madre con una voz chillona.

No había duda que era él. Fabiana conocía ese tono de voz y la forma en la que se sonrojaba cuando hablaba con él. Observaba discretamente la forma en ella expresaba su amor y se preguntaba si ella podría sentir lo mismo. El hombre que ella deseaba le pertenecía a alguien más. Fabiana sintió que debía estar atenta a escuchar la conversación. Mientras hablaba, la madre servía el desayuno. Le daba indicaciones a Fabiana con los dedos para que la ayudara.

Todos se sentaron a comer pero la mamá seguía en su idílica conversación con su enamorado. La joven madre acariciaba sus negros cabellos al hablar y Fabiana quien, observaba su risa, se sentía cada vez más disgustada. Fabiana sentía que su madre le restregaba su felicidad en la cara. Ya era suficiente. Entonces se levantó de golpe.

—Ya no tengo hambre.

—¡Pero no tocaste la comida!

La joven Fabiana salió despedida de la cocina, esperando correr tan rápido que no le diera tiempo sentir nada más. Lleva meses esperando recibir más que un gesto amable de cortesía. Lo amaba desde hacía tanto tiempo que cada palabra le resultaba tan dura como el hecho de que probablemente jamás tendría su amor. Cuando cruzó la puerta alcanzó a escuchar a su madre.

—No se que le pasa hoy— alcanzó a decirle la madre a su interlocutor— cosas de la adolescencia.

Ella no pudo contener un grito de impotencia. Tenía ganas de contárselo a ella, de explicarle que no era su culpa que lo deseara. Pero no podía más que callar, por el bien de ella misma.

Al llegar al instituto, respiró hondo por encontrarse en aquel sitio donde era invisible. Donde su mente se iba en cálculos de álgebra y química. No había mejor lugar para olvidar lo que le pedía su cuerpo, que buscando los desafíos matemáticos que ocuparan su mente. Aunque esto último sería aun más difícil cuando observara a lo lejos, la causa de aquel deseo que la consumía desde hacía tanto tiempo.

Al otro lado del patio principal del instituto, estaba aquel joven de cabellos negros, de ojos café y pómulos prominentes. Llevaba su típica chaqueta negra y su aire de joven exitoso. Casi cualquier chico en el instituto pasaba la mayor parte del tiempo besándose con las chicas y, aunque generalmente lo hacían a escondidas, este no tenía problemas para hacerlo a la vista de todos. Los cabellos negros de aquella chica que era besada apasionadamente, no impedía que ella siguiera observando. De pronto, el deseo de cambiar de lugar le hizo sonreír, burlándose de su patético sentimiento.

Pasó tanto tiempo observándola, que no advirtió que tenía al frente, a su profesor de historia. Este llevaba tiempo observándola, preguntándole sobre su proyecto de ecología para el instituto que tanta controversia había generado. La taciturna Fabiana solo suspiraba. El profesor siguió su mirada hasta llegar a la pareja. Entonces sonrió y se le acercó.

—¿Hay alguien allí?— preguntó el profesor, sacándola abruptamente de su abstracción.

—¡Profesor Andrés!—exclamó. Sintió que la sangre se le iba al rostro.

—¿Interrumpo algo?

La joven Fabiana lo miró por algunos segundos.

— De hecho si. ¡No tiene idea de cuánto he querido besarlo, de cuánto tiempo he estado esperando por estar entre sus brazos y que me diga a mi, no a ella, que soy la mujer de su vida! Pero lo único que consigo es que usted venga y me aleje de él con la intención de preguntarme sobre algo que no le interesa. Lo odio. Odio tener que conformarme con su simpatía, odio tenerlo tan cerca y que al mismo tiempo esté al otro lado de la clase.

—No, no interrumpe nada. —contestó. El carácter de Fabiana era voluble en esa época de su vida. Hablar con su profesor la calmaba pero paradójicamente su deseo se intensificaba al tener que compartir la clase con aquel joven que la traía poseída. Ella era una de las mejores estudiantes pero por alguna razón la historia era particular difícil para ella. Al contrario de lo que uno puede esperar en una chica, la fechas no era su fuerte. El apoyo que aquel joven le brindaba en cada clase, no solo había logrado salvar sus notas sino que también le había permitido que le hablara por primera vez directamente. Había logrado tener sus ratos a solas con él.

Al terminar la clase, aquel joven fornido que siempre estaba cerca de la ventana se despidió de ella, ofreciéndose en ayudarla con su proyecto de reciclaje.  Él era el más popular pero no por eso dejaba de ser amable con ella, pues también lo había ayudado a pasar su examen de matemáticas. Había sido una de las pocas veces en las que se había quedado sola con un chico, aun cuando no hubiese nada entre los dos y que probablemente jamás lo habría.

El profesor Andrés, como era costumbre, siempre le ofrecía un tiempo extra para ponerse al día con su proyecto estudiantil. Ese día Fabiana se rehusó. No tenía deseos de quedarse a hablar con él sobre ambientalismo. Lo que ella quería era ser besada. No le importaba tener que verlo con otra chica pero no se resistía cuando lo tenía aunque fuese por un breve momento, tan cerca de ella. Aun así, sabía que era muy importante su apoyo. Fabiana se excusó diciendo que debía encontrarse con otros compañeros para investigar sobre termodinámica. Ella y el profesor quedaron en verse horas más tarde.

Había iniciado la temporada de lluvias y a las seis de la tarde ya había oscurecido bastante. Fabiana observaba como la lluvia lavaba la ciudad dejando solamente la humedad de una oscuridad inalterable que surgía como un manto fantasmagórico sobre las luces y estás, luchaban por alcanzar el cielo. Pero algo sucedía frente a su casa, y ella, en su letargo, no se daba cuenta. Bajó la mirada solo para sentir como su corazón se atravesaba en su garganta.

Bajo el pórtico de la casa, se detenía aquel joven que robaba los deseos impúdicos de Fabiana. Ese joven llevaba tiempo observándola sonriente.

—¿Cuánto tiempo llevas allí observandome? — Le preguntó Fabiana, sorprendida por la inesperada llegada de aquel joven de chaqueta negra.

—El suficiente para notar cuánto te gusta lluvia.

—¿Te dedicas a vigilar a las niñas en su ventana?

—Sólo a las hermosas.

Fabiana sintió como se le ruborizaba el rostro. Tragó saliva, pero solo bastó un par de segundos para que reaccionara. Entornó los ojos y se retiró de la ventana. Sonreía para sí misma y observaba aquel espejo que en la mañana la había visto acariciando cada centímetro de cuerpo por él. No podía evitar sentir el fuego en su interior, no podía contener el ímpetu de su frugal corazón.

—¡Oye!¿Me abrirás la puerta? Gritó el joven desde la calle.

—¡Claro! — contestó Fabiana. De pronto se sentía feliz, se sentía fascinada por el hecho de tenerlo en la puerta  esperándo  por ella. Buscaba algo bonito para ponerse. Aún cuando no le gustaba maquillarse intentaba torpemente de pintarse los labios. Al terminar bajó rápidamente las escaleras.

—¿Quién grita en la puerta?—Preguntó su madre. Fabiana quería ser la primera en abrir la puerta pero su mamá ya estaba varios pasos delante de ella.—¡Vaya, te maquillaste!— le dijo. Entonces Abrió la puerta en cuestión de segundos.

—Buenas noches señora Ana.— saludó el joven.

—Hola Andrés. Si sabes que tenemos un timbre, ¿verdad?

El joven sonrió.

—Vi a Fabiana en la ventana y no creía que fuera necesario.— contestó, dedicándole un guiño a Fabiana.

La madre se volvió a ver a Fabiana y le sonrió. Pero algo había en su sonrisa que no le agradó a Fabiana. Conocía bien a su madre como para saber todas sus formas de sonreír y aquella sonrisa no era precisamente para ella.

—Nani— le llamó el pequeño José. — quiero ir al baño.

—Ya voy — le dijo Fabiana.

Pero a ella le tomó otros segundos más, como si se tratase de una película en cámara lenta,  darse cuenta de que aquel final sería como una espina en el corazón. Aquel joven se acercó, puso un pie en el interior de la casa y beso suavemente los labios de su madre. Fabiana los observaba desde las escaleras, agarrándose de la pared por miedo a caerse. Sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas y como su corazón, antes azaroso, se clavaba en su garganta impidiéndole respirar. Ella no podía soportar verlos así. Decepcionada, se dispuso a volver a su cuarto con la única intención de soltar su pena, una vez más.

Con los ojos aguados y conteniendo el llanto, Fabiana llevó a su pequeño hermano hasta el baño y lo ayudó a bajarse los pantalones para orinar.

—¿Qué tienes Fabi?— preguntó su hermanito en toda su inocencia.

—Nada, mi pequeño.—

—¿Viste el nuevo juguete que me regaló mamá?— le preguntó José mostrándole un muñeco de acción que tenía en la mano.

—Es genial— Contestó.

Luego de ayudarlo a terminar, el pequeño José bajó las escaleras pero Fabiana se sentó de nuevo frente al espejo del baño. Ella se observaba a sí misma y sentía como la rabia le apretaba el cuerpo. Odiaba a su mamá, odiaba a su profesor. El odio se acrecentaba como el fuego sobre las brasas, pero algo más aterrorizó su mente: no tardó en comprender que aquel odio era motivado por los celos y el deseo irrefrenable de que fuera él quien la amara. Arrancó a llorar desconsoladamente.

Por primera vez en su vida había sentido odio a su madre, a quien siempre había amado, y todo solo por un hombre. La vergüenza rápidamente la consumió por completo. Jamás en su vida se habría imaginado tener que odiar la felicidad de su progenitora y solo porque tenía el amor del hombre que ella desde un principio, siempre había deseado. Su llanto se convirtió entonces, en el odio a sí misma, en el temor de ser una hija malagradecida y traicionera, porque llevaba meses haciendo el amor con el novio de su madre. Aunque fuesen solo fantasías. ¿Cómo podría privar al tierno fruto de la juventud, de hallar en el sexo, la poesía mística de su naturaleza?

Bajó de nuevo las escaleras, intento no ver a ninguno de los dos. Cogió las llaves y cuando estuvo a punto de salir, su madre la detuvo.

—¡Fabiana! ¿A donde vas a esta hora?

Fabiana se detuvo, intentando que su madre no viera sus ojos llorosos, pues no tenía ni las fuerzas ni la intención de explicar. No podía hacerlo aunque quisiera.

—Olvidé mi cuaderno de biología en casa de Gloria. Debo ir a buscarlo.

—Pero Andrés ha venido esta noche para ayudarte también en tu proyecto.

—No creo que pueda hacerlo hoy.

—¿Volverás para cenar?

Fabiana suspiró.

—No mamá, me quedaré a dormir allá.

—Qué Dios te bendiga.

Al cerrar la puerta, Fabiana respiró hondo. La verdad es que no le había mentido a su madre sobre que tenía que ir a buscar el cuaderno, el problema era que Gloria vivía al otro lado de la ciudad. Había olvidado su bolso con el dinero y no había forma de que lograra llegar hasta su casa. Solo le urgía caminar para despejar su mente. Además tampoco tenía intenciones de quedarse a dormir en casa de Gloria donde ella también le recordaba por qué deseaba tanto a aquel hombre.

Las calles iluminadas bajo una llovizna grisásea parecían representar el laberinto de su mente y la oscuridad que se había posado sobre su corazón. No podía regresar al refugio de su cuarto así que tenía que caminar varias calles para lograr encontrar la tranquilidad que necesitaba. Se aferró a su abrigo y comenzó a caminar. No tenía idea de hacia donde iría.

Tantos pensamientos de vergüenza, temor y deseo la hacían preguntarse si había algo malo en ella por no poder controlar la necesidad imperiosa de tener sexo con el novio de su madre, con la idea de cambiar de lugar.  Sentía un gran conflicto en su interior porque no podía entender aquel íncubo que se posaba en su cama, que había perturbado su mente y que ella con tanto gusto había dejado entrar. «¡Estoy enferma!»

En su solitaria caminata nocturna, solo era acompañada por el reflejo en los vidrios de las tiendas y carros de la avenida. Se acercó de nuevo a saludar a su reflejo en una tienda de vestidos que había cerrado hace horas. Aquel espejo reflejaba su pena. Hace varios meses que los espejos se habían convertido en sus amigos silencioso, en el eco de sus deseos y en el frío recuerdo de que tenía que olvidarse de Andrés. Pero a pesar de la tristeza amaba a su madre por sobre todas las cosas. Decidió plantar cara a la situación, pues la mejor forma de matar el deseo que tenía, era enfrentar el hecho de que a su madre era feliz por primera vez desde que su padre las había abandonado y que eso era lo único que en realidad importaba.

Pasaron varias horas antes que Fabiana decidiera por fin volver. Regresar a su casa era la prueba de que había logrado calmarse aunque todavía estuviera enojada consigo misma por ser tan inmadura. «Por esa razón él no lograría amarla». Resignada a superar un amor no correspondido cruzó el umbral de su puerta, esperando que, al entrar, dejara afuera todo ese embrollo de sentimientos infortunados y lascivos que recorrían su cuerpo. Estaba equivocada.

Las luces estaban apagadas y el reloj de la pared indicaba que había tardado más de cuatro horas en volver. Tenía hambre, así que buscó en la cocina algo para comer pero no había nada porque se suponía que ella no volvería esa noche. Cogió un par de galletas de soda y mermelada y se fue a su cuarto, cuidando de no despertar a su madre. Había un ruido particular que templó los sentidos de Fabiana. A medida que iba subiendo escuchaba unos que gemidos se difundían en la penumbra y ella sabía exactamente de donde provenían.

Primero fue hasta la habitación de su pequeño hermano para asegurarse que estaba dormido. A ella le gustaba observalo mientras soñaba. No había nada que amara más que aquel hermoso niño que con tanta admiración la saludaba todos los días y sentía que no había  nada que no hiciera por él. Al verlo que dormía plácidamente en su cama de Buzz Ligthyear, siguió su camino hasta el siguiente cuarto.

La puerta de la habitación de su madre estaba entre abierta como si no hubiese habido tiempo de cerrarla. Una luz tenue se proyectaba desde el interior y Fabiana podía reconocer aquellas sombras que serpenteaban lentamente en la pared. Dejó a un lado las galletas y se acercó en silencio para ver por la rendija. Observó cómo el cuerpo de Andrés se deslizaba sobre su madre. Las piernas de aquella mujer abrazaban el cuerpo sudoroso de aquel hombre que la abría y penetraba con intensidad. Fabiana no podía evitar la curiosidad de ver el rostro de Andrés, y aun cuando la oscuridad reinante en aquella habitación solo permitía la entrada a una imaginación pervertida, la necesidad de observar a aquel hombre haciéndole el amor a su madre podía ser lo más cercano que estaría nunca de ver el cuerpo desnudo que ella deseaba.

En el momento en que Andrés cambió de lugar con Ana, llegó el momento que por tanto tiempo había estado imaginando. Fabiana debía entrar en escena. Ahora era ella misma quien cabalgaba desnuda y sudorosa, con sus cabellos batiéndose en las sombras mientras Andrés tocaba sus pechos y su vientre. Se veía a sí misma devolviéndose la mirada con un sonrisa de satisfacción mientras se entregaba a su amante soñado. Fabiana gemía cada vez que Andrés se impulsaba para penetrarla y ella, fogoza, inclinaba su cabeza para disfrutar de aquel momento lujurioso. Subía y bajaba exponiendo sus pechos al aire y curvando su vientre que ahora recibía la fuerza de su hombre. Luego sus siluetas se hicieron una con el fondo de una luz que atravesaba la ventana. No había nada más hermoso que ver a una joven criatura entregándose a los placeres de la experiencia consumada. La razón de todo fruto es llevar consigo la naturaleza de su propio árbol.

La excitada Fabiana llevó sus manos a su pecho, tocándose suavemente los pezones. la figura de aquel joven la encendía y la torturaba de forma placentera. Aquel hombre penetraba la oscuridad con fuerza, con su brazos fornidos y su cintura tan dura como el mismo miembro que Fabiana deseaba tener dentro de ella y nada era más obsceno que espiar a los amantes mientras su propio deseo dominaba sus manos que ahora habían llegado hasta su monte de venus.

Ya no podía resistir observarlos.

Dicen que la mejor forma de huir de la tentación en caer en ella y Fabiana llevaba algún tiempo intentando huir de su propio deseo, pero incluso en su casa la idea de hacer el amor con aquel hombre la perseguía como un lobo lascivo esperando devorarla. Ya no quería hacerlo. Aquel hombre estaba tan cerca de ella que podía sentir que eran sus manos las que la tocaba, que era su lengua la que acariciaba sus muslos y sus labios los que besaban sus pechos.

Masturbarse mientras su madre hacia el amor no era algo que pasaba por la mente de Fabiana pero la idea de ser poseída por aquel hombre era mucho más fuerte que cualquier sentimiento o pensamiento que le mencionara lo inapropiado de ser una espía en la oscuridad. Dejó de observarlos y se dedicó simplemente a escucharlos mientras introducía la mano en su ropa interior.

Por otro lado, la predilección de Ana por el Feng Shui hacía que cada rincón de la casa y sobre todo el pasillo tuviera un espejo que refleja las cosas placenteras para dejarlas entrar en la casa. Esa noche Fabiana lo usaría para reflejar su propio placer. Se observaba a ella misma mientras movía sus dedos bajo el pantalón. Olvidó que estaba en el pasillo y no le importó bajarse los pantalones, desabrocharse la camisa y  ver las partes más íntimas de su cuerpo con la idea de tener aquel hombre desnudo y sudoroso a solo pasos de ella.

Nadie puede negarle el placer a quien ha nacido fruto del placer porque está privando a la naturaleza de su propia razón ser y hacer. Los gemidos de Fabiana parecían sincronizados con los de la pareja y aquel reflejo era el único testigo. Se acercó al espejo para besar su propia imagen mientras sus dedos penetraban su húmeda vagina. Lamía el reflejo celebrando su propia indecencia. El aliento de placer la entregaba a los brazos invisibles de su propia lujuria mientras aquel reflejo era su amante. Los pechos de Fabiana tocaban el frío espejo y eso solo avivaba su fuego interior de forma insospechada, pues eran la lengua húmeda del amante ajeno; del amor prohibido.

El olvido del entorno le habían dado la libertad a Fabiana se sentirse mujer, de brillar en la noche como una amante solitaria en representación de todas las mujeres del mundo. Romper las cadenas de su propia cárcel con solo una demostración de que estaba viva y tenía todo el derecho de sentir. Le daba gusto amarse a sí misma con tanta pasión que no podía contener sus propios gemidos mientras se apoyaba de la pared para introducir aún más sus dedos en su deseoso templo de perdición.

Ella subía y bajaba apoyándose en la pared mientras que; con la mano izquierda acariciaba su cuello, sus senos y sus piernas; y con la derecha, hacia movimientos circulares en su clítoris; a veces rápido, otras lento, aclamando la idea de liberarse de aquella prisión.  No podía contener la ola de sensaciones placenteras y su cuerpo temblaba con la misma rapidez con la que su corazón había ensordecido sus oídos. Allí estaba la joven Fabiana, antaño inocente e introvertida y que ahora se deslizaba en la oscuridad como una figura pagana cuyo deseo sacramental la habían convertido por fin en una mujer con poder sobre su propio cuerpo.

Pero muchas cosas olvidó esa noche. Olvidó que estaba desnuda en la oscuridad, olvidó que se masturbaba  en pleno pasillo de su casa y por sobre todo, olvidó que la puerta no estaba asegurada.

En un intento por apoyarse de la puerta, esta inevitablemente se abrió. Fabiana no podía detener la electricidad embriagante que subía por todo su cuerpo. Sus ojos entornados indicaban que llegaba al clímax y todo su ser era lentamente devorado. Ahora no había nada que impidiera que cayera directamente en la boca del lobo.

Aquella pareja saltó asustada de la cama y Andrés corrió rápidamente a encender la luz mientras Ana se refugiaba asustada entre las sábanas.

No hubo nada que evitara que Fabiana cayera de golpe en el interior de la habitación.

—¡Fabiana!— exclamaron Ana y Andrés al unísono.

—¿Qué estás haciendo?— inquirió Ana horrorizada por observar a su hija desnuda, con las manos entre sus piernas, en la misma habitación que su amante.

—¡Aaay!— gimió Fabiana, quien ya no podía controlarse.

El deseo de Fabiana por fín se había cumplido. Ella y aquel joven estaban desnudos en la misma habitación y como si todo hubiese sido calculado por la mano perversa del destino, Fabiana dejó escapar un gemido mucho más suave y casi inaudible mientras todo su cuerpo se contorsionaba ante la mirada atónita de Andrés. Fabiana lo observaba mientras sentía que todo su cuerpo se humedecía aún más en el suelo y no había momento más propicio para sentir que aquel hombre por fin la había hecho suya. La causa de su deseo obsceno era ahora testigo de su corrida incipiente.

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EL Umbral de Aqueronte

Relato, Short, Horror, Sci-fi

Año 2207 D.C.

El Dr. Friedrich krogen, apodado injustamente como Dr. Knoche por sus contemporáneos, logró diseñar un dispositivo llamado ‘El Anillo’; una máquina capaz de entrar en las once emanaciones dimensionales para invocar y contener por ‘privación’ las almas de los muertos, con la intención de predecir el futuro y obtener ventajas en la guerra. Pero las consecuencias fueron atroces.

Habiendo logrado exitosamente la contención de una cantidad de trescientas almas humanas y de otras especies, El Anillo logró predecir, a través de la derivación de sucesos, la invasión de los Seth, seres de cinco dimensiones procedentes de la Galaxia del Triángulo. Aquellos seres tenían una forma artropomorfa, pero su piel era translúcida y solo visible con un equipo especial. Eran tan altos y delgados como los árboles y aunque tenían un gran fuerza tecnológica y física, no pudieron detener la ola de ataques. Los seres humanos en conjunto con fuerzas aliadas de la Vía Láctea, lograron intervenir y atacar a lo Seth en su propio planeta. Sin embargo, al usar El Anillo, una energía desconocida invadió las almas contenidas y corrompió el contenedor, liberando infinidades de emanaciones demoníacas a nuestro planeta.

El horror invadió cada rincón del mundo. Las otras razas de nuestra galaxia observaron atónitas como nuestro pequeño planeta era consumido por «la más espantosa desgracia que nadie pudiese imaginar jamás». Aquellas almas corrompidas, atrajeron toda clase de demonios cuyo nombre apenas se alcanzaba a pronunciar. Los demonios que lideraban la invación, cuyo nombre era muy similar al chasquido de un insecto, atacaron a todo ser viviente de la galaxia, llevando a muchas especies al borde de la extinción. Los comenzaron a llamar ‘La maldición de los Seth’. Otros sugirieron que era el mismo Dios quien había castigado la osadía del hombre por usar a los muertos con fines bélicos y egoístas, corrompiendo el balance de la naturaleza.

El hermoso color azul del planeta se tornó rojo sangre, las nubes se transformaron en horrendas figuras oscuras y fantasmagóricas que se movían bajo un cielo negro. Aquellos demonios se apoderaron de toda alma que entraron en su camino y liberaron desgracias en todas direcciones. El hombre había abierto por segunda vez la caja de Pandora, pero no había esperanza en el fondo.

Dos meses más tarde, alguien por fin había hallado el origen de aquellas legiones enteras de seres monstruosos. Aquel hombre era Alister, uno de los pocos sobrevivientes del ataque. Él había sido testigo de como destrozaban a su familia y con ella la ciudad entera. Fue uno de los primeros en advertir como el cielo se abría y las luces oscuras se expandían en todas direcciones. Al ser el primogénito de Friedrich, Alister fue desterrado y obligado a vagar en aquel infierno. Allí no habían reglas, no había gobierno y no quedaba nada más cenizas y aullidos. Todo gesto de amor o compasión había suplantado por la necesidades básicas de sobrevivencia.  A pesar de ello, Alister logró hallar la señal que permitía el traspaso de las almas entre las dimensiones,conocido como «Umbral de Aqueronte».

—¿Que hemos hecho?—musitó perturbado al observar aquel horrendo escenario de cadáveres humanos, poseídos y deformados por aquellas emanaciones demoníacas. Con el rostro manchado de sangre observaba como el humo y el polvo dominaba el lóbrego valle. A lo lejos se podía escuchar los gritos de los desesperados, suplicando por sus vidas. Aquellos gritos desgarradores invadían los aires y llenaban el corazón de un inmenso terror.

Alister llevaba horas luchando por su vida, aquellos demonios habían logrado agotarle pero su deseo de sobrevivir y de acabar con aquella ola de sufrimiento, era más fuerte que cualquier demonio que intentara dominarle. Lleva una armadura hecha de un material ultraligero y resistente que cubría con un largo y andrajoso abrigo negro, producto de aquella batalla.

Allí, arrodillado ante el cuerpo sin vida de su amigo, se sentía cada vez más atormentado por los gritos de las víctimas de aquellos espantosos demonios. Sin embargo, lo que le atormentaba más, no sólo era que había perdido a su mejor amigo sino que además, había sido su propia espada la que le había arrancado el alma ,al que alguna vez consideró un hermano.

—Lo lamento Adán— musitó entre sollozos y con lágrimas saliendo a borbotones de sus ojos. —Lamento que haya tenido que terminar así.

Pasó cierto tiempo antes que Alister se volviera a poner de pie. La nube de humo y polvo comenzaba a disiparse, revelando aún más el horrendo escenario. Desencajó su espada del cadáver de Adán. Aquella espada emitía una luz tenue de color aguamarina y la sangre escurría lentamente. Alister envainó su espada, dispuesto a abandonar aquel lugar para atravesar El Umbral de Aqueronte y llegar hasta El Anillo. Montó su motocicleta, Revisó la carga de su pistola de plasma, así como los cargadores electromagnéticos para prepararse en su última batalla; aquella que pondría fin al infierno desatado.

De pronto, observó como algo inmenso se acercaba, levantando el polvo a su paso. Aquella inmensa criatura, con una morfología parecida a un lobo con inmensos dientes, un par de enormes cuernos y con espinas que iban desde la cabeza a lo largo de su columna vertebral hasta la cola, se abalanzó briosa sobre él. Alister disparó hasta agotar la carga de su pistola. Sólo le quedaba su espada. Con gran destreza se defendió de aquella furiosa criatura, amputándole una de las garras. Pero aquella criatura era fuerte y estaba decidía a destrozarlo. Una vez más, Alister blandió su espada y le atravesó directamente en el corazón, asesinándolo instantáneamente. Luego tomó su motocicleta y a toda velocidad atravesó el Valle; bautizado como Valle de las Almas, en dirección sureste hacia la ciudad en ruinas donde se encontraba El Anillo.

El cielo se agitaba, las nubes grises ocultaban el sol, apenas unos rayos de luz alcanzaban a tocar la tierra y la temperatura comenzaba a descender. El viento soplaba fuerte, agitando los largos cabellos negros de Alister. Con su espada envainada a la espalda, el deseo y la necesidad de detener al nigromante, lo convertían en el guerrero que el mundo necesitaba, el que toda la galaxia deseaba fervientemente.

La oscuridad se apoderaba de él. Aquellos ojos grises, que se ocultaban tan sus largos y desdeñosos cabellos, reflejaban la furia y la desesperación, pero también, si le mirabas de cerca, podías encontrar determinación y la seguridad. Algo en su interior le animaba a continuar.

En el horizonte se erigían los monolitos de lo que anteriormente fue la más hermosa de las ciudades. Las ruinas de aquel paraíso lo turbaron sobremanera. Observó desconcertado aquella luz que atravesaba los cielos desde el espacio, abriendo un enorme agujero que se extendía varios kilómetros sobre la ciudad. Aquella luz rojiza era emitida desde el centro de la ciudad y llegaba hasta donde la vista alzaba. Ese era su destino, allí es donde debía llegar, por el bien de los mundos. Por el bien de su propia alma.

No alcanzaba a comprender cómo había sucedido todo aquello: «¿Cómo habíamos invadido el espacio de los muertos?,¿Hasta donde era capaz de llegar nuestro ingenio para destruir y consumirnos a nosotros mismos en la guerra o la desidia?» Muchas preguntas invadían la mente de Alister pero sabía que allí por fin encontraría la respuesta que tanto él, cómo el resto de la galaxia, buscaban fervientemente.

A lo largo de la historia, el hombre había usado la tecnología con fines bélicos. Cada avance científico y tecnológico suponían también una superioridad social, cultural y política, que les conferían una ventaja en el campo de batalla. Por siglos el hombre se había jactado de ser el centro del universo y pesamos que eso acabaría al encontrar finalmente, otras especies en diferentes mundos. Pero ese deseo y actitudes que, pensamos eran únicas en los humanos, también eran compartido por todas las especies. Después de todo, era lo natural. Todo ser vivo respondía sus instintos, conjurando las leyes darwinianas de la supervivencia del más apto.

Un sonido familiar lo trajo de vuelta al presente. En la pantalla holográfica de su motocicleta, Bree, la hermana de Adán y su gran amor, le llamaba.

—Alí, he encontrado el punto de emisión del espectro para entrar al Umbral—Hizo una pausa. —Intenté comunicarme con Adán pero no responde a su comunicador, ¿Está contigo?

Alister sintió un nudo en la garganta.

—Bree, yo… Adán…

—No importa, es necesario que te apures, entré al centro de comunicaciones y estoy intentando piratear el sistema. Alister, ésto es el infierno. ¡Apresúrate! Cada segundo que paso aquí… no sé, yo… ¡Oh Dios! ¡Noooooooo…

La comunicación se interrumpió, Alister sintió como el terror invadía todo su cuerpo, había  perdido a Adán y ahora temía perder a Bree. Desesperado, activó la máxima velocidad, llevando su motocicleta al límite. El sonido alertó a los demonios que se encontraban en las cercanías y rápidamente acudieron en dirección a Alister a gran velocidad. Decenas de cruentos demonios salieron abruptamente de cada ruina y cada cueva a lo largo del camino con una sola razón: devorar lo que encontraran en el camino.

Aquellos seres espantosos, persiguieron a Alister varios Kilómetros antes de llegar a la ciudad. Sin detenerse y blandiendo su espada ante todo lo que se acercase, Alister había logrado birlarse varios demonios y por fin había llegado al centro de la nefasta ciudad, antiguamente conocida como la Capital del Cielo y que ahora era el punto de emisión del Umbral.

Apagó el motor, sintiendo como se helaba la sangre ante aquel sórdido paraje. El olor era nauseabundo, y aún podía escuchar gritos. Se decía que aquellos demonios devoraban a las personas vivas y cuidaban de que se mantuvieran vivas, devorándolas desde los pies hasta la cabeza pero que inyectaban una especie de anestésico que, aunque no mitigaba el dolor, impedía que las funciones cerebrales cesaran a través de una homeostasis entre las funciones neuronales del Demonio y de sus victimas; lo que probablemente harían sentir al demonio, el mismo dolor que sentía sus víctimas. Incluso podían invadir las maquinas siempre y cuando tuvieses la capacidad de moverse y siempre con la finalidad de causar dolor y devorar a todo ser viviente.

Al llegar al centro de comunicaciones, halló por fin el cuerpo de Bree. Yacía en el suelo con su arma empuñada y sus cabello largos y rojos cubrían su rostro. Alister no pudo contener las lágrimas pero su miedo se mitigó al observar que aún respiraba y que, aunque estaba mal herida, continuaba viva y sin profanar. La tomó en sus brazos y continuo su ascenso hacia el centro del Umbral donde se encontraba el Anillo. Bree había logrado detener la Luz que permitía guiar a los demonios a cambio de su propia homeostasis, pero el Umbral seguía activo y El Anillo seguía dominando las almas profanadas.

Logró llegar hasta El Anillo, dejó cuidadosamente a Bree a un lado. Comenzó a abrir los ojos, y Alister la observaba complacido. Ella lo miró sonriente y sus ojos se llenaron de lágrimas al observar el rostro entristecido y ensangrentado de Alister, ambos lo habían perdido todo y no tenían más que su amor para mantenerse con vida. Bree acarició el rostro de Alister y éste se aferró a su mano, rompiendo en llanto.

—Alister, sé que mi hermano está muerto, sé que tu lo asesinaste— Dijo Bree observándolo fijamente.

—Bree, yo lo…— Alister se sintió atribulado.

—Lo sé— le interrumpió Bree—Pero era tu deber, sé que se había dejando profanar. Lograste liberarlo.

Una voz siniestra irrumpió el lugar.

—Has logrado atravesar el infierno Alister. Lograste atravesar el velo y por fin llegaste hasta aquí, al Nido de las Almas-

Aquella voz le era familiar. Aunque no podía determinar de donde provenía, permaneció impávido. Había aceptado que, aún cuando lograse romper El Anillo, no había vuelta atrás. Bree no lograría sobrevivir y él no estaba dispuesto a vivir sin ella.

—He venido a detener éste infierno— dijo Alister.

—No puedes detenerlo, ¿Cómo podrías detener algo que pertenece a los dioses?

—Tú no eres Dios.— Replicó Alister.

Una forma con apariencia humana se formó en frente de Alister, poco a poco se fué transformando en la persona que Alister por tanto tiempo quería ver y que sin embargo, había aprendido a odiar. Era Friedrich Kroger.

—¿Dios? En toda las galaxias y todos los mundos de todas las dimensiones no hemos encontrado pruebas de la existencia de Dios, ni los mismos muertos nos hablan de un paraíso o de un infierno. Dios no existe Alister, es una creación humana. El hombre creó a Dios como una forma de representar aquello que no entendía, lo creó para tener una figura a la cual alabar. Ninguna otra especie habla de Dios como lo hacemos nosotros.

—¿Entonces tu harás que exista… convirtiéndote en él?— ¿Qué te da el derecho de atraer en contra de su voluntad, el alma de los muertos?

—Todas almas vienen a la vida en contra de su voluntad y mueren en contra de su voluntad. Cada vida que llega a este mundo, lo hace por obligación y lo abandona por obligación sin propósito o destino, yo sólo les permito regresar a éste mundo con un propósito verdadero, el de servir a sus hermanos y hermanas.

—Lo que has hecho es crear un infierno- respondió Alister.

—No lo entiendes Hijo, incluso tú debes morir. Pero no tiene que ser así.

Gritos desgarradores se escucharon en toda la sala, enormes demonios comenzaron a emerger de las sombras. La figura de su padre, pronto se transformó en un demonio antropomorfo, delgado y muy alto, con las cuencas de los ojos vacías y sus manos eran garras. Un aura oscura irradiaba por todo cuerpo y formaban dos pares de alas espectrales a su espalda. Alister observó horrorizado como su padre se transformaba en una fantasmagórica y espantosa figura demoníaca.

—¡Fuiste profanado!- determinó Alister.

—¡Fui trascendido!—replicó su padre.—Ahora soy  Haël que ha llegado a la Tierra. Ahora, yo te sembré en éste mundo en contra de tu voluntad, y ahora te arrancaré de él. Azrael cerrará un ojo por ti. Verteré tu alma a los ríos del infierno.

Alister y su padre se enfrentaron. Lucharon por largo tiempo. Las paredes temblaban, las gritos aturdidores de los demonios llegaban a cada rincón. Un verdadero aquelarre de demonios había dado inicio. Su padre no entendía como su propio hijo, siendo humano lograba mantener una lucha. En cada golpe que le atinaba, Alister respondía con uno igual.

La joven Bree, apenas consiente de lo que sucedía, abrió los ojos y logró observar horrorizada como los demonios la rodeaban. Alister blandía su espada contra aquella criatura demoníaca en una lucha incesante. Con sus últimas fuerzas logró levantarse y aprovechando que los demonios estaban entretenidos con la batalla, se dirigió hasta El Anillo.

—¿Cómo logras mantenerte en pie ante mí? Yo, que he sido transcendido a la última dimensión, que puede codearme con ángeles y demonios.

—No entiendes de que se trata La profanación de las almas, no se necesitaba una posesión directa de los demonios Padre. La profanación ocurre exponiendo el alma al dolor. En cada batalla vi morir a mis amigos y cada demonio me mostró el mismo infierno. Con mis propias manos, asesiné a mis amigos. Yo me convertí en un demonio al querer luchar contra ellos. Cada alma tiene dos emanaciones posibles, demoníaca o angelical. EL alma vibra hacia cualquiera de esos dos estados y según la polaridad, decide en que convertirse. Todo depende de hacia donde se incline la balanza.

—¿Hacia donde se inclina tu balanza?— le preguntó Haël con su voz de trueno.

El rostro y el cuerpo de Alister comenzaron a deformarse, transformándose parcialmente en un demonio similar a su padre. Garras tan largas como espadas, el cuerpo de Alister se transformó en una gran bestia con figura de león alado, tan negro como la noche. El rugido de aquella ensordecedor de aquella bestia retumbó en las ruinas de aquel pandemónium.

Freidrich lo observó maravillado. Riendo a carcajadas al comprender en lo que ambos se habían convertido.

—¡Bienvenido hijo mío! ¡He aquí que te muestro la fuente de vida eterna porque «el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna»!— declaró.

Pero Alister ya no reconocía bandos, la oscuridad en él era tan fuerte que ofuscaba cualquier razón. No reconocía ni a su padre ni a Bree. Todo lo que había en él, eran el deseo irrefrenable de desvastar todo a su paso. Con todas sus fuerzas Alister se abalanzó sobre Haël.

Mientras tanto, a varios metros de distancia, Bree había logrado llegar hasta El Anillo. Observó atónita aquella inmensa máquina con forma de aro que servía de portal y contención para las almas. Bree no paraba de sangrar y cada paso era tan doloroso que apenas podía permanecer consiente. Cuando entró en el sistema, los demonios olieron su sangre y la atacaron. Descargó una vez más su arma.

Los demonios padre e hijo luchaban ferozmente. Haël ordenó a los demonios que atacarán y todos ellos se unieron en un aquelarre de bestias sedientas de sangre. Cualquiera que hubiese sido testigo de aquel aterrador encuentro, había perdido inevitablemente la razón.

Cuando Bree logro abrir la consola, cientos de demonios se acercaban rápidamente a sus espaldas. Pero sólo bastó un segundo para que Bree, lograra emitir un pulso desde El Anillo y dispersar la energía del Umbral. Aquel pulso arrojó a los demonios del lugar con gran fuerza y Alister logró atravesar con sus garras el estómago de su padre .

El demonio Haël cayó de rodillas sosteniéndose de Alister. La  sangre de su padre rápidamente comenzó a esparcirse. El joven Alister, observando aquel sinnúmero de cadáveres, recobró por fin la razón. Con un grito aun más ensordecedor expresó todo su dolor de sentir como se había convertido en un asesino pero que al mismo tiempo, habían logrado por fin detener aquel jolgorio de emanaciones infernales. Todo había por fin terminado

—Ha llegado tu fin— le dijo Alister a su padre. Haël poco a poco regresaba a su antigua forma, recuperando sus ojos grises y entristecidos. Alister vió también su reflejo diabólico desvaneciéndose, recuperando las facciones de un joven lleno de vida. Taciturno, plató sus ojos café sobre su moribundo padre, que hacía esfuerzos por respirar.

—¿De verdad me has odiado tanto?— le preguntó.

—No. Siempre te he amado padre y sé que has pasado por mucho dolor- musitó. —Siempre te he amado pero he odiado en lo que te has convertido.

—Sólo quería traer el orden al caos. Cada especie del universo debe afrontar un ciclo de creación y destrucción para continuar. ¿Cómo reconocería el paraíso sin antes haber vivido el infierno? Toda la inventiva y el ingenio del ser humano está determinado por su instinto de sobrevivir. Una vez que ha logrado vencer los obstáculos entra en estado de reposo y al no encontrar algo que lo amenace, se convierte, inevitablemente, en la amenaza.

—¿Eso fué lo que pasó con los Seth?— preguntó Alister consternado

—Creímos que serían una amenaza. Que nos atacarían. Entonces atacamos nosotros y nos convertimos en la amenaza.

—¿Se equivocó El Anillo?

—No. No podía entenderlo y cuando pude hacerlo, era demasiado tarde. Los Seth querían evitar que usáramos la máquina y planeaban detenernos, entonces El Anillo nos hizo atacar a los Seth. Hijo, yo sólo quería probar la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma pero fallé, jamás encontré pruebas de la existencia de Dios. No sé si existe un paraíso o un infierno.

—Nosotros creamos el paraíso y el infierno padre, según nuestras acciones está donde nosotros estemos.

—Lo siento hijo. Perdóname.

Alister lloró sobre el cadáver de su padre pero desde El Anillo emergió un grito todavía mas aterrador. Alister volteó rápidamente, observando a Bree a un lado de las consolas. Al acercarse al Anillo, Alister escuchó el susurro de las almas, todas hablaban al unisono hasta que todas dijeron a coro:

—Tú, hombre de la tierra. Libranos de esta prisión.

Alister usó todas sus fuerzas y blandió su espada por última vez, la incrustó con gran violencia en El Anillo y todas las almas comenzaron a ser liberadas. El Umbral de Aqueronte había sido roto, una enorme energía fue liberada en un intenso pulso que barrió todo a su paso.


Esta no es toda la historia…la he pensado más compleja. Quizá deba escribir un libro aunque realmente he pensado que debería ser una novela gráfica. Solo que no se nada sobre como hacer una novela gráfica.

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6 am

Cada mañana, como si se tratase de una tarea programada,  despierto a las seis observando el techo plateado de mi habitación. Lo observo como si fuese un desconocido, como si despertara siempre en un lugar que jamás había visto. Me quedo largo rato observando todo tipo de formas,  rostros y figuras. A veces he llegado a pensar que espero encontrar la solución a las preguntas que me plateo a diario observando las sombras proyectadas desde la calle. Todo eso pasa los primeros treinta minutos de la  mañana. Es un dialogo silencioso entre el techo y yo.

Supongo que podría pasar un tiempo indefinido conversando con él, esperando que sonría y me responda: has enloquecido, pero el hecho de que lo haga sería en sí mismo, la locura. Porque aun no estoy loco, podría jurarlo. No estoy loco. No lo estoy, ¿Verdad?

Encanto y terror, el lenguaje de Edgar Allan Poe

Gracias a la Lic. Elideth Mendoza por éste análisis. A través de la pagina http://www.coffeeandsaturday.com nos reseña la característica literatura de terror del que hoy se conoce como el padre de la Literatura policíaca, el maestro Edgar Allan Poe, que más tarde daría nacimiento a la novela negra. Éste escritor, que no pudo gozar de su fama durante la vida ha influenciado la literatura de manera increíble, tanto que el propio Lovecraft, otro genio del terror y de la literatura fantastica, lo cita como fuente de inspiración y una eminencia en sus relatos.


“Si se trata de algo que requiere reflexión – observó Dupin, absteniéndose de dar fuego a la mecha – será mejor examinarlo en la oscuridad.”

E. A. Poe en “La carta robada”

Narraciones extraordinarias es lo que se encuentra en cada escrito de Allan Poe, uno de los más grandes en la historia de la literatura, poeta, maestro del terror, escritor de relatos detectivescos y cuentos de ciencia y ficción. Edgar Allan Poe nace en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809, y muere a los 40 años el 7 de octubre de 1849 en Baltimore. Su muerte está rodeada por el misterio, teniendo un gran número de supuestos engrandeciendo y rindiendo tributo a quien supo plasmar en sus escritos el terror y el acercamiento a la muerte como nunca antes se había hecho.

Cuando se escribe, un autor describe no solo a los personajes, lugares y elementos de su obra, también se describe inherentemente en cada palabra que elige para enfrentarse con la muerte,  con esa violencia necesaria que implica escribir y desprenderse de su escrito para dar paso al sinfín de lecturas que con los años su obra tendrá, pues son los lectores quienes reconocerán lo sublime de un texto y la grandeza del autor. En el caso de Allan Poe, es innegable su trascendencia, ya que su técnica ha sido influencia para otros grandes de la literatura como Baudelaire, Borges y Cortázar por su habilidad para desarrollar el relato corto y la intensidad que proyecta en cada historia.

Es considerado el padre de la novela policiaca, por sus cuentos analíticos y de misterio. La figura del escritor, tanto como su obra, marcó profundamente la literatura de su país, a su vez ejerció gran influencia en la literatura francesa y en promover la generación artística y estética de una gran variedad de disciplinas creativas. El de terror fue un género que adoptó para satisfacer los gustos del público, su grandeza proviene principalmente de su genio puramente literario, pero también de su maestría en la definición de los estados de ánimo, así como de las transiciones entre los mismos y de sus posibles significados e implicaciones, todo lo cual logra encuadrarlo en estructuras perfectas. En sus cuentos más declaradamente macabros aparecen en ocasiones elementos de la ciencia-ficción, por otro lado, su habilidad no se encasilló en un solo género, desarrollando poemas en prosa, ensayos, críticas y sátiras, con la misma calidad y desenvoltura que muestra en el relato corto policiaco y de terror.

Edgar Allan Poe y su manera tan mágica y detallada de escribir y describir el escenario perfecto para el desarrollo de un cuento, permite sumergirse en el mundo de la imaginación, en su lectura, en el más sublime aroma de cualquier lugar al cual invita a penetrar en el preciso instante en que te sumerges en su mundo.

Los personajes creados por Poe se destacan por ser únicos, por desnudarse conforme avanza el relato,  como lo hace Dupin en cada historia, posicionándose con sus reflexiones como un detective cada vez más inteligente, pero Poe no sólo crea al detective perfecto, también al asesino nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso,  al que utiliza para preguntar: ¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos?, y está en la agudeza de los sentidos meditar ante la oscilación del péndulo, escuchar la sentencia de un cuervo, reconocer la presencia de la Muerte Roja, sorprenderse ante la amnesia de Egaeus y los dientes de Berenice.

Allan Poe escribió alrededor de sesenta cuentos, además de una serie de poemas, aunque a este género no le dedicó el tiempo que hubiera deseado, además de considerar que los cuentos permiten una lectura sin interrupciones críticas y por tanto la unidad de efectos que resulta imposible en la novela. Sigue leyendo